El auto viejo





A mi padre le gustaban los autos antiguos.
Había adquirido un Ford T modelo 1935.

De alguna manera, me obligaba a partir hacia aquel campo
desierto, donde habitaban
los enigmas de la vida.


Antes de doblar, en una esquina,
había una estancia.
Dicen que allí peleaban los propietarios de la antigua casona
con los indios del lugar
en el siglo XIX.
La vivienda encerraba misterios
que yo imaginaba:
gritos en los sótanos;
en los torreones estaban los cañones
mirando al Este.


Mis padres estaban felices
recorriendo aquellas hectáreas que eran su sustento.
Viajaban con la alegría a flor de piel
y ese amor por la tierra
que tuvieron siempre.




Mi padre tenía un auto viejo que adoraba...
De niña,
me llevaba con mi mamá
a un campo de su propiedad que quedaba a unos 40 km
del pueblo.
Yo veía las tierras aradas,
las lechuzas sobre los postes de alambrados,
las bandadas de pájaros...
Cantaba mucho cuando regresábamos
por aquellos caminos
poblados de trinos, de polvo de estrellas,
de almas...

Más adelante,
ya no quise subir a ese aparato grotesco,
me daba sueño.

Luján Fraix

Jardín Kawachi Fuji en Japón





Podría tratarse de una obra de Monet, pero no: son postales del JARDIN KAWACHI FUJI en Japón, uno de los sitios más bellos para visitar en el país oriental.

Su cuidado diseño paisajístico y las miles de variedades de flores que atesora lo hacen muy particular y regalan rincones que parecen sacados de un cuadro.

El más famoso es el TÚNEL DE WISTERIA, un pasadizo por el que cuelgan glicinas de distintas tonalidades, pasando por el morado, el lila, el rosa pálido y el blanco.


Para ser testigo de este perfecto arcoiris de flores colgantes,
los mejores meses son abril y mayo.




Noruega: iglesias de madera





Las iglesias de madera son típicas de todo el territorio noruego.
Levantadas durante la edad media,
se las llama STAVEKIRKE.


Allí, la construcción en ese material es usual desde la época en la que los vikingos hacían sus embarcaciones con troncos y tablones. La madera no cumple solamente una función de sostén, sino también decorativa.

Las puertas y las paredes del interior de estas construcciones tienen figuras talladas a mano, vinculadas tanto al cristianismo como a rituales vikingos. 


Una de las más famosas y visitadas
es la de HEDDAL STAVE CHURCH, en TELEMARK.



El hada que no podía volar


Rebecca Dautremer


Había una vez, un lugar especial donde habitaban todos los seres mágicos del mundo. Desde horribles ogros hasta elfos de oreja puntiaguda. Por supuesto, las hadas también vivían en aquel lugar, donde reinaba la paz y la armonía.
Entre las hadas, existía una muy pequeña y de blancos cabellos que, a diferencia de sus hermanas, no podía volar, pues había nacido sin alas. Inés, como se llamaba la pequeña, había crecido con mucha tristeza al ver como el resto de las hadas se alzaban hasta el cielo y reían de placer volando entre las ramas de los árboles y empinándose hasta las nubes.
Sin embargo, como sólo podía caminar, poco a poco se hizo de grandes amigos que no habitan en las alturas, como las ranas y los conejos, y estos le enseñaron todos los escondrijos y pasadizos secretos de aquella tierra mágica.
Un buen día, mientras transcurría una hermosa mañana llena de tranquilidad, los humanos irrumpieron de la nada con espadas y con odio, y sembraron el caos entre todos los habitantes mágicos del lugar. Las hadas, desesperadas, corrieron para salvar sus vidas, pero los hombres más altos lograban capturarlas y encerrarlas en sus jaulas.
En ese momento, la pequeña Inés corrió al encuentro de sus hermanas y les indicó la entrada a un túnel secreto por donde podrían escapar de los humanos. Sin embargo, el túnel era tan pequeño, que las hadas no podían entrar con sus alas enormes. Algunas se negaron rotundamente, pero la mayoría quebraron sus alas y escaparon junto a Inés para ponerse a salvo. Luego agradecieron a la valerosa Inés por haberlas salvado y jamás volvieron a menospreciarla.

