viernes, 15 de abril de 2022

El silencioso grito de Manuela (Cap III-primera parte)



Después de terminar el colegio secundario a destiempo por la enfermedad, Letizia se enamoró de José Rodríguez.
Ella necesitaba volar de la persecución de Manuela pero ese amor le trajo más problemas y el acoso injustificado de una madre que no sabía simplificar las cosas.

-Morirás en esta prisión-decía Manuela desconsolada porque perdía el control de sus nervios y descuidaba a Encarnación que ya no estaba en cautiverio porque había conocido a alguien que iluminaba su torpeza de adolescente contradictoria.
Un paredón se elevaba entre las hermanas que se ahogaban…, una en la fe de Dios, otra en las pasiones terrenales.

Julián estudiaba a los candidatos que jugaban a conquistar; taimados, ignorantes, crueles o bondadosos eran observados como animales de presa con miedo o lástima.
En ese palacio de salas hexagonales, parecían hombres de piedra con todas las presiones de las dinastías. ¿Por qué tanto sacrificio? No había tiempo para enmendar errores porque estaban expuestos hasta sus pensamientos. Las bayonetas de Julián destrozaban la piel de esos hombres que no abandonaban la espada.

Letizia les servía jerez a cada uno y se sentaba a esperar respuestas, pero sólo hallaba miradas desgastadas y vigilantes. Manuela surgía desde las ignominias del castigo para pecar de soberbia aunque todos se daban cuenta de sus limitaciones.
La vida estaba cambiando con las generaciones pero el oprobio de los días se volvía crónico y definido por las distancias que se acortaban.

Para Manuela lo inasible era perder, entre lo real y lo imposible estaba la fobia escrita con la palabra “adiós”, el sermón entre sus labios apretados, la espera, el perdón como la única manera de salvarse.
Letizia salía, a menudo, con su novio agricultor; Encarnación la acompañaba, por pedido de Manuela, después ya no quiso soportar el tedio que le causaban esos dos enamorados. Ella también escribía su historia con desenfreno, entusiasmo, sin tanta magia porque sus pies estaban en la tierra.
-¡Ya no necesito tener coraje, soy valiente, tengo poder cuando todos se debilitan, sé reconocer el vértigo de la libertad y de la transgresión, no vivo en el pasado aunque esté entre cuatro paredes!-decía Encarnación a los gritos frente a un desmantelado espejo en el ala derecha del caserón de su abuela Francisca.

-Niña, calla, deja esa pantomima y compórtate como una señorita.
-Como una señorita boba, dirás.
-Eres una niña bien educada y debes demostrarlo…
-¡Soy una mujer!
A la abuela le resultaba imposible intimar con ella porque cercenaba cada uno de sus consejos con su forma de ver la realidad: un presente que sus padres querían imponerle a fuerza de presiones y de amenazas.


jueves, 14 de abril de 2022

El silencioso grito de Manuela (Cap II-quinta parte)

 



Sin embargo, a los quince años tuvieron que operarla por un problema que quedó puertas adentro. Fue trasladada desde Barbastro a Italia para la cirugía que, según los facultativos, era demasiado compleja.

Letizia se recuperó rápido porque esos nuevos aires la alejaron del control de su madre. Julián, quien la acompañó en el viaje, superó las expectativas pues se comportó como un padre contenedor que arrojó luz sobre los oscuros pensamientos de su hija, de la sociedad morbosa y de su círculo familiar. Sumergida en la medianía de una ciudad diferente, Letizia parecía haber crecido por esa experiencia triste que el destino le impuso sin estar preparada.

