viernes, 22 de septiembre de 2023
La Liberación. Hermanas Brontë
sábado, 7 de enero de 2023
Se puede ser libre dentro de cuatro paredes...
EMILY, ANNE Y CHARLOTTE BRONTË
-1855-
BIOGRAFÍA NOVELADA
domingo, 30 de octubre de 2022
La Liberación. (Cap 2-Patrick Brontë 2da parte)
−¿Y sus abuelos?
Eran
granjeros irlandeses. A mi padre no le gustaba el trabajo de campo y por eso se
independizó, estudió en Cambridge y luego, a los veintinueve años, ingresó en
el clero anglicano. Él era demasiado severo y obstinado. Le gustaba también la
poesía y escribía en los ratos libres.
−¿Tiene
libros editados?
Fue
autor de “Cottage Poems” en 1811 y “The rural Minstrel” en 1814, también
escribió para periódicos y folletos. Los poemas pastorales eran los que más le
gustaban.
−¿Y
su carácter? ¿Tengo entendido que era demasiado austero?
Muy
inflexible, hipocondríaco y misántropo. Hablaba sobre el Apocalipsis y por eso
estaba lleno de manías. Le daba mucho miedo el fuego. La rectoría no tenía
alfombras ni cortinas y siempre había baldes de agua disponibles. Le gustaban
las armas y llevaba unas pistolas cargadas que disparaba todas las mañanas
contra la torre de la iglesia.
−¿La
gente no le temía?
Más
o menos porque nos amaba y era abierto,
inteligente y generoso. Fue él quien se encargó de nuestra educación; nos
compraba libros, juguetes, nos impulsaba a leer y a escribir, a soñar con un
mundo mejor.
−Pero
era excéntrico…
−Y
sí, así podía ver la vida. Cada persona lleva un mundo dentro y hace de él su
cueva, su refugio, el altar… Lo respeta y lo cuida como el bien más preciado
porque es parte de su identidad, del ser mismo. Y no permite que lo invadan con
asuntos triviales o ajenos.
−¿Y
físicamente?
−Alto,
guapo, pelirrojo, con ojos azules.
−Debió
ser muy atractivo –comentó Sallie.
−El
hecho de ser religioso y de escribir poemas y prosa didáctica lo convertía en
un personaje peculiar que lo alejaba de la gente por su rectitud y
autoritarismo. Yo lo recuerdo así, algo disperso. Pensando siempre en nuestro
hermano varón Branwell. A él le daba dinero, lo poco que tenía para que pudiera
estudiar. Nosotras, las mujeres, pasábamos por muchos estados de angustia y
soledad, por el desamparo. Es que la mujer era relegada a último lugar.
−¡Qué
injusto!
−No
importaba ni importa lo justo. Entiendes por qué te explico lo del seudónimo.
El varón es aceptado, la mujer no. No interesa si tiene talento o si se
esfuerza demasiado. En esta época la mujer no vale nada.
−Pero
todo va a cambiar…
−Esperemos
que así sea por el bien de muchos, aunque yo no lo veré. Ahora regresa a tu
casa. Por hoy es suficiente. Vuelve, si quieres, mañana. A la misma hora. ¿Te
parece?
−Claro
–respondió Sallie encantada.
Charlotte
subió las escaleras y desapareció por los aposentos, por detrás de una enorme
caja de roble cerca del alféizar de la ventana donde se hallaban apoyados
varios libros polvorientos.
“Me
extraña su manera de alejarse, pero cuando vuelve lo hace cargada de luz. Luego
se va apagando como las estrellas con el alba, igual que una vela. Tiene mucho
para dar, pero se la ve agotada, a medio camino, maternal y fría. Sin dudas,
abraza las nostalgias como podría amar a un niño, con la calidez y la ausencia,
con la palabra y su silencio. Así es ella, la que permanece, la que por obra de
Dios se ha quedado de este lado del camino para ser testigo y muestra de la
perpetuidad del talento. Le preguntaré quién era Tabby y cómo los trataba… Me
inquieta ese nombre y sus misterios. Lo que les dejó como legado y la sabiduría
donde escondía las lágrimas cuando todo no marchaba como quería. Tal vez, no
podía dejar de sostener a esa familia que poco a poco se derrumbaba”, pensó
Sallie llena de preguntas retóricas y con el deseo de que las horas pasaran con
la rapidez de los huracanes para volver a encender el fuego de los interrogantes.
