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sábado, 19 de agosto de 2017

Tertulias de la abuela: Las damas


Las Damas


 La taza "Princesa",
la más bella que tengo:
Royal Albert England,
Old Country Roses.


"Las Damas"
eran mis tías abuelas
que durante mi infancia llenaron de glamour
mi casa.


Eran siete.
Tres de ellas se casaron
y las otras se quedaron solteras.


De ellas recibía sus mimos y abrazos fríos,
como al pasar...
porque eran especiales:
damas de alta sociedad, adineradas,
coquetas, bellas...
pero distantes y esquivas.


Podían llegar a ser muy solidarias
pero no dejaban de enjuiciar a las personas,
buscar sus defectos,
y llenar de culpas
a quien, generosamente, les daba hospitalidad.


Eran difíciles pero compañeras,
soberbias pero respetuosas...
muy virginales.
Algunas de ellas nunca tuvieron novio
y fallecieron casi en soledad
asistidas por enfermeras
y por las sobrinas
que les dieron amor.


Mi bisabuelo José, el padre,
era un hombre austero,
de gran carácter
y esa manera de gobernar su familia
hizo eco en aquellas mujercitas
que se transformaron en su espejo.


Hoy quiero recordar sus perfumes de jazmines,
los vestidos blancos,
y ese aire de princesas con collares de perlas
y guantes.


Ellas se sentían omnipotentes,
eran "Las Damas"
a quienes el pueblo observaba...


detrás de sus glorietas de marfil,
en aquellos jardines estrellados
de cuentos de doncellas, 
prisioneras de una sociedad inventada.


La niña del retrato soy yo a los seis meses.



"Las Damas"
no fueron felices,
necesitaban humildad...
Tal vez no conocían ni siquiera la palabra,
pero aun así eran queridas
por su familia.
Es que no miraban sus defectos.

Yo las recuerdo con cariño
porque en el ir y venir de aquellos días,
alguna me leía cuentos,
otra me regalaba chocolates, juguetes
y vestidos
y yo me sentía tan reina como ellas.

Nada sabía de sus tristes corazones.




miércoles, 16 de agosto de 2017

El hada que no podía volar


Rebecca Dautremer


Había una vez, un lugar especial donde habitaban todos los seres mágicos del mundo. Desde horribles ogros hasta elfos de oreja puntiaguda. Por supuesto, las hadas también vivían en aquel lugar, donde reinaba la paz y la armonía.
Entre las hadas, existía una muy pequeña y de blancos cabellos que, a diferencia de sus hermanas, no podía volar, pues había nacido sin alas. Inés, como se llamaba la pequeña, había crecido con mucha tristeza al ver como el resto de las hadas se alzaban hasta el cielo y reían de placer volando entre las ramas de los árboles y empinándose hasta las nubes.
Sin embargo, como sólo podía caminar, poco a poco se hizo de grandes amigos que no habitan en las alturas, como las ranas y los conejos, y estos le enseñaron todos los escondrijos y pasadizos secretos de aquella tierra mágica.
Un buen día, mientras transcurría una hermosa mañana llena de tranquilidad, los humanos irrumpieron de la nada con espadas y con odio, y sembraron el caos entre todos los habitantes mágicos del lugar. Las hadas, desesperadas, corrieron para salvar sus vidas, pero los hombres más altos lograban capturarlas y encerrarlas en sus jaulas.
En ese momento, la pequeña Inés corrió al encuentro de sus hermanas y les indicó la entrada a un túnel secreto por donde podrían escapar de los humanos. Sin embargo, el túnel era tan pequeño, que las hadas no podían entrar con sus alas enormes. Algunas se negaron rotundamente, pero la mayoría quebraron sus alas y escaparon junto a Inés para ponerse a salvo. Luego agradecieron a la valerosa Inés por haberlas salvado y jamás volvieron a menospreciarla.

Anónimo

domingo, 13 de agosto de 2017

El poder de la luna


 Amanda Clark


Desde tiempos ancestrales,
el poder de la luna 
fue invocada en los rituales
femeninos de sanación.
La luna 
es el principio original femenino,
claro, sensitivo, intuitivo, circular,
ligado a la naturaleza y lo natural
en todos sus procesos.
Bajo su dominio
se encuentra todo lo relacionado
con la fertilidad, el parto y la concepción,
el movimiento de las mareas,
el crecimiento de las plantas.