Manuela hablaba poco del tema pero dirigía su mirada a Encarnación que le alteraba los ánimos con su alboroto. Sus pupilas dilatadas hacían de esos ojos un abismo tan impenetrable como su alma abandonada al castigo de los miedos. Ella seguía siendo una criatura que sufría el desamparo de la muerte en conexión con la supervivencia. La Inquisición habitaba su vieja casona y quería devastar su futuro incierto.
Mientras cocinaba los buñuelos de acelga empapada con sus lágrimas, las hornallas se apagaban… Las horas transcurrían en monosílabos completos hasta la noche cuando, sentada frente al retrato de Rocío, oraba con el rosario de perlas en las manos. Existía tanta nada a su alrededor, simplezas y lujos, la incapacidad completa… A Manuela le parecía escuchar los grillos de la gata Máxima, las chicharras en los veranos de su infancia, los zorzales de los cuentos… Sentía el desapego del amor que se alejaba hacia un fin esperado y vivido de antemano.


Esa noche, Manuela no pudo descansar. Se recostó en la cama con la memoria desganada y miró los tirantes de madera, donde alguna araña había petrificado los cristales de la lámpara. Ella sabía que Letizia estaba por regresar porque el miedo, con sus vahos, se había colado por los pliegues de los herrajes, en los muros y en la crueldad de los sonidos noctámbulos. Cada día le recordaba una próxima separación.
Permaneció sentada bajo la montaña de escombros, ceñida a su esqueleto y emitiendo juicios como si eligiera las muertes con sus víctimas. El miedo era su verdad y la quebrantaba igual que si estuviera esperando un invierno más crudo, más anciano, pero endiablado por su furia. Manuela podía adivinar los pasos del futuro, la luz al final y el carrusel; muchos secretos aún no develados pero latentes.

¿Algún día terminaría la tortura de ser mártir?
El escalofrío de su cuerpo le decía que nadie volvería a pisar la tierra y se congelarían las tumbas de tanta indiferencia.
Manuela percibía que algo la derribaba frente a Dios. Ella lo amaba humildemente como su sierva pero no podía asumir las pérdidas; decía que allá, en el paraíso, estaría mejor pero en el fondo deseaba ser inmortal. El hecho de que algún día desaparecería de la faz del mundo era un tema difícil e inaceptable cargado de interrogantes que se fracturaba con las oraciones y le mostraba un edén posible. Exponía los salmos que le resultaban inconclusos porque no alcanzaban para suplir el desorden existencial en el que se hallaba perdida.
El miedo era tan fuerte que la paralizaba porque ya no podía dignificar los santos credos, aunque, a veces, la rescataban de la insensatez y aclaraban la desidia de su memoria.

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Un libro es maravilloso (para mí), es alma... y perdura en el tiempo y pasa de generación en generación dejando al menos algo de su autor.


sábado, 2 de abril de 2022

El vacío del alma suele ser más cruel que todas las batallas

 

PUERTO soledad
La guerra de Malvinas
-1982-


PRIMER COMBATE

 

Tiempo…

Arquitecto de horas doradas y de vuelo de lágrimas,

 deja la guerra para otro tiempo que no es el tuyo,

alumbra…

Cobija tus párpados en la prisión de tu encierro:

trae la sabiduría de la lucha,

lleva el grito inesperado de la herida

 y camina muy despacio…

para que podamos seguir viviendo.


LA MARGINACION

  

¿Tranquilidad de una vida absurda o delirio de un olvidado?

Emilio no podía volver a nacer pero estaba a punto de abandonar un terreno que lo llevaba por un túnel de víctimas, mojado con los pies hinchados, soportando la tristeza como un ser que se escapaba de la corrupción. Sabía que tendría dificultades para sentirse vivo en un círculo demasiado indiferente pero gritaba con toda la voz sin rendir cuentas:

‒¿Dónde estoy?¿Quiero seguir?

Esas preguntas retóricas no esperaban contestación porque no estaban dirigidas a nadie en particular; eran sólo el retorno, sin pausa y sin límite, a los días de retiro en un absurdo cielo sepultado bajo la tierra.

Los espectros de sus amigos con las piernas amputadas hablaban dentro de sí mismo; esas verdades aumentaban más la angustia que era tan grande y venía cargada de una época que no entendía de cobardías.