−Y los sermones –murmuró la escritora principiante.
De
haberlos escuchado se hubiera escapado para caer por esas ciénagas, esperando
desaparecer lo más rápido posible. El ser humano tiene sus debilidades y
Patrick era un hombre obsesivo, un clérigo irlandés, que se bebía sus propias
oraciones con la solemnidad de los párrocos adustos.
¡Cuánta
rigidez y formalidad!
Tal
vez, escondía inseguridad y desasosiego, miedo a ser atrapado en esas criptas
antiguas dentro de iglesias prehistóricas. Así era el padre de las hermanas
Brontë: un ser que prefería al hijo varón y que dejaba de lado a sus hijas
porque eran mujeres. Un hombre encerrado en sus manías para sobrevivir en medio
de sus propios peligros, los que no podía manejar, los que lo amarraban sin
descanso a sus leyes antagónicas.
Ser
hijas de un clérigo significaba ir por un camino aciago, sobre todo si ese
padre era pobre y arrastraba hondas preocupaciones sin futuro.
Patrick
Brontë ya era una leyenda, pero Sallie lo traía para revivir cada gesto y para
llevarlo a lo más alto.
La sabiduría del
encuentro lleva mensajes y enseñanzas. Es belleza.
*
sábado, 22 de octubre de 2022
La Liberación (Cap 2-Patrick Brontë. 1era parte)
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| Páramos |
2-PATRICK BRONTË
Las
hijas de un clérigo…
Sallie
llegó al páramo al otro día con tenue rayo de sol entre las nubes. No podía
creerlo todavía. Katherine la hizo pasar a un escritorio con paredes oscuras y
forradas de libros. Colecciones que Charlotte había heredado. Se sentó delante
de la ventana y el brillo le dio luz al entendimiento. Ese refugio era la vida
misma y la soledad de una mujer que ya no tenía a nadie. Había sobrevivido a
las enfermedades de sus hermanas con estoicismo. Era evidente, que se había
casado para no quedarse sola.
−Llegas
oportunamente –dijo Charlotte acercándose a la silla del escritorio−. Acabo de
ir a recoger manzanas que trajo mi esposo y el viento me llegó hasta los
huesos. Me gusta ver las palomas y escuchar sus charlas.
A
Sallie ese comentario le pareció inocente, de niña, tan tierno, pero a la vez
nostálgico igual que su sonrisa débil. Tal vez, no lo fuera pero lo aparentaba.
Se la notaba decaída y frágil.
−Empecemos…
−¿Por
qué Haworth?
−Lo
decidió mi padre cuando éramos niñas. Este páramo al norte de Inglaterra es
propiamente un claustro. Su paisaje áspero y desierto es el mismo que mi
hermana Emily enmarcó en la vida de Cathy y de Heathcliff; una vieja casona de
piedra sobre un terreno pedregoso, pasto sin vida, barrido por el viento y el
silencio abrumador de los días con poca luz. Recuerdo que encendíamos las
bujías para coser o leer y hasta para escribir. Nos abrigábamos mutuamente. No
había otra cosa, más que sobrevivir. Y así nos refugiábamos en la escritura
como si fuera el aire que necesitábamos para respirar un día más. La existencia
parecía larga, interminable, pero no lo era y nos sorprendió…
−¿Y su padre?
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| Charlotte |
Mi
padre, Patrick Brontë, fue a la escuela hasta los dieciséis años para financiar
sus estudios. Luego fundó un colegio público y trabajó como preceptor. Con sus
ahorros ingresó en la universidad de St John´s College, Cambridge. Por su
origen irlandés del sur y por ser una persona humilde, lo lógico era que
asistiera al Trinity College de Dublín, pero fue aceptado por sus amplias
capacidades. Estudió teología e historia antigua y moderna desde 1802 hasta
1806. Después del bachiller universitario en Letras, recibió su ordenación el
10 de agosto de 1806 como la mayoría de los estudiantes sin grandes recursos.
