Tertulias de la abuela: el amor




Voy a compartir esta tertulia 
con un texto de autor anónimo,
espero que les guste a todos.
Bienvenidos!!!


Había una vez una isla de naturaleza indescriptible en la que vivían todos los sentimientos y valores
 del hombre: el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría y el Amor.


Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse,
entonces todos prepararon sus barcos y partieron. 
Únicamente el Amor quedó esperando solo,
 pacientemente, 
hasta el último momento.
 Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor se decidió a pedir ayuda.


La Riqueza pasó cerca en una barca lujosísima.
-Riqueza... ¿Puedo subirme antes de que se hunda la isla?- le suplicó el Amor.
-No puedo llevarte porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no queda lugar, lo siento, Amor-fue la respuesta.


Después el Amor decidió hablar con el Orgullo que piloteaba un magnífico bote.
-Orgullo te ruego... ¿Puedo subirme?


-No puedo llevarte Amor...-respondió el Orgullo. Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi bote y ¿Cómo quedaría mi reputación?


Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando:


-Tristeza..-y no pudo continuar.
-No, Amor...-interrumpió la Tristeza.-Estoy tan triste que necesito estar sola.


Luego el Buen Humor pasó frente al Amor,
 pero iba tan contento que no escuchó llamado alguno.


De repente, una voz dijo:


-Amor, te llevo conmigo.
El Amor vio a un viejo que le tendía su mano
 y se sintió tan contento y lleno de gozo que olvidó preguntarle el nombre.


Cuando llegaron a tierra firme, el viejo se fue.

(mis premios y diplomas)


El Amor se dio cuenta de cuánto le debía y le preguntó al Saber:


-Saber, ¿Quién es el viejo que me ayudó?


-Ha sido el Tiempo-respondió el Saber, con voz serena.
-¿El Tiempo, preguntó el Amor?. ¿Por qué será que el Tiempo me ayudó?


Porque sólo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el Amor en la vida.


"Quizá el tiempo nos separe algún día
pero la inmensidad de este amor
servirá para vivir con su recuerdo"

C.D



La edad de la inocencia




Bariloche (argentina) es el destino con el que sueñan los estudiantes cuando terminan la secundaria. Para muchos es su primera vez en el sur, pero no la última. Sus paisajes, el encanto de ser una ciudad con ambiente de pueblo y la adorable levedad de la adolescencia hacen que su recuerdo sea para siempre.


Ese sueño, ese repiqueteo impensante de tambores, el brillo de los haces de luz que se hacían añicos contra la bola de los espejos que daba vueltas y vueltas en el aire... las montañas heladas, el cielo protector... eso fue, es y será Bariloche. Aunque hayan pasado mil años y no haya nada que festejar.


Hay que volver al pueblo como todavía llaman los lugareños a Bariloche, dejarse tentar por los chocolates que ofrecen las tradicionales fábricas artesanales de la región, para darse cuenta cuánto ha cambiado todo y cómo aquello que resultó deslumbrante la primera vez sigue siéndolo, acaso más ahora que la excitación de la juventud, el más divino de los tesoros, quedó atrás.


Los paisajes de Bariloche no se repiten, 
no importa cuántas veces se haya ido a la ciudad.

Frente a los ojos siempre hay colores nuevos, formas que por la noche
son amarillas, marrones, verde musgo
y por la mañana, después de una silenciosa nevada,
son blancas.



Son maravillosos los paisajes de ensueño
que se ven desde la ladera del cerro.


Las vivencias, ese vértigo de noches y días sin descansos, sin sueño, quedarán grabados en su memoria para cuando vuelvan.

Y volverán.

Por Ricardo Luque


Yo no fui por aquellas épocas al viaje de estudio a Bariloche
como todos mis compañeros,
me quedé porque sentía que aturdirme con aquello
no iba a compensar las horas de vacíos 
que sufrí en mis años escolares.

Tenía pocas amigas
y ellas tampoco fueron...


EL EDÉN PERDIDO

Abrí mis ojos
y una luz con destellos mágicos
inundó mis entrañas.
El cielo diáfano
cubrió cálidamente mis párpados
y la brisa sin movimiento
sonó dentro de mi corazón.
Engañosa ilusión
que nubló mis ojos...
ante tu luminosa figura
mientras los corazones esperaban
vivir esa sabia sensación de plenitud
entre ficción y realidad.

No sé adónde conduce la razón
que ondea soberana
tras la nitidez del gesto,
que transforma en hechizo las palabras.
Es como un invierno de luces,
como un copo de nieve blanca...
como el clímax del amor intenso
que vive en el fondo mismo de la entraña.

Con frenesí trato de escapar
pero quedo acorralada por tu fuego,
entre la niebla de mis ideas
y la fascinación, casi obsesiva,
de mis ensueños.

Poema que escribí en mi adolescencia.


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