“Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma.” Miguel de Cervantes

 


"El peor arrepentimiento no es por las cosas equivocadas
que hicimos,
sino por las cosas correctas
que hicimos por las personas equivocadas".

N.C





El Arrepentimiento...

Cuando hacemos un balance de nuestra historia sentimos vagamente un dejo de tristeza por aquellas cosas que, tal vez, hubieran cambiado el sendero de la vida. Y aparece la culpa como principio en ese intrincado laberinto de secuencias.

Me arrepiento de haber dejado pasar los años, de no haber luchado más... Todo parece gris a la distancia cuando recorremos las horas tratando de volver sobre aquellos pasos. Y es inútil, el tiempo te empuja para dejarte sus huellas en la memoria y decirte que eres humano y que te equivocas.


Me arrepiento de no haber hablado más con MI MADRE, de dejar que mi padre se fuera sin un abrazo, aunque confieso que muchas veces intenté un acercamiento. Él no me dejaba traspasar aquella su dura coraza porque así le habían enseñado a querer.

No me arrepiento de haber dado lo mejor de mí postergando mi sueños; hoy lo volvería a hacer porque la dicha de dar no se compara con nada, aunque nos deje huérfanos. Dar sin esperar a veces se transforma sin pensarlo en una espera constante de una caricia, de un abrazo, de un te quiero... que no llega.

No me arrepiento de haber confiado, de haber querido y que no me quieran, de haber luchado por los ideales... De haber  estudiado tanto... de escribir sin ser leído.

Me arrepiento de la melancolía que siento cuando llueve y descubro que la finitud de la vida me dice que tengo que apurar los pasos porque el mañana es HOY,

pero hoy sólo me sostiene
el pasado.



Luján Fraix


Les he presentado mi novela Querida Rosaura. ¿Cuánto dura el amor? LA ETERNIDAD.

Una historia sensible, la vida de una mujer que todo lo dio para que otros fueran felices.

Gracias por acompañarme en el recorrido por mis novelas. Ya saben que si las quieren adquirir o descargar gratis cuando las entrego a disposición de la gente (todas las semanas en amazon) lo pueden hacer por ese medio o por AUTORES EDITORES.

(MIRAR EN EL LATERAL IZQUIERDO)

CARIÑOS


"Siempre gana quien sabe amar" (Hermann Hesse)

 


En el campo se libraban demasiadas batallas y cada uno era artífice y víctima de los acontecimientos vividos.

Se necesitaba coraje para aprender las lecciones cuando el amor parecía diluirse como el viento entre carros de abuelos y la lucha diaria. Rosaura no tenía apuro, sabía que tenía que quedarse al lado de su madre hasta el fin de sus días.

Así eran leyes por esos años, así eran los sentimientos de Magdalena: posesivos, egoístas, indiferentes...

Amaba pero no sabía cómo demostrarlo.


Siempre gana quien sabe amar. -Hermann Hesse


Querida Rosaura (Cap III tercera parte)



Seis meses después, los conjuros merodeaban el ámbito de esa chacra. Acechaba la envidia por aquellos años entre paisanos que si bien no tenían grandes riquezas poseían lo que no se logra con dinero: la dicha. Magdalena y Juan eran afortunados con sus limitaciones y sus logros, de hecho no eran ricos; sin embargo, los hechizos vagaban sin respiro por el circuito del cementerio, en las oscuridades de los matorrales y bajo la cuna de Santiago. Cuentan que se movía mucho la camita para que el niño llorara y se escuchaban pasos que alteraban el corazón en el piso de madera. Seguramente, algún chamán se sumergía en el sonido hipnótico de algún tambor.  Nadie podía creer en eso, ni en brujas ni en lechuzas que aleteaban como águilas entre el follaje ni en restos de huesos que se hacían polvo para espantar a los gualichos… Esos eran pensamientos de ignorantes, pero en la casa de ladrillos rojos con postigos en las ventanas ocurrían hechos extraños que, quizá, eran ocasionados por rivales de la comarca. Ellos se valían del poder del mal, del demonio y de otros espíritus para causar daño, adivinar y profetizar.  Bramaba el viento entre las hojas con descarnado lamento de lejanía; asolaba la tristeza que se volvía crónica, un quebranto entre los muros, la cárcel de alambre.