Su amigo Henry Martyn lo recomendó con las autoridades eclesiásticas.
−¿Y
sus abuelos?
Eran
granjeros irlandeses. A mi padre no le gustaba el trabajo de campo y por eso se
independizó, estudió en Cambridge y luego, a los veintinueve años, ingresó en
el clero anglicano. Él era demasiado severo y obstinado. Le gustaba también la
poesía y escribía en los ratos libres.
La Liberación
Hermanas Brontë
miércoles, 19 de octubre de 2022
Una mirada a la oscuridad
−Es que la madre es todo para un niño: la protección, el amparo, el beso, la caricia, el sostén… Crecer con un padre no fue lo mismo. Nunca lo es cuando el vínculo materno es muy grande. Lo pudimos sobrellevar, pero no aceptarlo. La muerte es la negación de la vida y nos costó mucho acostumbrarnos a su ausencia, al silencio, a no ver su sonrisa ni a escuchar su voz. El entorno no ayudaba porque la soledad era extrema. Si hubiéramos vivido en otro sitio, la cercanía de la gente y de los conocidos nos hubiera dado una tregua al dolor, pero Hanworth se parece a la nada misma y se instala hondamente en el corazón. Hasta las enfermedades parecen atacar con más fuerza y nos obligan a sentirnos más desvalidos y ancianos.(fragmento)
Hermanas Brontë
viernes, 14 de octubre de 2022
La Liberación. Hermanas Brontë. (Cap I. Sallie Deam 2da parte)
Sallie se acercó al fuego porque el frío era intenso.
−¡Katherine! –gritó Charlotte−. ¡Trae más leña! Aquí el verano tarda en entrar, hace una visita corta, por formalidad, trae campanillas azules, lirios amarillos, orquídeas fucsias, rosales salvajes, zarzamoras, linarias, dédalos y brezo con el subido de color bermejo… Y así, con tanto regalo, se olvidan por un rato, breve, los días umbrosos de diciembre.
La criada se fue rápidamente con su andar sobrio y misterioso, tan enigmático como la famosa patrona y propietaria. Quizá, era ama de llaves. La imaginaba así, de ese modo, la soñadora incorregible de Sallie Deam.
Frente al ardor de las llamas, se podía contemplar la figura esbelta de Charlotte que continuaba en silencio, demasiado castigada por la vida, pálida y aburrida.
Sallie era una adolescente; tenía facciones menudas y mirada pícara. No sabía cómo llegar a Charlotte. La veía cercana, pero la sentía lejos. La ansiedad le oprimía el pecho, quería hablar y no encontraba palabras, no le salían, porque todo era muy extraño, hasta las tazas de té.
De pronto, apareció un hombre con un gabán oscuro y la miró con los ojos entornados y con demasiada desconfianza. Su pelo era castaño y se lo veía, físicamente, algo desalineado. Era el pastor Arthur Bell Nicholls, vicario en la parroquia del padre de Charlotte, el marido.
El señor Brontë no quería que se casaran, pero Arthur pudo convencerlo. Fue un arduo trabajo que le llevó meses.
−¿Y la señorita? –preguntó con una voz inquietante que le perforó la piel y la dejó tan vulnerable que empezó a temblar. Ese hombre la intimidaba.
−Ha venido a hacerme una propuesta. Por favor, querido, déjanos solas.
−No. Es importante que yo sepa de qué se trata –respondió con autoridad.
−¡No es importante! –exclamó Charlotte, mostrando su carácter oculto; el resabio de ser tan salvaje como desesperanzada.
El hombre se retiró disconforme.
