viernes, 15 de abril de 2022
El silencioso grito de Manuela (Cap III-primera parte)
jueves, 14 de abril de 2022
El silencioso grito de Manuela (Cap II-quinta parte)
sábado, 2 de abril de 2022
El vacío del alma suele ser más cruel que todas las batallas
PRIMER COMBATE
Tiempo…
Arquitecto de horas doradas y de vuelo de lágrimas,
deja la guerra para otro tiempo que no es el tuyo,
alumbra…
Cobija tus párpados en la prisión de tu encierro:
trae la sabiduría de la lucha,
lleva el grito inesperado de la herida
y camina muy despacio…
para que podamos seguir viviendo.
LA MARGINACION
¿Tranquilidad de una vida absurda o delirio de un olvidado?
Emilio no podía volver a nacer pero estaba a punto de abandonar un terreno que lo llevaba por un túnel de víctimas, mojado con los pies hinchados, soportando la tristeza como un ser que se escapaba de la corrupción. Sabía que tendría dificultades para sentirse vivo en un círculo demasiado indiferente pero gritaba con toda la voz sin rendir cuentas:
‒¿Dónde estoy?¿Quiero seguir?
Esas preguntas retóricas no esperaban contestación porque no estaban dirigidas a nadie en particular; eran sólo el retorno, sin pausa y sin límite, a los días de retiro en un absurdo cielo sepultado bajo la tierra.
Los espectros de sus amigos con las piernas amputadas hablaban dentro de sí mismo; esas verdades aumentaban más la angustia que era tan grande y venía cargada de una época que no entendía de cobardías.
Emilio vegetaba de a ratos; tejía una tela de relatos sin fin y veía, en la calma después de aquella tempestad, a un oficial arrancándose las insignias para pasar por soldado y no ser prisionero. El horror se mezclaba con el estupor en un espacio residual, bajo las estrellas y frente a un mar enemigo. Él buscaba risas, emociones y oxígeno en la paz de la siesta para conformarse y ver un destino límpido. Hubiera querido enfrentar a los hombres que lo llevaron a las sombras, identificar sus escudos e insultarlos hasta caer rendido pero su apatía lo expulsaba de la batalla y lo dejaba casi sin razonamiento, libre de pecado, como una cruz en la soledad del sur, desnudo…
Su mirada no respondía a los interrogantes de quienes compartían su presencia díscola de militar sin graduación inmerso en un pasado de cadáveres. Se dormía para no llorar, tiritaba abrumado por las pesadillas pero sabía que debía continuar: resistir la obligada disputa de la supervivencia. Él era frágil pero inteligente, dueño de los secretos que le daban miedo y de una tristeza que le quitaba fuerzas.
El vacío del alma suele ser más cruel que todas las batallas.
El soldado en el escritorio-biblioteca comenzó a ver, a través de una niebla, un futuro que podría llegar a ser posible y que, tal vez, cambiaría su vida: la verdadera guerra.
Emilio Torres terminó de leer La Muralla China. Franz Kafka fue un autor de obras extrañas por la profundidad de sus ideas. Escribió para defenderse de sí mismo, encerrado en un presente visiblemente real de personajes que hablaban por la inhumana lucidez del pensamiento. Sus obras representan, en términos surrealistas, los terrores y frustraciones de la vida moderna que abruman a las personas atormentadas.
Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas
miércoles, 23 de marzo de 2022
Buenas noches santa bohemia
Buenas y Santas...
Los hijos olvidados.
jueves, 10 de marzo de 2022
Querida Rosaura, querida dama...
Rosaura necesitaba vivir un poco, pero nació para servir.
En la pampa gringa donde caminó sus primeros pasos fue la niña-ángel, la que cuidó de todos a pesar de ser pequeña, y cuando creció bajo esos vientos de agua siguió su camino, el que le trazó su madre.
Fue el amor personificado; su sacrificio de mujer marcó el tiempo de espera cuando, por un capricho de la vida, dejó de ser la novia solitaria.
Querida Rosaura, querida dama.
Solamente necesitabas vivir un poco .
domingo, 27 de febrero de 2022
La Patagonia rebelde, la Patagonia argentina
De repente, se escucharon unos gritos que venían desde la calle y se asomaron a mirar. Era una mujer, una india joven, que corría desesperada hacia el río. Detrás iba un hombre mayor que ella, de unos cuarenta años, que parecía amenazarla con sus insultos. La muchacha lloraba.
Frente a la puerta de la casa, se asomaron doña Ramona y su sobrina Francisca que habían estado tomando mates en el patio, tratando de refugiarse del viento.
‒Allá va Aluen, ¡pobre muchacha! Otra vez el Manuel no la deja en paz.
‒¡Es tan buena! No parece indígena, se nota que está educada por los patrones ‒respondió Francisca.
‒Es que cuando estuvo en esta casa le enseñamos algo de castellano, mientras nos ayudaba en las labores diarias. ¡Oiga, don! ‒le gritó a Pedro‒. ¿Por qué no la ayuda?
Pedro Medina salió detrás de ellos sin que se lo dijeran dos veces. Alcanzó a atrapar a Manuel que estaba algo agotado por la persecución. Pedro lo tomó del cuello de la camisa que llevaba desabrochada y le preguntó con un tono brusco y desafiante como solía hacerlo siempre:
‒¿Qué quiere con la india?
‒¡Está en mi casa! ¡Qué le importa!
‒No sé, pero sospecho que por algo se escapaba y que usted es el culpable. ¿Me equivoco?
‒Si cree que me va a intimidar porque es un soldado está muy equivocado. ¡La busco, sí! Y ya sabe para qué…
Pedro le dio un empujón y lo dejó de cabeza en el lodo, sin poder moverse, y sin reaccionar. Le dolía todo el cuerpo. Manuel era el dueño de la casa donde Aluen trabajaba por comida y por una pieza. Él tenía esposa y dos hijas, pero le gustaba aquella hermosa nativa de ojos verdes y de pelo largo. Es que era bella y frágil, manipulable, tan etérea como un ángel, indefensa pero brava.
Pedro la buscó, pero ella se ocultó en la iglesia.
Manuel había escuchado que don Guardiola había perseguido hasta el cansancio a la negra Juana.
‒Te daré tu libertad a cambio de unos favores.
La Patagonia rebelde, la Patagonia argentina
💦
Aluen








