El afecto de los abuelos



Los niños necesitan de la compañía y afecto de los abuelos. Privarlos de ello, acotar sus tiempos o menoscabar su importancia, es despojar a unos y otros de alegrías, valores y aprendizajes que no solamente enriquecerán sus vidas, sino que además ayudarán a los padres a completar su educación.

A veces, solamente se tiene en cuenta a las suegras ante la necesidad de que se hagan cargo de nuestros hijos/as cuando urgen situaciones laborales o de otro tipo. Incluso se suele solicitar su ayuda sin consultar sus propios horarios, necesidades o compromisos previos. Sin embargo, en tales casos difícilmente se recibe una negativa por respuesta.

Los abuelos/as-que además cumplen el rol de suegras/os- poseen conocimientos para ofrecer a sus nietos, que son distintos que los que entregan madres o padres. Hay que respetar los tiempos y espacios de funciones diferentes y complementarias para la creación una convivencia saludable y satisfactoria.

Pinocho





Había una vez un artesano llamado Geppetto que quería hacer una marioneta de madera y empezó a tallarlo. De repente, escuchó gemidos...

-¡Ayy!. Eso me dolió.
Pero Geppetto siguió y cuando terminó, la marioneta se movía y hablaba.
Estaba tan contento que lo adoptó como hijo y lo llamó Pinocho. Le compró un cuaderno y lápices y le dio unas monedas. Pinocho tenía mucho que aprender...

Camino a la escuela, Pinocho iba jugando con esas monedas cuando se cruzó con un gato y un zorro que le dijeron:
-¿Estudiar?...¿Para qué? con esas monedas te harías rico...Si las plantas aquí mañana crecerá un árbol con cientos de monedas de oro-aseguró el astuto zorro.

Pinocho nada sabía de engaños y se olvidó de la escuelo e hizo como le indicaron... y claro, al día siguiente... ¡Qué gran desilusión para Pinocho!. No había ningún árbol ni estaban sus monedas. Esos sinvergüenzas las habían robado. Tanto lloró que el hada azul se acercó a consolarlo.


-¿Qué te ha pasado Pinocho?.
-¡Nada! ¡No fui a la escuela porque me dolía la pancita!-mintió con vergüenza mientras su nariz crecía y crecía.
-Mentira, mentirita. ¿Eh?-dijo el hada riendo- Te ayudaré por ser bueno y no volverás a mentir. Así, gracias al hada, Pinocho recuperó su nariz original.

Pero cuando ella se fue, unos chicos lo invitaron a ir al país de los juguetes.
-¡Sube!... ¡Vamos a jugar sin parar!
Pinocho se fue con ellos y jugó mucho. ¡Qué divertido!. Sin embargo, cuando supo que allí todos los nenes que no estudiaban se volvían burros y se los vendía, salió corriendo desesperado.

Hasta que al borde de unas rocas cayó al mar. ¡Pobrecito!. Recién entonces notó esas largas orejas de burro que tenía y ahí sí..., pidió ayuda arrepentido.
-Perdón, hada azul, quiero volver con mi papito.. quiero estudiar...
-Tendrás otra oportunidad-dijo el hada y desapareció.
De repente, Pinocho se sintió arrastrado junto a varios peces mientras volvía a ser de madera otra vez.


Una enorme ballena lo había atrapado y ya estaba adentro del animal.
-¿Tú, papá?-¡Qué felicidad!-exclamó Pinocho al encontrar a Geppetto. Él con su bote y todo, también habían sido tragados.
-¿Dónde estabas?. Te busqué por todas partes, hasta en el mar.
Pinocho le contó todo.
-¿Me perdonas papá?.
-¡Perdóname tú... no debí dejarte solo!-dijo Geppetto.

Ahora lo importante era escapar. Esperaron a que la ballena abriera su bocaza y finalmente salieron expulsados. Ya afuera, montaron sobre un delfín que nadaba junto a ellos y, sobre su lomo, se arrimaron a la costa para regresar a casa.
¡Qué rico chocolate preparó Geppetto! y... ¡Qué bien se estaba cerca del fuego, juntos!, después de tantas penas. Esta vez el hada azul apareció sin que la llamaran:
-Pinocho, eres sincero y bueno, te premiaré-dijo mientras lo tocaba con su varita mágica. El muñeco de madera era ahora un niño de verdad. Pinocho no volvió a mentir y padre e hijo vivieron felices.



Nariz larga, nariz corta...
Le crece más al que mal se porta.