Emilio vegetaba de a ratos; tejía una tela de relatos sin fin y veía, en la calma después de aquella tempestad, a un oficial arrancándose las insignias para pasar por soldado y no ser prisionero. El horror se mezclaba con el estupor en un espacio residual, bajo las estrellas y frente a un mar enemigo. Él buscaba risas, emociones y oxígeno en la paz de la siesta para conformarse y ver un destino límpido. Hubiera querido enfrentar a los hombres que lo llevaron a las sombras, identificar sus escudos e insultarlos hasta caer rendido pero su apatía lo expulsaba de la batalla y lo dejaba casi sin razonamiento, libre de pecado, como una cruz en la soledad del sur, desnudo…

Su mirada no respondía a los interrogantes de quienes compartían su presencia díscola de militar sin graduación inmerso en un pasado de cadáveres. Se dormía para no llorar, tiritaba abrumado por las pesadillas pero sabía que debía continuar: resistir la obligada disputa de la supervivencia. Él era frágil pero inteligente, dueño de los secretos que le daban miedo y de una tristeza que le quitaba fuerzas.

El vacío del alma suele ser más cruel que todas las batallas.

El soldado en el escritorio-biblioteca comenzó a ver, a través de una niebla, un futuro que podría llegar a ser posible y que, tal vez, cambiaría su vida: la verdadera guerra.

 


Emilio Torres terminó de leer La Muralla China. Franz Kafka fue un autor de obras extrañas por la profundidad de sus ideas. Escribió para defenderse de sí mismo, encerrado en un presente visiblemente real de personajes que hablaban por la inhumana lucidez del pensamiento. Sus obras representan, en términos surrealistas, los terrores y frustraciones de la vida moderna que abruman a las personas atormentadas.


2 de abril.
Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas
Un homenaje sentido para todos ellos.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Buenas noches santa bohemia


Doña Emma dejaba la vida en sus propias leyes.
Felicitas, su hija, amontonaba silencios, preguntas sin respuestas, enigmas inconclusos... para después. Sabía que su madre podría culparla, dejarla sola con sus amores viejos y obligarla a emigrar.

Su madre no era perfecta y guardaba secretos inconfesables.
Lo prohibido era lo deseado. 
En aquella pampa argentina la santa paz era sólo una pincelada entre el abandono y la pasividad.

El camino de la noche se tornaba eterno cuando se perdía con su caballo buscando la libertad del olvido.

Algún día todas ellas serían extrañas mujeres que se mirarían en un cristal roto; cada una con un morral pesado que cargar y el deseo de encontrar un rincón abrigado, pedirán perdón por los errores cometidos.

Buenas y Santas...

Los hijos olvidados.

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jueves, 10 de marzo de 2022

Querida Rosaura, querida dama...

 



Rosaura necesitaba  vivir un poco, pero nació para servir.

En la pampa gringa donde caminó sus primeros pasos fue la niña-ángel, la que cuidó de todos a pesar de ser pequeña, y cuando creció bajo esos vientos de agua siguió su camino, el que le trazó su madre.

Fue el amor personificado; su sacrificio de mujer  marcó el tiempo de espera cuando, por un capricho de la vida, dejó de ser la novia solitaria.

Querida Rosaura, querida dama.

Solamente necesitabas vivir un poco .

Querida Rosaura
¿Cuánto dura el amor?
La eternidad.


ARGENTINA
-1923-

LA PROBLEMÁTICA SOCIO-ECONÓMICA DE LOS ARGENTINOS EN ESOS AÑOS.
¿CÓMO VIVÍAN LOS AGRICULTORES HUMILDES EN LAS PAMPAS DEL SUR?

Rosaura Waner fue una persona que no supo disfrutar ni entender la vida. Se entregó a los demás como si tuviera que cumplir una misión.

Amó a su madre Magdalena quien reprimió, desde niña, sus deseos más queridos; la obligó a ser una mujer ya llevar sobre sí las cargas de un adulto.

No disfrutó de los momentos por encontrarse inmersa en un pasado que le dejó secuelas honda: la muerte temprana de Magdalena y la de su hermano Juan José de treinta y cinco años. Si su madre no hubiera fallecido, ella no se hubiera casado.

