Buenas noches santa bohemia


Doña Emma dejaba la vida en sus propias leyes.
Felicitas, su hija, amontonaba silencios, preguntas sin respuestas, enigmas inconclusos... para después. Sabía que su madre podría culparla, dejarla sola con sus amores viejos y obligarla a emigrar.

Su madre no era perfecta y guardaba secretos inconfesables.
Lo prohibido era lo deseado. 
En aquella pampa argentina la santa paz era sólo una pincelada entre el abandono y la pasividad.

El camino de la noche se tornaba eterno cuando se perdía con su caballo buscando la libertad del olvido.

Algún día todas ellas serían extrañas mujeres que se mirarían en un cristal roto; cada una con un morral pesado que cargar y el deseo de encontrar un rincón abrigado, pedirán perdón por los errores cometidos.

Buenas y Santas...

Los hijos olvidados.

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Querida Rosaura, querida dama...

 



Rosaura necesitaba vivir un poco, pero nació para servir.

En la pampa gringa donde caminó sus primeros pasos fue la niña-ángel, la que cuidó de todos a pesar de ser pequeña, y cuando creció bajo esos vientos de agua siguió su camino, el que le trazó su madre.

Fue el amor personificado; su sacrificio de mujer marcó el tiempo de espera cuando, por un capricho de la vida, dejó de ser la novia solitaria.

Querida Rosaura, querida dama.

Solamente necesitabas vivir un poco.

Querida Rosaura
¿Cuánto dura el amor?
La eternidad.
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