martes, 14 de febrero de 2017

"Olimpia", de Juan R. Jiménez



Mary Cassatt



(retrato de niña)

Parece una muñeca que se ha salido de su caja. Rígida, con color que parece colorete, vivos, negrísimos y grandes los ojos, vestida ampliamente de azul. Viene a comer y luego se va a la escuela. La veo ir y venir por el camino, seria. Dispuesta, sin vacilar, nunca alegre y alegre siempre, mirando las violetas.

Juan Ramón Jiménez



sábado, 11 de febrero de 2017

Lisi Martin




"Necesitamos tener alas.
Nos muestran los horizontes de la imaginación,
nos llevan hasta nuestros sueños,
nos conducen a lugares distantes.
Son las alas las que nos permiten conocer las raíces
de nuestros semejantes
y aprender de ellos."


"Con la fuerza de nuestro amor
y de nuestra voluntad podemos cambiar
nuestro destino
y el destino de mucha gente."


"No sé cuánto durará este sueño,
pero decido vivir cada momento
como si fuera el último."


"El instante mágico de cada día nos ayuda a cambiar,
nos impulsa a la búsqueda
de nuestros sueños."


"Siempre necesitamos más milagros".


"No es necesario hablar del amor,
porque el amor tiene su propia voz
y habla por sí mismo."


lunes, 9 de enero de 2017

Mi padre






Mi padre solía pasar largas jornadas
en sus campos recorriendo los alambrados
y mirando crecer el trigo o la soja.


Se sentía como su progenitor Eduardo (mi abuelo), 
a quien amaba:
un gaucho puro de las Pampas.




En aquella soledad
podía cavilar sobre su pasado:
el trabajo arduo a que era sometido,
su madre llorando sin parar,
la vida injusta que le había tocado en suerte. . .


Sólo le importaba su caballo blanco 
y sus vacas negras. . . ,


multiplicar su dinero que no era mucho,
quería comprar una estancia
en honor a su abuela Melanie,
tan célebre en el pueblo por aquellos años.
Cuántos sueños!!!
No pensaba que tenía una esposa y una hija
que vivían casi sin él.




Recuerdo que mi padre siempre estaba en el campo
recorriendo sus sembrados.
Mi madre tuvo que cumplir los dos roles
en mi vida.
Él fue una persona muy apática,
distante,
que siempre vivió en la soledad
con su alma desgarrada por algún dolor antiguo. . .
Su mente,
atiborrada de pensamientos,
lo alejaba de los compromisos familiares.
No fue malo,
era simplemente su carácter.
Quizá no me aceptó del todo
porque deseaba un hijo varón.
Se llevó sus secretos...

Luján Fraix



sábado, 24 de diciembre de 2016

La nieta menor




Recuerdo una Noche buena
en la casa de mis abuelos Juana y Eduardo.
Yo era la nieta menor.
Estaban todos mis tíos,
de la familia de mi papá,
mis primos...

Mi abuela iba y venía de la cocina
pues estaba asando unos pollos,
yo me aburría muchísimo porque mis primos
no reparaban en mí.


Es que era pequeña, tendría cinco años,
y ellos como diez más... algunos...

Yo quería irme,
sentía una enorme soledad
en medio de ese bullicio,
en mi casa estaba más acompañada...

Aquella fue la única Noche buena que pasé
con mis abuelos
que dejó una huella en mi camino,
un mensaje,
tal vez una enseñanza.

Luján Fraix





lunes, 19 de diciembre de 2016

Esperando a "El Niño Dios"


Lizzie Mack




En la nochebuena,
cuando todos los niños permanecían dormidos,
yo solía esperar a "El Niño Dios" despierta...
A mi mamá le daba lástima
cuando miraba por las ventanas
diciendo que había escuchado ruidos...

Mi primer regalo fue una muñeca de mi misma estatura
que me regaló mi papá.
Recuerdo que, detrás de un sillón, escondida,
le corté el flequillo creyendo que le crecería...
Luego lloré mucho
cuando me di cuenta de que la había arruinado.

Aquellas ilusiones que viví
en Nochebuena por aquellos años
fueron como el principio de las cosas,
el génesis,
como ver a Dios.



Luján Fraix



sábado, 17 de diciembre de 2016

Inocencia, de Héctor Rubini




Ten Fao Lin, el hombre más viejo de la aldea, se detuvo ante la puerta de la casa de su hijo. Sentada en el umbral, su nieta Shao Tao lloraba. El anciano acarició el negro cabello de la niña, contorneó su rostro y secó una lágrima que corría por la mejilla de la hija de su hijo.

-¿Por qué, Shao Tao, lloras tan amargamente?
-Abuelo-dijo la pequeña-he oído decir que el tigre devorador de hombres ha vuelto al bosque y temo por los míos y lloro por mi padre.
-Pero tu padre jamás entra al bosque. Sólo tu madre acude allí por leña.
-Lo sé. Oh anciano! Y también lloro por mi madre.
-Pues enjuga tu llanto. Si tu madre va al bosque, la escolta tu hermano.
-Es cierto, abuelo. Pero el caso es que también lloro por mi hermano.
-Pero él, Shao Tao, es el mejor cazador de la comarca. No debes llorar, ya que Xao Lin, tu hermano, de seguro acabará con la fiera.
-No lo dudo, abuelo. Pero no cesarán mis lágrimas, ya que también... También lloro por el tigre.

Héctor Rubini (Buenos Aires)

Trabajo premiado en el concurso de Edit. Tusquets, Barcelona, España. "Relatos hiperbreves". Antología "Quince líneas"