Magdalena deslizaba un rosario de nácar entre sus manos de alabastro; no lloraba porque era fuerte, pero sentía que esa atrocidad quería doblegarla por completo. Hacía conjeturas sobre presuntos adversarios pero consideraba una locura culpar a personas inocentes. Ninguna magia podía destruir el futuro.

Un día, recibió una carta y supo de quién se trataba y de dónde venía aquella supuesta maldición. Ya no tuvo dudas. La hostigaban por haber tenido hijos varones. Comenzó entonces el peregrinaje por manosantas que practicaban hechizos y hacían viajes místicos, hombres con rostros peligrosos, farsantes con velas coronadas de hiedra, galenos y sacerdotes. El niño con su piel de oliva aquietaba sus alas frente a los sonidos. Hubo alguien que logró expulsar la brujería. ¡Qué absurdo! Santiago se murió por descuido de los facultativos. Esa condena sin culpa se transformó en pena perpetua. El nido dejó sus plumones esparcidos…


Algunos de ellos, frente a la impotencia de los familiares, decían que el niño había sufrido lo que se llamaba “muerte en la cuna”. La desaparición inexplicable y repentina de un bebé sano, por lo general de seis meses, que se produce cuando la respiración se interrumpe sin razón. Se cree que son factores de riesgo la temperatura de la habitación, la infección viral repentina, la ropa de cama muy caliente o la posición en que duerme el lactante.

El destino agitó sus alas en el verdadero caos. El pequeño se fue sin darse cuenta; ya no habría crucifijos, ristra de ajos, agua bendita detrás de las puertas porque la medicina había fracasado.

El vagabundo que merodeaba los senderos se fue despacio detrás del funeral con el cuerpo lleno de victoria y en el pajonal pudo hundir su risa de murciélago, aplacar la sed de venganza y delirar hasta volverse loco.

Nada conformaba a Magdalena; sentía que estaba perdiendo la capacidad de comprender y razonar porque su conducta le decía que no existía experiencia o aprendizaje ante los sentimientos humanos primarios: el instinto maternal. Ese amor vivía en el alma como razón del ser.


Era evidente, que esos hombres querían alterar sus principios y actitudes; intentaban buscar una respuesta a lo indescifrable porque las magias ya no existían y los conjuros eran sólo simulacros de locura y envidia que caían luego en la misma fuente. Como aquellas mujeres que practicaban sus actividades esotéricas en el siglo XVII; fueron ejecutadas muchísimas personas, en la mayoría ancianas, por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Nueva España.


Los padres y hermanos no tenían consuelo ante la pérdida de Santiago, pero estaban obligados a continuar y trazar sendas para los que vendrían, más tarde, a ocupar sus puestos. Los surcos imploraban la atención fecunda de esas manos en el fondo mismo de los cuartos. Nadie quería enfrentarse con la rutina porque se sentían egoístas. El niño germinaba en las corolas, en los retablos, entre las favas en busca del néctar, cuando las parleras charatas suspendían sus estridentes cantos que se convertían en susurros de inquietud.

Rosaura buscó abrigo en las estrellas con su paseo en triciclo por la vereda. Ahora sí tenía alguien que le pedía amor desde las alturas y que la estaría observando toda la vida. Levantó la vista hacia el astro más brillante que parecía titilar y dijo:

-Allá estás. Sabes, me siento sola sin ti. Como sé que me estás mirando te regalo este beso-extendió el brazo lo más que pudo hacia el cielo-. Las almas de los angelitos son más bellas; quisiera tener alas como las gaviotas.



Cuando el egoísmo es simplemente una palabra

 


Rosaura sabía que el amor estaba del otro lado del miedo, pero ella se sentía segura junto a su madre. Ella era su motivo de vivir. 

¿Hasta dónde llegaba ese sacrificio?

Más allá de la muerte, más allá de los deseos más íntimos... Tenía que sobrevivir siendo la hija perfecta, la que soñaba Magdalena, la que ella necesitaba. 

¿Y el egoísmo?

No existía esa palabra en la Biblia de Magdalena.

Querida Rosaura (Cap III segunda parte)

 


Rosaura se subió a sus rodillas para sentir el abrigo de unos brazos en una casa que ahora, con la llegada del Santiago, se tornaba diferente porque había más bulla, menos silencio para hacer las tareas escolares y muchos pañales para lavar que parecían primates en la soga del patio. El cielo se abría inspirador para albergar la perfección del amor.

-Yo no voy a comer-dijo Juan José, pálido, con el ceño fruncido.