Rosaura vivió para llorar de la mañana a la noche a sus muertos, para velar por su hermano menor, Rubén, hasta el último día. A María, su hija, la cuidó como un tesoro que le costó mucho concebir. Sintió terror por su salud porque conoció de memoria el sabor de las ausencias; ahogó su juventud con reclamos absurdos y extendió la doctrina de su madre hasta el final de su historia. Según sus propias palabras amó a un Dios que le arrebató la vida.

¿Puede una mujer vivir para los demás solamente para ser querida, quedarse detenida en el pasado llorando a sus muertos e ignorar, de alguna manera, a su esposo e hija?

¿Cuál será el porvenir de mi pasado?
José E. Pacheco

domingo, 27 de febrero de 2022

La Patagonia rebelde, la Patagonia argentina

 


De repente, se escucharon unos gritos que venían desde la calle y se asomaron a mirar. Era una mujer, una india joven, que corría desesperada hacia el río. Detrás iba un hombre mayor que ella, de unos cuarenta años, que parecía amenazarla con sus insultos. La muchacha lloraba.

Frente a la puerta de la casa, se asomaron doña Ramona y su sobrina Francisca que habían estado tomando mates en el patio, tratando de refugiarse del viento.

‒Allá va Aluen, ¡pobre muchacha! Otra vez el Manuel no la deja en paz.

‒¡Es tan buena! No parece indígena, se nota que está educada por los patrones ‒respondió Francisca.

‒Es que cuando estuvo en esta casa le enseñamos algo de castellano, mientras nos ayudaba en las labores diarias. ¡Oiga, don! ‒le gritó a Pedro‒. ¿Por qué no la ayuda?

Pedro Medina salió detrás de ellos sin que se lo dijeran dos veces. Alcanzó a atrapar a Manuel que estaba algo agotado por la persecución. Pedro lo tomó del cuello de la camisa que llevaba desabrochada y le preguntó con un tono brusco y desafiante como solía hacerlo siempre:

‒¿Qué quiere con la india?

‒¡Está en mi casa! ¡Qué le importa!


‒No sé, pero sospecho que por algo se escapaba y que usted es el culpable. ¿Me equivoco?

‒Si cree que me va a intimidar porque es un soldado está muy equivocado. ¡La busco, sí! Y ya sabe para qué…

Pedro le dio un empujón y lo dejó de cabeza en el lodo, sin poder moverse, y sin reaccionar. Le dolía todo el cuerpo. Manuel era el dueño de la casa donde Aluen trabajaba por comida y por una pieza. Él tenía esposa y dos hijas, pero le gustaba aquella hermosa nativa de ojos verdes y de pelo largo. Es que era bella y frágil, manipulable, tan etérea como un ángel, indefensa pero brava.

Pedro la buscó, pero ella se ocultó en la iglesia.

Manuel había escuchado que don Guardiola había perseguido hasta el cansancio a la negra Juana.

Te daré tu libertad a cambio de unos favores.


La Patagonia rebelde, la Patagonia argentina

💦

Aluen

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-LA COLONIZACIÓN DE LA PATAGONIA ARGENTINA-
-LOS INDIOS TEHUELCHES-

Había una vez… una patria olvidada que se transformó en un nuevo hogar para muchos aventureros del mar. Sabían de los vientos y del frío, del peligro de enfrentarse a los pueblos indígenas, pero nada fue un obstáculo para hallar un horizonte para sus hijos.

¿Quiénes habitaban esas tierras?

La historia de Aluen-india tehuelche-es el reflejo de la lucha y la superación, de la soledad y del respeto por los ancestros. Ella sufrió el acoso y tuvo valor, le robaron a un hijo y encontró el amor en Pedro Medina en Fuerte del Carmen, un soldado del cuerpo de Artillería. Aluen fue víctima, pero se enfrentó a su tío Namba, cacique tehuelche, en busca de su hijo.

¿Cómo se actúa frente a una situación límite cuando todos los que dicen quererte y prometen ayudarte, de repente, desaparecen?

Ella enfrentó a los colonizadores y a los hombres de su misma sangre.
¡Vencida jamás!