Tertulias de la abuela: la primavera




PRIMAVERA

en el hemisferio sur.


Recuerdo primaveras muy felices y otras no tanto...
La esperanza invadía un mundo
en donde la música encontraba sus horarios,
yo era cuidadosa y solidaria,
espiritual...


Me abandonaba a las ideas intelectuales con mi mirada
pulcra de joven rebelde y solitaria.
No veía a la gente
porque soñaba con una de mis grandes obras:


encontrar un amor verdadero que llenara los huecos vacíos
con la sabiduría del equilibrio.


Dibujaba poesías, pintaba cuentos...
con un sentimiento único e irrepetible
y con el íntimo deseo de permanecer a la vera
de los días,
razonablemente feliz...


Existía una historia demasiado adulta
que me esperaba entre libros y patios


con un jardín de pétalos chinos y de golondrinas.



Yo trazaba los recodos 
de mi casa colonial y en la periferia
de un Arca poblada de gatos me dormía
para seguir soñando...


Velando sueños en compás de espera
recuerdo del alma, el sol te ampara,
los ángeles duermen cerca de la sala,
la noche presiente la clara mañana.
Brilla la luz, las flores blancas
iluminan los ojos de otra madrugada.
El tiempo vuela, la vida mansa,
los árboles en mi patio cantan
un murmullo tenue de sombra plateada.
Añorando otro cielo me veo olvidada
desde la eternidad y sin tu palabra.
Se tejen misterios, pétalos de nácar,
arrullan palomas, se vuela mi alma.
Caminan mis pasos, los días... la nada
al encuentro de un amor que todo lo daba
y hasta parece que el destino te enviara
para dibujar el mundo, esta alborada.

Luján Fraix



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