-Por qué, no le hagas la vida difícil a tu madre que ahora tiene más trabajo.

-Me siento enfermo. Me voy a la cama.

Juan José tenía fiebre y le dolía el estómago. Magdalena, inmersa en el caos, envió al tío Agustín en el sulky a buscar al doctor Santos. En el camino lo sorprendió la lluvia y pensó que ya no existirían pócimas para su resfrío. Los ruidos del pueblo se acercaban con olor a barro y a salsa de tomates con zanahorias ralladas. El médico se abrigó, tomó su paraguas y subió al sulky que parecía una calesa destruida por algún huracán. Por el camino arañando la borrasca, esos hombres parecían acallados por el espanto, jinetes que galopaban en busca del trueno, humildes estatuas de lodo…

“¡Qué vida!”, pensó con un gesto de hombre acostumbrado a los desafíos por su vocación de servicio.

En la casa, todos parecían estar en presencia de los deudos y frente a las ruinas de un funeral. Cuando el doctor Santos examinó a Juan José se dio cuenta de que tenía inflamación en los intestinos, producto de alguna comida que le produjo alergia o por algún acontecimiento que lo conmocionó tanto a tal punto de debilitarle las defensas. Le dio unos antibióticos que el tío Agustín compró cuando llevó de regreso al pueblo al médico que parecía un emú por su cabeza desnuda y mojada. El doctor era un amigo de la familia que se entregaba a su vocación con la humanidad de un gran profesional.

-Gracias por el sacrificio.

-Es mi deber. Le digo algo si me lo permite: cuiden a ese niño porque es muy sensible.

Seguramente, Juan José habría sentido celos por la llegada de Santiaguito. Él era muy retraído y el hecho de no poder manifestar sus sentimientos lo paralizaba, se guardaba todo para sí y luego estallaba con una enfermedad psicosomática. Magdalena no entendía nada de psicología y lo retó mucho:

-Tendrías que estar ayudando a tu madre en vez de imitar los actos de un bebé. ¡Será posible! Sola con todo.

Juan escuchó esos comentarios y volvió a esconderse en su caparazón. “Yo no existo para ella”, pensó.

¿Por qué Juan Waner no tomaba las riendas de su hogar? ¿Era una situación cómoda para él no asumir responsabilidades porque sabía que había otra persona más capacitada que podía enfrentarlas?

Lo cierto era que existía un pasado que estaba en primer plano y que se manifestaba como un impedimento poco sanador que removía situaciones disociadas. Todo era más fácil, pero él lo complicaba sin medir las consecuencias porque decía que así era su carácter. Era una manera de convencerse de que tenía una esposa que, por su omnipotencia, no quería ni necesitaba ayuda; sin embargo, el tío Agustín estaba allí para ofrecer sus servicios por casa y comida. El  tanguero, enredado en el tedio de los guapos, podía penar en algún arrabal pero jamás se negaba a ser solidario.



Al otro día Bernardo, el hermano de Juan, se acercó a la granja con su media docena de perros para ver a Santiago que, desde la cuna, le sonreía como si ese rostro le diera muchísima gracia. Con el aleteo de sus manos quería alcanzar el rostro que le hablaba como si fuera un niño tonto.

-¡Varón tenías que ser! ¡Al campo hay que llevarlo…!-gritaba Bernardo que era un poco rústico para demostrar los sentimientos.

Bernardo era soltero porque todavía no había encontrado alguna dama que tuviera dinero. Él era muy materialista y sólo le interesaban las candidatas con varias hectáreas de campo; seguramente, para que pudiera mantenerse sola porque Bernardo no gastaba un peso. En su altar de bolsas y cartones, guardaba el tesoro que iluminaba su camino con la porfía, la lucha desigual y la tranquilidad de tener los bolsillos llenos.

-¡Bah!-rezongaba. Parecía molestarle todo lo que lo rodeaba y siempre se hallaba disconforme.

-¡Cuándo te vas a casar, hombre! Eres medio “cantimple”-le dijo Juan.

-¡Bah!

-Es mejor estar acompañado en la vida, tener a alguien con quien compartir los momentos.