Carlo Collodi (1826-1890)
Cuento de 1882


Todas las horas





Obras de Jessie Willcox Smith

"Las hojas verdes
en las baldosas rojas
infancia pura"




La niña está sola.
El piso del cuarto es de mosaicos grises.
A un lado de la cama, hay un velador con flores
y un banquito de madera,
al otro una muñeca triste.
Escucha las campanas de la iglesia y 
el murmullo de las monjitas, recuerda su cuento
preferido "El Gallito Crestita".
Sonríe... Es feliz.




De pronto, crece y su vida se llena de juegos
y de gente,
sus manos abrigan fábulas, gatos y rosas.
Siente una inspiración de duende
que ronda en su alma donde nace el agua
de todos sus llantos, la inocencia madura de sus ojos negros, 
las huellas que dejan Alfonsina,
Quiroga y Juan Ramón Jiménez...
Mark Twain aparece después
en la piel de "Príncipe y Mendigo"
cuando las horas se exilian entre los muñecas
y los gorriones picotean las cerezas rojas.




Duermen en los libros Mariano Moreno
y Magallanes
mientras eleva su voz el Himno Nacional
en las mañanas de esos inviernos
con banderas, hojas muertas 
y silencio de capilla.
Habita el "Martín Fierro" en su mesa de luz 
y las sombras de Sherlock Holmes
y Agatha Christie.
La niña crece.
Siente los años como siglos
y la muchedumbre golpear a la puerta.




Forma secuencias de momentos ficticios
con sueños que ama y que no puede concretar;
traza el mapa de un camino árido 
dejando detrás a Nerón y su locura,
a la reina Isabel I,
a los viajes al campo 
y a su metrópoli de símbolos...
Está quieta en su laberinto de ilusiones salvajes
cuando las águilas la acosan
y transforman su sonrisa en eterna melancolía.
Percibe una sensación de desconsuelo 
sobre el umbral de la adolescencia.




Lentas carretas cruzan los caminos bajo el sol que quema;
la joven sube y se aleja...,
la acompañan los héroes de sus libros:
Aureliano Buendía (Cien años de soledad),
Eva Luna,
Catherine Earshaw (Cumbres Borrascosas)...

Ya es grande.
Junto a la nieve y al enigma de la felicidad soñada
escribe historias con aplausos
mientras sus ojos húmedos
intentan borrar las palabras.
La niña de mirada sin tiempo
detiene las agujas del reloj
y se va de la habitación rosa,
no quiere imaginar más
porque su cuento la hace llorar.

Luján Fraix 
Cuento de 1995



Texto publicado
en el diario "La Prensa". Buenos Aires.
Premiado
en el concurso de cuentos  A.D.E.A

Peter Pan




Wendy, Michael y John eran tres hermanos que vivían en las afueras de Londres. Wendy, la mayor, había contagiado a sus hermanitos su admiración por Peter Pan. Todas las noches les contaba a sus hermanos las aventuras de Peter.

Una noche, cuando ya casi dormían, vieron una lucecita moverse por la habitación.
Era Campanilla, el hada que acompañaba siempre a Peter Pan, y el mismísimo Peter. Éste les propuso viajar con él y con Campanilla al País de Nunca Jamás, donde vivían los Niños Perdidos...
- Campanilla os ayudará. Basta con que os eche un poco de polvo mágico para que podáis volar.

Cuando ya se encontraban cerca del País de Nunca Jamás, Peter les señaló:
- Es el barco del Capitán Garfio. Tened mucho cuidado con él. Hace tiempo un cocodrilo le devoró la mano y se tragó hasta el reloj. ¡Qué nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un tic-tac!
Campanilla se sintió celosa de las atenciones que su amigo tenía para con Wendy, así que, adelantándose, les dijo a los Niños Perdidos que debían disparar una flecha a un gran pájaro que se acercaba con Peter Pan. La pobre Wendy cayó al suelo, pero, por fortuna, la flecha no había penetrado en su cuerpo y enseguida se recuperó del golpe.



Wendy cuidaba de todos aquellos niños sin madre y, también, claro está de sus hermanitos y del propio Peter Pan. Procuraban no tropezarse con los terribles piratas, pero éstos, que ya habían tenido noticias de su llegada al País de Nunca Jamás, organizaron una emboscada y se llevaron prisioneros a Wendy, a Michael y a John.

Para que Peter no pudiera rescatarles, el Capitán Garfio decidió envenenarle, contando para ello con la ayuda de Campanilla, hada quien deseaba vengarse del cariño que Peter sentía hacia Wendy. Garfio aprovechó el momento en que Peter se había dormido para verter en su vaso unas gotas de un poderosísimo veneno.

