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domingo, 20 de mayo de 2018

Del rosa pálido al azul soñado...




Decir hortensias es decir primavera,
el verano está por llegar,
época en que estos magníficos arbustos
se doblan al peso de sus flores.
Ellas brillan no sólo por su tamaño
sino también por su color
que va desde el rosa pálido
hasta el azul más soñado.


Existen más de ochenta especies entre las que hay caducas,
persistentes, arbustivas y trepadoras.
Casi todas presentan hojas redondeadas o elípticas,
dentadas o aserradas y opuestas.


Crecen en distintas situaciones de asoleamiento, pero su follaje
va a lucir mejor si sólo reciben
el sol de la mañana.
El suelo debe ser rico, húmedo
y bien drenado.
Pueden reproducirse por gajos y por acodos.
Se corta un gajo sano
en primavera o comienzo de verano,
se cuentan cinco nudos, o yemas,
se sacan las hojas inferiores,
dejando dos hojas superiores,
se pasa por hormona de enraizamiento,
se coloca en perlita bien húmeda y a la sombra.


Las Quercifolias
con sus hojas semejantes a las del roble,
que van cambiando de color,
al llegar el otoño adquieren tonalidad ocre o rojizas
y su flor cónica,
al comienzo son blancas y luego viran a un color rojizo
y finalmente al ocre.


Las Paniculatas tienen sus hojas elípticas.
La inflorescencia son panículas piramidales
de color blanco crema,
a veces rosado.


Las hortensias son las únicas cuyas flores
que cambian de color según la acidez o alcalinidad
del suelo,
cuando más ácido es el suelo,
más posibilidades de tener hortensias azules.
Es importante tener paciencia porque el cambio de color
no se produce de un día para el otro.
Las hortensias blancas no cambian,
sólo las rosadas.

Patricia López y Roxana Wolojviansky

Bárbara Mock




Tras el cristal de mi adultez
deshojados en el tiempo
fluyen los recuerdos,
piedras más piedras,
golpe tras golpe,
las cicatrices ocultas del alma,
la congoja,
el fin del llanto.

En el vértice opuesto
perdura una sonrisa,
una inocente ilusión,
el asombro.

Maravilloso equilibrio,
tan azul como la música
e incomprensible como el silencio.

Roberto Benítez


lunes, 7 de mayo de 2018

Tertulias de la abuela: por la libertad...




La tertulia pide... libertad.


Tengo mi jueguito de vajilla
Royal Kent
in Staffordshire England.


Con su taza con matices claros entre rosados y celestes...


me recuerda a estas damas
quienes tomaban su té a las 5 de la tarde
y pensaban quizá en tantas cosas...
Tal vez en volar
hacia otro sitio más noble, digno y humano...


La emancipación de todos y de nadie,
la que deseamos y se disfraza
mostrando otras caras...
cuando desaparecen los derechos,
la libertad de expresarnos,
de querer tener nuestros espacios...


Hay un tiempo para todo...


... para el miedo,
para guardar las ideas,
para dejar la autoestima
en un arcón antiguo...


para el amor que se retrasa
y espera...


Miremos...

Un sendero nos empuja como seres libres que somos
por naturaleza...
a dejar detrás la prisión del encierro,
reclamando nuestros derechos,
con independencia interna,
con paz en el alma.


Existe el mañana,
pero en el hoy vive tu decisión


porque los apresurados días
se vuelven vacíos ecos
sin nuestros logros presentes.




Damas
que dibujan sus pasos
escribiendo estelas,
de amor y de llanto,
con solemnidad.

Damas 
que el ayer trae...
entre claustros e idilios
peregrinando los tiempos
de su libertad.

Damas
confinadas al silencio,
a esperar
por el camino viejo
de rosas blancas,
la eternidad.

Luján Fraix




martes, 1 de mayo de 2018

Mayo, el mes del adiós






















Llegó Mayo
Recuerdo días grises y lluvias sobre los tejados, algún ladrido de un perro y palomas blancas.
Era la despedida más iluminada que conocí jamás, la de las madres.
El cielo abrumado por sus lágrimas inquietas, la recibió en sus brazos para darle la paz que necesitaba…
Ella que tenía tanto miedo, se fue a contar estrellas junto a la gata Millie que le quitó la soledad a su alma.

Gracias Mamá porque sé que me estás cuidando con el mismo amor de siempre, me escuchas y me envías mensajes porque hablas en las letras de mi poesía.

jueves, 26 de abril de 2018

El nido, de Julio Villaverde





El campo se agrisaba en lejanía.
Ambar violáceo decoraba el cielo,
y eran sombras los montes tras un velo
de niebla sutilísima y tardía.

En el oscuro pino se mecía
el nido de calandrias. Un desvelo
vibraba en la pareja cuyo vuelo
calor de fiebre paternal tenía.

Doró la tarde su matiz más fino.
El nido susurraba débilmente
suspenso en palpitante balanceo.

Y la dicha de amar volvióse trino,
colores, luz divina en el torrente
maravilloso y claro del gorjeo.



Julio Villaverde.



Pinturas de Crista Forest





martes, 24 de abril de 2018

Leyendas sobre duendes


Se dice que es un niño que murió sin ser bautizado o un niño malo que golpeó a su madre. Es muy pequeño, lleva un sombrero grande y llora como una criatura. Tiene una mano de hierro y otra de lana, cuando se acerca a alguien le pregunta si con cuál mano desea ser golpeado. Algunos dicen que, sin importar la elección, el duende golpeará siempre con la de hierro. Otros, en cambio, aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la que en realidad más duele.
Margaret Tarrant


Posee unos ojos muy malignos y dientes muy agudos. Suele aparecer a la hora de la siesta o en la noche en los cañadones o quebradas. Tiene predilección para con los niños de corta edad, aunque también golpea sin piedad a los mayores.
En la zona de los Valles Calchaquíes existen dos historias muy curiosas con respecto al duende:


Una cuenta que un arqueólogo, internándose en el cerro a horas de la siesta escuchó el llanto de un niño. Al acercarse vio un párvulo en cuclillas y con la cabeza baja. Cuando le preguntó qué le sucedía, el niño alzó su maligno rostro y mostrando sus agudísimos dientes al tiempo que sonreía, le dijo:
- Tatita, mírame los dientes...
El "gringo" salió corriendo tan veloz como las piernas le daban y nunca regresó.
Margaret Tarrant


La otra historia, narrada por Lucindo Mamaní, de Tafí del Valle, cuenta que vio al duende conversando en un zanjón con un niño que estaba a su cuidado. Al acercarse don Lucindo, el duende -llamado "enano del zanjón" por los lugareños- salió huyendo.

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Los duendes de mi libro de cuentos van allá de una leyenda porque ellos tienen el alma de los seres que habitaron la casa colonial y son bondadosos, sensibles, solidarios... pueden contar historias o trepar a la higuera, jugar a la rayuela en la vereda, bajo la lluvia sobre el tejado rojo reír como niños felices. Llevan nostalgia en su morral de tiempo porque saben que necesitan recuerdos para sobrevivir entre las rosas y las uvas de mi abuelo Eduardo.

Los DUENDES de la casa dulce GRATIS hasta mañana miércoles.
en (e-book y en papel)


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