-Bueno, me voy…-dijo bruscamente y salió como disparado de la cocina templada. Iba quejándose y murmurando bajo la llovizna:

-Está chispeando…

La familia se reía de sus ocurrencias porque era un personaje algo grotesco que los divertía mucho. Bernardo tenía un gran corazón. Quería a Rosaura y a Juan José como si fueran sus hijos pero frente a ellos se mostraba hosco, rudo y sin sentimientos. Era un hombre implacable con la inquietud del aburrido y la ansiedad del que espera una utopía.



Madre, escribe...

 

Plaza Colón


MADRE, ESCRIBE…

                                             “Entre hechizos de gato
                                        y rejas
                                                    mi madre con su tejido
                                                                   escuchando mis cuentos…”





Hoy regreso a la infancia atardecida
a leer en la nostalgia que ilumina
tu dulce abrazo con lumbre cansina
y el tañido cual cítara dormida.


A la noche, una farola encendida
evoca ya tu palabra divina,
es piel  de mi alma, estrella matutina,
coraza de mi temor a la vida.


En tu ser mi vocación admirada
escucha la novena letanía
cuando tu amor es sombra inalcanzada.


¡Madre… iza de la tierra labrantía
la semilla de mi mano espigada
y habla con la letra de mi poesía!

L.Fraix



---------------------------En el año 2005 recibí de las autoridades del Museo de la Ciudad y del Intendente el premio Plaqueta por este poema dedicado a las madres. Fue muy emotivo para mí porque se cumplían dos años del fallecimiento de la mía. En su honor, coloqué la mismo galardón en el cementerio donde ella descansa. 
La Plaqueta se encuentra en la Plaza Colón de mi ciudad (Argentina).
Gracias a todos los que confiaron en mí, es uno de mis premios más queridos.

----------------------------------Así comienzo mi libro: Querida Rosaura. ¿Cuánto dura el amor?

La eternidad

Querida Rosaura (Cap III-primera parte)



III

 

Nació Santiago con un destino marcado. El niño parecía Moisés dentro de la cesta embetunada y frente a los peligros del Nilo. Juan sintió que la vida estaba delante de sus ojos y recobró la alegría que siempre le faltaba porque se abría un nuevo horizonte, un estímulo para continuar trabajando para la historia en esos campos repletos de añiles y de carromatos. Bajo la piel de ese hombre estaba latente el don de la bienaventuranza de los seres augustos y la comunión del amor frente a la caricia de pueblo.

Rememoró después, en el camino de regreso a casa, la emoción que sentía su padre frente a la tierra cuando hablaba de los trenes de carga, de las cremerías y de las fábricas de queso. Don Julio le contaba de los barcos que cargaban la cosecha de arroz y de lino frente a las huellas de los gauchos y al asombro de quienes escuchaban los relatos. A Juan esos recuerdos lo entristecían a punto de dejarlo inerte frente a la melancolía: ese disgusto por la existencia vacía. Quizá él no podía superar la muerte de su padre y se quedaba detenido en ese tiempo sin poder hacer frente a la rutina de los días, pero hoy su voz latía de una manera diferente. Había encontrado un romance que lo hacía vibrar en la piel de un bebé.

El comercio adquirió más notoriedad con la llegada del ferrocarril. Las “barracas” acopiaban cueros, lanas y los frutos del país. Los paisanos se mezclaban, en el diario trajinar, con los hojalateros, con los trenzadores criollos que en los ranchos fabricaban lazos, bozales, maneas…, con los sombrereros, con los tipógrafos y las  modistas.



Magdalena recibió regalos de sus hermanas y de sus padres: un cubre moisés de piqué bordado en punto París, sabanitas de batista, fundas regulares, camperas tejidas con ochos y una funda para bolsa de agua de plumetí. Estaba feliz con la llegada de Santiaguito a quien veía como un ángel, símbolo de la fertilidad y de los buenos augurios. Sus manos pletóricas de amor abrazaban la fragilidad de esa llama con el dulzor de su lenguaje.

-¡Qué rubio es!

-Pues, es alemán como su padre.

El bebé parecía un mirlo, movía la boca con intenciones de repetir sonidos. Agustín llamó al párroco del pueblo para que oficiara el rito de la liturgia católica. Magdalena con un misal en las manos, como una sierva de Dios, quería, por un extraño presentimiento, bendecir a Santiago para que esté protegido de algún poder sobrenatural. Escuchaba merodear una especie de danza que llegaba con la tristeza de una lágrima. El prelado recogió las hostias y las redomas.