En los Andes,
la diosa de la luna
era llamada en voz quechua "Quilla Mama",
guardiana y protectora
del aspecto femenino.
Las llamadas sacerdotisas
o guardianas eran las grandes sanadoras 
y mujeres sabias.
Las niñas en los círculos y rituales 
de sanación aprendían de las abuelas sabias
quienes a través del poder de la luna
le transmitían los secretos de las plantas,
la medicina, la fuerza de lo invisible
y el poder de la intuición.

sábado, 12 de agosto de 2017

El romántico sombrero



Martin Kavel


Los primeros sombreros tienen sus orígenes en los imperios antiguos, en Egipto ya se realizaban diversos tipos de tocados, pero uno de los más reconocidos antecedentes del sombrero fue el gorro frigio, de origen persa que fue utilizado por los griegos para simbolizar que todo aquel que lo portara era un esclavo al que se le había otorgado su libertad.

Fritz Zuber Buhler


En Grecia también surgieron el Pilleus y el Petasus (primer sombrero que tenía ala)

Los primeros sombreros fueron fabricados en fieltro y lana, generalmente blancos.

Robert Reid Payton


En tiempos de Carlos VI de Francia comenzaron a usarse en el campo. En la época de Carlos VIII se introdujo su uso en las ciudades pero tan sólo cuando llovía.

Los grandes comenzaron a usarlos pero guarnecidos de plumas, cordones y otros adornos mientras el clero y la plebe continuaban llevando capillas o capirotes.

Hoy se usa en todo el pueblo civilizado como sinónimo de glamour.

Eva Hollyer





Pretérita belleza
marcando rostros
de seductoras miradas,
cubriendo lágrimas
con velos de noche.
Gala, luto, destiempo...
Sueño de princesa azul
con tenue rubor de sonrisas:
la inocencia.


Luján Fraix

Fernand Toussaint

jueves, 10 de agosto de 2017

Aquellas tías ausentes






Desirée es un bonito nombre para la niña...
dijo la abuela francesa.



Le pondremos Luján como la Virgen Patrona de la República Argentina...



¡Qué bonita!
decían las tías tan frías y ausentes que la maternidad
les resultaba algo molesto y lejano, con demasiadas responsabilidades
y poca libertad....




En mi cuna alba agitaba mis manos pequeñas
frente a las damas finas (las tías) que llegaron
de la gran ciudad.
Sabían de secretos y de lágrimas,
eran solteras sin remedio porque el tiempo les
había quitado la luz.
El perfume de Cocó Chanel les daba
aires de princesas...
Tenían el alma desierta.

Luján Fraix


Un recuerdo para mis tías-abuelas
que eran muy solidarias y bondadosas
pero algo distantes.

***

sábado, 5 de agosto de 2017

Gritos de libertad






La inspiración de mi bisabuela comenzó a nacer
en mi cuerpo menudo
que pedía a gritos libertad
aunque solamente necesitaba papel y lápiz.

Comencé a escribir mis primeros cuentos de hadas a los 8 años.
Había leído mucho y soñaba...
Vivía en una quimera total en la que mezclaba dragones con príncipes
y doncellas ocultas en una flor,
castillos con puentes levadizos y cocodrilos al acecho,
fantasmas en torreones y brujitas peleadoras,
leyendas y madrinas buenas,
hechiceras de narices largas 
y brebajes olorosos...
¡Cómo podía hacer para no imaginar tanto!



Mamá estaba ocupada y me dejaba sola en la habitación.
Confeccionaba títeres y hablaba con las muñecas
que se sacrificaban a mis continuos baños, costuras 
y cortes de pelo...
Luego me iba con mi "clan" de nueve amigas
y no volvía hasta la noche
porque nos entreteníamos con los juegos de teatro,
construyendo carpas de indios con comida incluida,
organizábamos comparsas vestidas con tules y lentejuelas
y, ya cansadas,
veíamos por la televisión
una novela que se llamaba
"Amar al Ladrón".



Me gustaba estar en la calle, parecía ser muy sociable;
sin embargo,
jamás festejaba el cumpleaños 
y si me invitaban a asistir a alguno me encaprichaba
porque me daba vergüenza encontrarme con chicos
que no fueran mis amigos.
Quería ir a lugares serios,
sin bulla ni risas,
aunque con mis compañeras era lo que se llama
"lider", porque ellas no hacían nada
sin mi consentimiento.


Yo no las obligaba,
ellas me seguían...

Luján Fraix

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