Anónimo

El poder de la luna


 Amanda Clark


Desde tiempos ancestrales,
el poder de la luna 
fue invocada en los rituales
femeninos de sanación.
La luna 
es el principio original femenino,
claro, sensitivo, intuitivo, circular,
ligado a la naturaleza y lo natural
en todos sus procesos.
Bajo su dominio
se encuentra todo lo relacionado
con la fertilidad, el parto y la concepción,
el movimiento de las mareas,
el crecimiento de las plantas.

En los Andes,
la diosa de la luna
era llamada en voz quechua "Quilla Mama",
guardiana y protectora
del aspecto femenino.
Las llamadas sacerdotisas
o guardianas eran las grandes sanadoras 
y mujeres sabias.
Las niñas en los círculos y rituales 
de sanación aprendían de las abuelas sabias
quienes a través del poder de la luna
le transmitían los secretos de las plantas,
la medicina, la fuerza de lo invisible
y el poder de la intuición.

Gritos de libertad






La inspiración de mi bisabuela comenzó a nacer
en mi cuerpo menudo
que pedía a gritos libertad
aunque solamente necesitaba papel y lápiz.

Comencé a escribir mis primeros cuentos de hadas a los 8 años.
Había leído mucho y soñaba...
Vivía en una quimera total en la que mezclaba dragones con príncipes
y doncellas ocultas en una flor,
castillos con puentes levadizos y cocodrilos al acecho,
fantasmas en torreones y brujitas peleadoras,
leyendas y madrinas buenas,
hechiceras de narices largas 
y brebajes olorosos...
¡Cómo podía hacer para no imaginar tanto!



Mamá estaba ocupada y me dejaba sola en la habitación.
Confeccionaba títeres y hablaba con las muñecas
que se sacrificaban a mis continuos baños, costuras 
y cortes de pelo...
Luego me iba con mi "clan" de nueve amigas
y no volvía hasta la noche
porque nos entreteníamos con los juegos de teatro,
construyendo carpas de indios con comida incluida,
organizábamos comparsas vestidas con tules y lentejuelas
y, ya cansadas,
veíamos por la televisión
una novela que se llamaba
"Amar al Ladrón".



Me gustaba estar en la calle, parecía ser muy sociable;
sin embargo,
jamás festejaba el cumpleaños 
y si me invitaban a asistir a alguno me encaprichaba
porque me daba vergüenza encontrarme con chicos
que no fueran mis amigos.
Quería ir a lugares serios,
sin bulla ni risas,
aunque con mis compañeras era lo que se llama
"lider", porque ellas no hacían nada
sin mi consentimiento.


Yo no las obligaba,
ellas me seguían...

Luján Fraix

Tertulias de la abuela: mi amiga Alicia




Obras de Louis Jambor


Estas imágenes me recuerdan
a mis paseos en el río
cuando en la adolescencia con mi amiga Alicia
nos escapábamos a buscar hinojos
para el conejo...


...luego nos sentábamos en el piano
y tocábamos "Para Elisa".

Yo la acompañaba 
porque era ella la que sabía entonar
tan dulce melodía.


Mientras tomábamos un rico té
que nos servía la mamá Gladys
que era muy dulce


y se preocupaba por nosotras
que parecíamos infantes;
nos reíamos mucho y disfrutábamos de la vida


sin pensar mucho en las obligaciones escolares
y en el tiempo
que borra los días en un soplo.


Después nos encerrábamos en el cuarto
a hablar de amores,
de vestidos, de zapatos
de la próxima salida...


mientras yo escuchaba 
aquellas historias de amores no correspondidos
que Alicia solía contarme
como si fuera su psicóloga.

Es que siempre fui la amiga 
que daba un consejo, que se quedaba horas escuchando
los problemas de otros,
que trataba de dar una palabra,
de ayudar...

como si yo hubiera tenido una vida resuelta "color de rosa".

Tal vez daba esa imagen...



Ella finalmente me acompañaba dos cuadras
hasta mi casa,
nos deteníamos en una esquina
y nos quedábamos riendo hasta la noche.

Te recuerdo siempre con inmenso cariño
Alicia!!!


***

Amigo
Enséñame a ser,
comprende lo que quiero decir,
sé mi poesía,
mi vértigo,
el bálsamo necesario.

Amigo,
enséñame a dar.
No me dejes sola!
hazme sonreír.

Luján Fraix


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