Magdalena miraba el mundo a través de una ojiva enorme que se iba achicando por el miedo. Ella era demasiado fuerte pero se sentía desprotegida; su esposo no tenía carácter y eso la debilitaba y la dejaba atrapada en un sitio sin fronteras. No tenía en quien apoyarse… Se veía niña con una familia sobre los hombros para alimentar, cuidar y educar. ¡Era demasiado! Esos ojos rubios la delataban, pero con un grito evadía las preocupaciones porque no le quedaba otra salida.



Por el camino a la granja, con Santiago en brazos, miró la soledad del campo y se le llenaron los ojos de lágrimas. Un hálito de lirios invadió los aromas.  El silencio le atravesó la piel con un golpe certero que la emocionó mucho a pesar de los rezongos de José Shalli, quien la llevaba en el auto.

El sol maduraba en los trigales con su himno de primavera. Era agridulce la sonrisa de Magdalena que se desdibujaba el escuchar los comentarios de su padre:

-Ese niño se puede enfermar por los fríos del invierno. En verano, debes hidratarlo. No lo cargues de ropa.

-Yo…-dijo Magdalena aburrida de tantos consejos. Se consideraba “vieja” para ser manipulada por un padre que tenía el mismo carácter que ella. Era obvio, que iban a pelear siempre porque eran incompatibles. Magdalena ya no aceptaba una palabra más.

En la intimidad del cuarto en sombras y frente a la cuna, ella sintió un escalofrío pero Santiaguito se reía tanto que la dejó sorda. Rosaura quería cambiarlo, Juan José lo miraba de lejos y Juan Waner ya tenía la comida preparada: pollo con legumbres y aceite de oliva. Estaba contento por primera vez en su vida por eso no entendía de dialectos raros y sentimientos escondidos porque él era muy transparente. Observaba los rubores del bebé que le parecía desvelado, tal vez, acongojado.



De Kemy Perez Brito

 



Buenas noches habitantes de la Madre Tierra.
Tiene ese arte de hilar las palabras y contarnos historias cargadas de mucha ternura y amor.
Me encanta leerla y es que ella posee ese don de llegarte al alma.
Tan lejos y tan cerca y aunque no, nos conocemos, tenemos o poseemos eso que solían decir nuestras abuelas: almas gemelas.


Porque muchos seres aunque estén en el otro hemiferio y gracias a estos Lares, podemos sentir esas almas bellas, que poseen un ser, que te hacen soñar, reír, llorar y te emociona con su gran creatividad.
Luján es una buena contadora. Una buena escritora.
Gracias por estar aquí en estos Lares...

A soñar bonito y a ser felices.
Y pongan un libro en su vida.
Aquí les dejo algo bonitoooo.

Besos de aroma a canela en rama.
Kemycuentacuentos

QUERIDA ROSAURA
¿Cuánto dura el amor?

Mujeres con sol en los ojos

 




Damas
que dibujan sus pasos
escribiendo estelas
de amor y de llanto,
con solemnidad.

Damas
que el ayer trae
            entre claustros e idilios
peregrinando los tiempos
de su libertad.

Damas
confinadas al silencio,
a esperar por el camino viejo
de rosas blancas,
la eternidad.

L.Fraix



Todas mis novelas tienen a la mujer como protagonista:

* La Novia-¿Ella regresó por amor?
* La nodriza esclava.
* La abuela francesa.
* El silencioso grito de Manuela.
* Querida Rosaura.


¿Por qué será? Pienso que LA MUJER tiene más cosas que decir, conozco su mundo interno, sus alegrías y tristezas, sus carencias... Sin embargo, mi primera novela el protagonista fue un hombre llamado Emilio y la historia se titulaba El Autómata que después pasó a llamarse PUERTO soledad y que es la más vendida en papel que tengo en la plataforma de Amazon.

Querida Rosaura (Cap II cuarta parte)

 

¿Para qué tantas preguntas? ¿Qué complicados que son los mayores? Mientras continuaba la discusión, ella se recluía en el cuarto donde había una caja con la ropa del bebé: unos baberos de linón bordados en punto sombra, un ponchito con motas, batitas y toallas. Sacaba todo de su lugar y luego lo volvía a acomodar con prolijidad. Miraba el techo y las paredes desteñidas y sentía escalofríos, miedo a una oscuridad completa y a esas verdades latentes que no se podían modificar: la cadena humana, ese eslabón que se cortaba con un ruido seco de hierros, el dolor que no conocía todavía y el perfume como una bocanada de humo que entraba por las grietas.

