Puerto soledad (Primer combate.La marginación.1era parte)

 





PRIMER COMBATE

 

Tiempo…

Arquitecto de horas doradas y de vuelo de lágrimas,

 deja la guerra para otro tiempo que no es el tuyo,

alumbra…

Cobija tus párpados en la prisión de tu encierro:

trae la sabiduría de la lucha,

lleva el grito inesperado de la herida

 y camina muy despacio…

para que podamos seguir viviendo.



 

LA MARGINACION

  

¿Tranquilidad de una vida absurda o delirio de un olvidado?

Emilio no podía volver a nacer pero estaba a punto de abandonar un terreno que lo llevaba por un túnel de víctimas, mojado con los pies hinchados, soportando la tristeza como un ser que se escapaba de la corrupción. Sabía que tendría dificultades para sentirse vivo en un círculo demasiado indiferente pero gritaba con toda la voz sin rendir cuentas:

‒¿Dónde estoy?¿Quiero seguir?

Esas preguntas retóricas no esperaban contestación porque no estaban dirigidas a nadie en particular; eran sólo el retorno, sin pausa y sin límite, a los días de retiro en un absurdo cielo sepultado bajo la tierra.

Los espectros de sus amigos con las piernas amputadas hablaban dentro de sí mismo; esas verdades aumentaban más la angustia que era tan grande y venía cargada de una época que no entendía de cobardías.

Emilio vegetaba de a ratos; tejía una tela de relatos sin fin y veía, en la calma después de aquella tempestad, a un oficial arrancándose las insignias para pasar por soldado y no ser prisionero. El horror se mezclaba con el estupor en un espacio residual, bajo las estrellas y frente a un mar enemigo. Él buscaba risas, emociones y oxígeno en la paz de la siesta para conformarse y ver un destino límpido. Hubiera querido enfrentar a los hombres que lo llevaron a las sombras, identificar sus escudos e insultarlos hasta caer rendido pero su apatía lo expulsaba de la batalla y lo dejaba casi sin razonamiento, libre de pecado, como una cruz en la soledad del sur, desnudo…

Su mirada no respondía a los interrogantes de quienes compartían su presencia díscola de militar sin graduación inmerso en un pasado de cadáveres. Se dormía para no llorar, tiritaba abrumado por las pesadillas pero sabía que debía continuar: resistir la obligada disputa de la supervivencia. Él era frágil pero inteligente, dueño de los secretos que le daban miedo y de una tristeza que le quitaba fuerzas.

El vacío del alma suele ser más cruel que todas las batallas.

El soldado en el escritorio-biblioteca comenzó a ver, a través de una niebla, un futuro que podría llegar a ser posible y que, tal vez, cambiaría su vida: la verdadera guerra.

 


Emilio Torres terminó de leer La Muralla China. Franz Kafka fue un autor de obras extrañas por la profundidad de sus ideas. Escribió para defenderse de sí mismo, encerrado en un presente visiblemente real de personajes que hablaban por la inhumana lucidez del pensamiento. Sus obras representan, en términos surrealistas, los terrores y frustraciones de la vida moderna que abruman a las personas atormentadas.

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