Cuando Peter Pan se despertó y se disponía a beber el agua, Campanilla, arrepentida de lo que había hecho, se lanzó contra el vaso, aunque no pudo evitar que la salpicaran unas cuantas gotas del veneno, una cantidad suficiente para matar a un ser tan diminuto como ella. Una sola cosa podía salvarla: que todos los niños creyeran en las hadas y en el poder de la fantasía. Y así es como, gracias a los niños, Campanilla se salvó.




Mientras tanto, nuestros amiguitos seguían en poder de los piratas. Ya estaban a punto de ser lanzados por la borda con los brazos atados a la espalda. Parecía que nada podía salvarles, cuando de repente, oyeron una voz:
- ¡Eh, Capitán Garfio, eres un cobarde! ¡A ver si te atreves conmigo!

Era Peter Pan que, alertado por Campanilla, había llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una muerte cierta. Comenzaron a luchar. De pronto, un tic-tac muy conocido por Garfio hizo que éste se estremeciera de horror. El cocodrilo estaba allí y, del susto, el Capitán Garfio dio un traspié y cayó al mar. Es muy posible que todavía hoy, si viajáis por el mar, podáis ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, perseguido por el infatigable cocodrilo.

El resto de los piratas no tardó en seguir el camino de su capitán y todos acabaron dándose un saludable baño de agua salada entre las risas de Peter Pan y de los demás niños.

Ya era hora de volver al hogar. Peter intentó convencer a sus amigos para que se quedaran con él en el País de Nunca Jamás, pero los tres niños echaban de menos a sus padres y deseaban volver, así que Peter les llevó de nuevo a su casa.



- ¡Quédate con nosotros! -pidieron los niños.
- ¡Volved conmigo a mi país! -les rogó Peter Pan-. No os hagáis mayores nunca. Aunque crezcáis, no perdáis nunca vuestra fantasía ni vuestra imaginación. De ese modo seguiremos siempre juntos.
- ¡Prometido! -gritaron los tres niños mientras agitaban sus manos diciendo adiós.


 James Matthew Barrie

Peter Pan nombre ficticio que creó su autor para una obra de teatro estrenada en 1904 en Londres. Se convirtió en libro para niños en 1911.

Catrin Welz-Stein


 ILUSIONES MÁGICAS


Prisma de sueños
pétalos en las alas
este milagro


Cantar de niño
jugar, reír, soñar
felicidad


Déjame ser
mi corazón te pide
sólo la paz


Pincel y magia
primavera feliz
ya falta poco


Ángeles y niños
perpetuando la vida
desde el amor


Brilla una estrella
en la cima del cielo
es mi mamá


Amor de un día
en su fugaz destello
alma vacía

Luján 2014


Catrin es una artista alemana
que vive en Suiza y que realiza este tipo de ilustraciones surrealistas.
Me encanta este estilo de arte
entre ingenuo y mágico.

El haiku (poesía tradicional japonesa)
 lo aprendí a escribir en el taller de Literatura,
de la mano de Mario Benedetti.


El sueño...


Obras de Katherina Shtanko


En una tarde muy lluviosa decidí leer un libro.
La narración comenzaba de esta manera:


Un caballero vagaba por la ciudad desierta 
buscando un rostro bello
muchas veces contemplado en sus sueños
pero jamás visto.
Un día,
al dar vuelta la esquina,
contempló mientras cabalgaba
a la princesa de sus sueños
que esta hilando 
en la ventana de un castillo en ruinas.


Fue entonces cuando se enteró
que ella tenía que hilar con el fin de comprar su libertad.
Fue al castillo,
golpeó la puerta y vio algo que lo dejó frío,
algo que heló las sangre en sus venas...


Apareció una figura vestida de blanco
con un velo sobre el rostro
por donde asomaban un par de ojos espantosos.
Sostenía una vela su mano 
huesuda y larga
capaz de atrapar a cualquier intruso.
Lo condujo por una galería tan oscura
como una tumba
en donde se hallaban estatuas pequeñas
y reinaba un silencio mortal.
Lo llevó a una gran celda y lo encerró...
Allí estuvo durante muchos años
y cuando pudo escapar,
la hermosa princesa había comprado su libertad
a fuerza de hilar
y se había marchado para casarse.

Luján 1971



Este cuento lo escribí cuando era muy chica...
A los 8 años aproximadamente...

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