-Mamá, mamá…-dijo llorando-.Una estrella entró a la habitación y me miró de cerca, vino a pedirme el amor que yo no le doy.
-Niña, deja las fantasías, no sientas culpa porque eres muy pequeña. Todavía no sabes nada de la vida.
-Tú sí sabes, cuéntame…
-Eres mi única hija-contestó Magdalena con cierto aire posesivo de madre controladora y absorbente.



 ----De Querida Rosaura
      ¿Cuánto dura el amor?
       La eternidad

"La madurez es el momento en que uno recupera la inocencia" (Marty Rubin)

 


-Las noches se dibujan con sueños, sabes-le decía a Milo que la miraba arrobado con un sopor de gato aniñado.-En el cielo está Santiago que llora porque quiere regresar; en ese momento tiembla la tierra y se desprenden los cristales para formar nuevas estrellas diamantinas donde irán a vivir otros bebés.
Rosaura estaba obsesionada con ese firmamento abovedado y mágico que parecía arrastrarla a los confines. Se aferraba a un vestigio de ternura en un coloquio íntimo, a vuelo de pájaro, para inventar vivencias con palabras imaginadas.
-¡Ven a cambiar a Rubén!-se escuchó una voz.
Magdalena la estaba llamando para que fuera a atender a su hermano porque ella estaba haciendo la comida.
Había olor medicinal en ese cuarto; los eucaliptos daban sombra sobre la ventana y en el borroso espejo se veía una imagen: la madre-niña que sabía lo que era la melancolía porque alguien la había elegido para ocupar ese lugar, para servir a los demás sin pedir nada a cambio.

L.Fraix

La madurez es el momento en que uno recupera la inocencia. Marty Rubin

---------------De QUERIDA ROSAURA
                            ¿Cuánto dura el amor?
                                        La eternidad.

Amazon España
Amazon América
(e-book y papel)

Querida Rosaura (Cap II tercera parte)



Los abuelos se fueron sin haber logrado llevarse a Rosaura a quien veían como una especie de niña sudafricana y huérfana, mal alimentada y sin ropa. Pero no era así. Magdalena se desvivía por cocinar lo mejor o lo que más le gustaba a ella, tejía mucho y Rosaura tenía también vestidos costosos y de buen gusto que le regalaba su madrina Isabel. Era una niña fina en medio del terreno agreste, con el alma ebria de tanto beber lágrimas.
El tío Agustín, quien era un artista, se encargaba de darle educación antes de que le tocara ingresar al colegio. La pequeña Rosaura ya sabía las letras y los números de memoria, escribía el nombre e intentaba leer junto al fogaril en las noches de invierno cuando la vida estaba hecha de colores.



El 12 de octubre de 1928, Irigoyen prestó por segunda vez el juramento constitucional. Llegaba nuevamente a la presidencia, pero las circunstancias no eran las mismas del año 1916.
Su salud estaba quebrantada; su partido se había dividido. La crisis mundial se insinuaba ya con evidencia.
El descontento sucedió rápidamente al entusiasmo inicial. La oposición comenzó a organizarse; se acusaba al presidente de descuidar la administración pública y de dilatar la solución de los problemas más urgentes; a sus colaboradores de mantenerlo “rodeado” y al margen de la realidad política del país.
“Cuando un pueblo tiene personalidad propia y un alma nacional formada por el conjunto de sus tradiciones históricas, y permanece unido por ideales comunes, costumbres e idioma, constituye una verdadera Nación.”



En la hacienda de campo, cercada, con la casa de labor y los establos respectivos, Magdalena estaba esperando un bebé. Juan seguía escapando hacia el granero para observar las plantas gramíneas con espigas y semillas molidas y también para no escuchar al abuelo José. Se sentía preso y alborotado en una jaula, con las alas maltrechas, y cansado de tanto golpear las rejas.

Rosaura se hallaba feliz con la llegada del hermanito a quien veía como un muñeco para jugar, pero ya le tocaba ir al colegio. El hecho de sentarse en los bancos de las aulas de la escuela 230 Paula Albarracín le daba mucha ansiedad y emoción; aunque entendía que al principio se aburriría mucho porque ella ya sabía leer y escribir. El tío Agustín le había enseñado; Magdalena se lo agradecía de corazón. Había descubierto a un hermano dispuesto a colaborar, noble, un ejemplo de rectitud como lo era Juan, su esposo.