La habitación estaba destemplada debido al frío y se escuchaba el viento que arrastraba con todo aquello que se le cruzaba en el camino. Katherine acomodaba la leña que iba trayendo desde la cocina y miraba a Sallie desde la distancia, recelosa y fantasmal, helada.
−Ya se viene la noche y no me has dicho a qué debo tu presencia. Qué pasa, tanto entusiasmo del principio se ha apagado. ¿Tienes algún temor?
−No. Yo soy escritora –sabe− como usted. Bueno… como usted no. Quise decir… −se estremeció por el error que acababa de cometer.
Charlotte, con la mirada en la costura, se sonrió al comprobar las torpezas de la “escritora”.
−Dime…
−Bueno, disculpe. Yo quisiera, con su permiso, escribir un libro.
−Hazlo… ¿Por qué tienes que tener mi permiso?
−Porque quiero escribir sobre las hermanas Brontë, las memorias, vida, amores, sus obras, tristezas y alegrías, compañerismo…
−¡Eso nunca! –gritó Charlotte y Sallie se asustó y se puso de pie. Se acomodó la falda, se colocó el sombrero, la capa que llevaba como abrigo y no intentó contradecirla−. ¿Qué haces?
−Me voy. Disculpe las molestias. Créame, no fue mi intención molestarla, se trató de un atrevimiento que no me perdonaré nunca. ¿Cómo yo, que no soy nadie, puedo querer escribir la biografía de mujeres tan únicas e irrepetibles? Eso lo tiene que hacer un gran autor, un profesional que esté a la altura.
−Niña caprichosa.
−¿Qué? Me voy. Mil perdones. Igual le agradezco el té y la predisposición. Me ha cumplido un sueño: el de haberla conocido.
Ese comentario a Charlotte Brontë le gustó mucho y dejó la costura de lado y la miró fijo. Sallie bajó el rostro, con vergüenza.
−Eres obstinada y perseverante. Sabes que así hay que ser en la vida para alcanzar los sueños; perseguirlos y jamás abandonarlos. Si es lo que amas de verdad. Nosotras lo fuimos a pesar de las circunstancias, del entorno y de las dificultades por ser autoras femeninas. Tienes que convertirte en varón.
−¿Qué?
−Sí, niña, firmar con otro nombre, pero de varón. Así serás aceptada, y después no claudicar jamás. Eso sí, estudia, aprende, dedícale todo tu tiempo y más, lee e investiga. Piensa en ti y no en los lectores posibles, si los consigues porque es difícil. Haz tu trabajo lo mejor que puedas y supérate a ti misma, sin competir y sin mirar al costado. Y si fracasas, tómalo como una experiencia, aprendizaje, para intentarlo de nuevo por otra vía, con más elementos, con otros, y con la sabiduría que da el tiempo.
−Gracias por los consejos, no los olvidaré mientras viva. Adiós.
−¿Cuándo empezamos? –agregó Charlotte con entusiasmo.
Sallie Deam comenzó a llorar de emoción.
*
martes, 11 de octubre de 2022
La Liberación. Hermanas Brontë. (Cap I-Sallie Deam 1era parte)
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| Charlotte Brontë |
1-SALLIE DEAM
Enero de 1855
Firmar con otro nombre…
La tarde fría dejaba su enigma de lágrimas en el verde inexistente de los días.
La bruma se extendía por aquellos páramos y barrizales.
El suelo se hallaba cubierto de nieve y el viento estremecía las grietas de la antigua casona.
“Podría perderme por estos pantanos”, pensó, pero su deseo de llegar era más fuerte que las inclemencias del tiempo. La vida y la pasión por los libros la habían llevado a tomar la decisión y no podía volverse atrás.
¿Quién no lloró con el amor obsesivo de Heathcliff en “Cumbres Borrascosas”?
¿Quién no sufrió con la terrible infancia de Jane Eyre?
“Sé que iré y volveré mil veces hasta que me atienda porque aunque no quiera terminará por aceptarlo. Ella y sus hermanas sintieron lo mismo: la vehemencia, el fuego, la idea fija, el hecho de no claudicar, aunque el mundo parecía derrumbarse. ¡Qué lugares oscuros y que apasionantes! Me envuelve esa magia cargada de sueños por volar, de rotundos pensamientos por decir…”, reflexionó la joven delgada y morena, de ojos grises pensativos.