Los útiles que Rosaura tuvo que llevar el primer día de clases fueron los justos y necesarios, pero también los de mejor calidad. Magdalena no quería que su padre hiciera un solo comentario, por eso para estas ocasiones buscaba el dinero que tenía enterrado bajo las chapas del galpón. Ella sabía que había que darle importancia a la educación, aunque el destino le indicara que tenía que dejar sus huesos cautivos entre la vegetación y los trinos.


El tío se subió al sulky y acercó al colegio a Juan José y a Rosaura; les dijo que se portaran bien, que el más grande cuidara del más chico y que a la salida volvería a buscarlos, pero, al pasar las horas, quien se presentó frente al instituto en su automóvil Nash fue José Shalli. El abuelo, altanero como pocos, pensó en tener un buen gesto despojado de toda soberbia. No le salía bien.
-Vengo a llevar a los niños para la casa.
-Padre, con todo el respeto, yo he venido a recogerlos-dijo Agustín alterado porque sería reprendido por Magdalena sino cumplía con lo acordado.
-Eres necio.
-Padre, no me obligue…
-Eres un inepto que no te sabes ganar la vida, no hables con derechos porque no los tienes. Yo soy el abuelo y merezco disfrutar de mis nietos.
-Magdalena no quiere que los niños se acostumbren a una vida que ella no les puede dar. A Juan José y a Rosaura no les falta nada, comprenda…
-Abuelo.-dijo Juan José.-Otro día lo voy a visitar pero ahora tenemos que volver al campo porque mamá se va a preocupar.

El tío los tomó de la mano y en silencio se subieron al sulky para regresar a la granja. José Shalli tuvo que guardarse el orgullo y sus discursos cristianos para otro momento. Su hija ya era una mujer que tenía dominio y poder. De qué se quejaba si él la había educado así; solamente, a su criterio, se había equivocado en la elección del marido a quien consideraba un blando portador de cansancio.

De---Querida Rosaura
         ¿Cuánto dura el amor?
                              La eternidad.

"El corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás el perdón"( Honoré de Balzac)

 


Daniel Ridgway Knight



¿Rosaura era feliz?

Sí... a pesar de los egoísmos de su madre y de todas las obligaciones que tenía que cumplir.
Frente al farolito de puerto, Magdalena pasaba las noches con sus labores junto a Rosaura que hacía los deberes sobre una mesa antigua de nogal. Los perros ladraban y ellas se sobresaltaban... Tenían miedo.

A los doce años ya lavaba pisos, preparaba comida para los peones, criaba gatos, perros y gallinas y obedecía ciegamente a su madre.
-Las noches se arman de sueños, sabes-le decía a Milo que la miraba arrobado con un sopor de felino aniñado.-En el cielo está Santiago que llora porque quiere regresar; en ese momento tiembla la tierra y se desprenden los cristales para formar nuevas estrellas donde irán a vivir otros bebés.
Ella recordaba siempre a su hermanito que había fallecido a los seis meses. "Muerte en la cuna" se llamaba lo que le había pasado...

En ese mundo incierto veía culminar sus días enredada en la vertiginosa telaraña tejida por Magdalena; sin embargo, ella la amaba muchísimo. Imaginaba la inasible ternura de una madre quebradiza que gobernaba con la victoria de un rey que no comprendía las necesidades de una familia.
Era tierra de gringos, de campeadores con aperos y cuchillos; el lugar que le habían donado los antepasados. La simiente de las nuevas eras donde los gauchos habían dejado sus glorias y sus vestiduras para disfrazarse de caballeros. La identidad de los campos arraigada a la lucha por conservar el suelo, la unión de los chacareros, la solidaridad entre las colonias que se consideraban vecinas.

Amazon España.
Amazon América.
http://a.co/bCX3P8t

QUERIDA ROSAURA ¿Cuánto dura el amor?
La eternidad.


"El corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás el perdón."'- Honoré de Balzac.

Querida Rosaura (Cap II segunda parte)

 


Ella se ponía a preparar la cena sin escuchar, como era su costumbre, los reclamos de su esposo que ya no sabía qué hacer con la terquedad de Magdalena. Por momentos pensaba qué los unía en el matrimonio, por otros sentía que nada los separaba. Estaban acostumbrados a estar juntos sin esperar respuestas, con la pálida alegría de las presencias y la seguridad de pisar suelo firme.

“El amor crece con los años y cada uno ejerce la custodia del otro, sin presiones y con todos los riesgos”, pensó Juan con la mirada extraviada entre las matas porque veía que algo se movía… Era Juan José que había construido, en la maleza, una especie de huta para aguardar a las liebres que pasaban por el camino y echarle los perros.

Su padre, al verlo alborotar los pastizales, comenzó a reírse pues le daba gracia la ocurrencia de aquella “cosa” que removía la tierra.
-Que sea feliz-dijo como si en la casa se librara la guerra contra la esclavitud.
Como viento que gira en grandes círculos y a modo de torbellino, se acercaba José Shalli e Isabel. Venían por el camino polvoriento barrido por el fuego de los payadores y por el juramento de los chacareros.  Los abuelos llegaban a desbaratar la paz con una palabra, con todos los esquemas establecidos y una sola identidad.

-¡Están de vuelta!-dijo Magdalena enojada desde la cocina entre las verduras y legumbres, con las manos húmedas y el delantal a medio camino.
Juan escapó por la puerta de atrás porque no soportaba las ínfulas de su suegro que lo hostigaba con sus ojos. Se sentía desnudo cuando esa mirada se posaba en su cuerpo.
-Cuándo voy a llegar a una fonda lujosa.
-Nunca, papá, deje de atormentarme, quiere…
-¿Hay que pagar para estar de huésped?
-Por favor. ¿Qué necesitan?

Rosaura corrió a subirse a la falda de su abuela Isabel como tratando de buscar abrigo en ese cuerpo embriagador. Era bueno tener un refugio con la pureza y la figura agigantada de una madre.
La hornacina ardía con su fuego igual que el corazón de Magdalena que estaba a punto de estallar de ira ante los gestos de su padre. Esa voz entonaba las sílabas de manera brusca y catedrática.
-Vamos a llevar a Rosaura al pueblo para que se alimente bien.
-Esto es el colmo del absurdo. La niña se queda con sus padres. ¡A quién se le puede ocurrir!
-No ves que está temblando -dijo Isabel que sostenía a Rosaura acurrucada en su regazo.
-¡Se queda acá!-gritó Magdalena harta de soportar a su padre y su manera despectiva de tratar a su familia.
Rosaura miraba a Magdalena como quien ve a una santa a punto de ser ultrajada porque la amaba muchísimo. La veía defender su dignidad con el poder de una soberana dueña de sus propias leyes.
-Hola… cómo le va, abuelo-dijo una voz desde la puerta.
Era Juan José que se acercó al dintel con tres palomas y una liebre muerta que arrastraba por las orejas.
-¡Un conejo!-dijo Rosaura.
-Vete para el galpón con esas porquerías y con la tierra que traes…
Entre las herramientas oxidadas, tembloroso y descolocado, Juan José encontró a su padre.
-¿Le tiene miedo al abuelo?-le preguntó el niño.
-No, hijo, es que tenemos diferentes pensamientos. Él es un hombre muy rico.
-Y eso que tiene que ver.
-Bueno, no acepta nuestra manera de vivir.
-No le haga caso, papá. El abuelo José no sabe lo que se pierde…


Juan sonrió con cierta tristeza pues había algo en él que lo retrasaba, como si en vez de avanzar retrocediera en el tiempo. Era un impedimento psicológico que lo sumergía en una cisterna y que le oprimía el pecho, un vacío existencial que lo aquietaba hasta dejarlo inmovilizado. Ni Magdalena que era de carácter fuerte podía estimular su falta de pasión. Es que estaba resignado a una vida en contienda con su propio yo al que sí necesitaba resucitar porque se hallaba medio muerto por los avatares del destino. Juan pensaba que debía hacerle frente a José Shalli porque no tenía razón pero sus palabras y los gritos del anciano lo amedrentaban, entonces huía para no escucharlo hablar necedades. Prefería estar entre los gorgojos y el olvido, quemado con el fuego de su locura, pero jamás ofenderlo.

A Juan, a veces, la arritmia le jugaba una mala pasada. Es que estaba demasiado expuesto, parecía que no le importaba su decadencia económica; sin embargo, el sufrimiento lo llevaba por dentro como un nudo que le oprimía las arterias. No podía ser libre y esa angustiosa situación lo enmudecía con la soledad de la resignación.

Free background from VintageMadeForYou