La criada la miró por la ventana. Primero le pasó un lienzo a los vidrios empañados.
Enero de 1855.
La desconocida quiso levantar la cadena que cerraba la verja; lo logró después de renegar un buen rato. El camino hacia la casona estaba rodeado de matas de grosella. A lo lejos, se oía el ladrido de los perros.
Comenzaba a caer de nuevo una espesa nevada.
Empuñó el aldabón dos o tres veces hasta que la criada, con desconfianza, le habló desde una mirilla de la puerta.
−¡Qué tiempo horrible!
−¿Podría hablar con Charlotte? ¿Se encuentra?
−¿Para qué?
−Es algo personal, pero urgente. Para mí es maravilloso, no sé para ella. Me imagino que sí.
−¿De qué se trata? –volvió a preguntar la criada con voz áspera y masculina.
−Se lo contaré a ella, si usted me da permiso de entrar.
−Espere acá.
Al rato, regresó y con gesto adusto, de malos amigos, le indicó que pasara. Llevaba una chaqueta negra igual que su falda y el pelo recogido con una red. Lo que resaltaba en ese atuendo era el delantal blanco inmaculado.
Atravesaron un patio enlosado, en donde había un pozo con bomba y un palomar. En ese cuarto, el fuego de carbón y leña calcinaba la piel y había una mesa servida para el té.
Charlotte, con su rostro de tiza, pálido, cosía una larga tela que se arrastraba por el piso.
La joven la saludó con amabilidad y permaneció de pie. Esperaba que la invitara a sentarse y lo hizo, al rato, con un movimiento de cabeza, sin dejar de mirar la costura.
−¿Qué buscas por acá? No tengo tiempo para perder. Acabo de casarme.
❤
Hermanas Brontë
--------------------Biografía novelada.
domingo, 9 de octubre de 2022
La Liberación--Prólogo
PRÓLOGO
Regreso en este momento de visitar al dueño de mi casa. Sospecho que ese solitario vecino me dará más de un motivo de preocupación. La comarca en que he venido a residir es un verdadero paraíso, tal como un misántropo no hubiera logrado hallarlo igual en toda Inglaterra. El señor Heatchcliff y yo podríamos haber sido una pareja ideal de camaradas en este bello país. Mi casero me pareció un individuo extraordinario.
“Cumbres Borrascosas”, de Emily Brontë
Así comienza la única novela de Emily Brontë. De las tres hermanas es la que más despierta mi curiosidad. Quizá por ser la más tímida y solitaria, la que amaba los animales y la que escribió la novela más oscura y primitiva.
Para Emily, esos tristes páramos se convirtieron en parte de sí misma, sólo allí pudo desplegar su imaginación, el talento escondido, la pasión. Personajes extremos que iban desde el odio al amor sin medias tintas. Ella era como algún árbol perdido en la infinitud: amaba la soledad de Haworth, una localidad perdida en el West Riding de Yorkshire que se encontró con la fama de la escritora y de sus hermanas.
¿Cómo conocía ella esos sentimientos?
Quizá, los llevaba dentro como un secreto indisoluble y pudo expresarlos solamente a través de sus palabras en su única historia.
Esta biografía novelada tiene que ver con una autora principiante y con Charlotte Brontë, porque ella sobrevivió y pudo gozar, al menos un poco, del éxito de sus hermanas y de el de ella propio. Sin embargo, las tres son parte de la historia de los grandes escritores de la época, referentes a la hora de escribir, eternas jóvenes que lucharon y vivieron la risa y el llanto con fortaleza y valentía.
Las hermanas que querían amar y ser amadas.
L.Fraix--Biografía novelada
viernes, 7 de octubre de 2022
La Liberación. Hermanas Brontë
-1855-
BIOGRAFÍA NOVELADA











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