lunes, 12 de septiembre de 2022

Personajes de novela---Rosaura

 


Rosaura Waner fue una persona que no supo entender la vida. Se entregó a los demás en un ir y venir de situaciones divididas. Amó a su madre Magdalena, quien cercenó, desde niña, sus deseos más queridos; la obligó a ser una mujer y a llevar sobre sí las cargas de un adulto.

Ella llegó a este mundo para servir...
¿A quiénes?

La niña rubia de ojos transparentes quería saber cómo los espíritus inmortales huían de los cuerpos y podían ascender a grandes alturas solamente para observar los pasos de los seres amados.

-¡Rosaura ven acá!-le gritaba Magdalena.
-Trátala con más dulzura, no ves que es pequeña-le contestaba Juan con hilo de voz.


Los abuelos, que eran personas adineradas, la veían como una especie de niña sudafricana y huérfana, mal alimentada y sin ropa. Pero no era así. Magdalena se desvivía por cocinar lo mejor o lo que más le gustaba a ella, tejía mucho y Rosaura tenía también vestidos costosos y de buen gusto que le regalaba su madrina Isabel.

¿Rosaura era feliz?

Sí... a pesar de los egoísmos de su madre y de todas las obligaciones que tenía que cumplir.

Frente al farolito de puerto, Magdalena pasaba las noches con sus labores junto a Rosaura que hacía los deberes sobre una mesa antigua de nogal. Los perros ladraban y ellas se sobresaltaban... Tenían miedo.

A los doce años ya lavaba pisos, preparaba comida para los peones, criaba gatos, perros y gallinas y obedecía ciegamente a su madre.

-Las noches se arman de sueños, sabes-le decía a Milo que la miraba arrobado con un sopor de felino aniñado.-En el cielo está Santiago que llora porque quiere regresar; en ese momento tiembla la tierra y se desprenden los cristales para formar nuevas estrellas donde irán a vivir otros bebés.

Ella recordaba siempre a su hermanito que había fallecido a los seis meses. "Muerte en la cuna" se llamaba lo que le había pasado...

En ese mundo incierto veía culminar sus días enredada en la vertiginosa telaraña tejida por Magdalena; sin embargo, ella la amaba muchísimo. Imaginaba la inasible ternura de una madre quebradiza que gobernaba con la victoria de un rey que no comprendía las necesidades de una familia.

Era tierra de gringos, de campeadores con aperos y cuchillos; el lugar que le habían donado los antepasados. La simiente de las nuevas eras donde los gauchos habían dejado sus glorias y sus vestiduras para disfrazarse de caballeros. La identidad de los campos arraigada a la lucha por conservar el suelo, la unión de los chacareros, la solidaridad entre las colonias que se consideraban vecinas.

QUERIDA ROSAURA
  ¿Cuánto dura el amor?
La eternidad.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Querida Rosaura (Cap I-3era parte)

 

 

Magdalena era rebelde y no aceptaba la pobreza; quería progresar, arreglar la casa que estaba descolorida, colocar unas cañerías nuevas y comprar algún auto. En el patio trasero donde el tío Agustín tocaba el acordeón, Magdalena criaba gallinas y luego vendía los huevos en el pueblo. El dinero lo colocaba en un frasco de vidrio y lo enterraba en el piso de tierra del galpón de las herramientas, justo debajo de un carro de lechero. Ella tenía miedo que llegaran los ladrones a robarle el fruto de su sacrificio, ese pequeño aporte que no alcanzaba para nada porque no había tregua para el consumo diario. Había que remontar hasta la cima todos los días, sin parpadear, con el deseo de regresar del desengaño para hermanarse con el mundo.

Magdalena veía cómo vivían sus hermanas en San Jerónimo Sud. A la residencia llegaba el doctor Horacio Santos a atender a la mamá Isabel que era muy frágil de salud; ellas se peleaban para recibirlo y lo acosaban con el anhelo vehemente de lograr su cariño. Él era demasiado perspicaz y suponía de antemano esos argumentos que le causaban gracia. No imaginaba rendirse ante los requerimientos amorosos de esas mujeres un tanto absurdas en el manejo de los sentimientos. Emancipadas y triunfantes parecían cobardes frente a la anacrónica prisa de quien las ignoraba y dejaba su modorra en esos patios y bajo el verde parral.

¿Por qué ellas viciaban con razonamientos fatuos las emociones y el amor? Nadie entendía el porqué de esa conducta que las precipitaba a un retiro obligado. ¡Es que eran tan especiales! Sagaces, calculadoras, ambiciosas y bonitas…, pero nada de eso alcanzaba para lograr la felicidad que las hermanas no tenían a pesar de los esfuerzos y el dinero. No sabían recorrer el camino del amor con sus etapas y sus pasos envejecidos por la sabiduría. El loco inventor de sueños le ocultaba el éxtasis que se consumía en el rubor de las candelas.
La gente de la población las conocía y ningún hombre se atrevía a acercarse a hablarles porque, seguramente, sería desestimado con un epíteto grotesco. Sólo tenían que presentar un renombre profesional: abogado, médico, arquitecto…





Para el bautismo de Rosaura eligieron a Isabel, hermana de Magdalena y muy diferente a todas. Ella era suave, dócil y cariñosa. Amaba a la niña como si fuera su propia hija; tenía deseos de protegerla porque, a pesar de ser un bebé, sentía que Rosaura se hallaba a la intemperie como si fuera huérfana. Es que Isabel veía a Magdalena fría y a Juan muy distante, eso le daba temor y, a veces, tenía la sensación de que debía suspender su matrimonio. Las manitas tibias alborotaban su sangre con besos cautivos que pedían asilo. El desgarro tenía la aspereza del llanto que se internaba en los cimientos de la casa, en las chapas de zinc de su techo, entre los gorriones y la lana de las ovejas.

José, su novio, era comerciante y vivía en Marcos Juárez (Córdoba). Isabel tendría que alejarse, después de su boda, a esa ciudad para empezar una nueva vida. Su futuro esposo era un humilde vendedor de almacén que no ganaba dinero pero que sentía mucho amor por Isabel a pesar de que José Shalli, su suegro, no lo aceptaba:


-¡Otro pobre en la familia! ¡Qué destino! Para eso las eduqué con tanto sacrificio. Si sabía me quedaba en Italia.

***

Querida Rosaura
¿Cuánto dura el amor?
La eternidad

sábado, 10 de septiembre de 2022

Querida Rosaura (Cap I-2da parte)

 



En la humilde casa recibían a todos los familiares sin distinción de clases sociales; Magdalena y Juan eran sociables y repartían sus horas entre juegos de naipes, reclamos de trabajo, noches con velas encendidas frente a un campo inhóspito y santo. Lo raro era que, por decisión de Magdalena, no aceptaban visitas de extraños por temor a ser discriminados. La pobreza dibujaba sus trazos entre los goces del silencio.

El tiempo solía ser cruel frente a las necesidades de cada uno porque nadie les regalaba nada; luchaban frente a enemigos que hablaban idiomas diferentes: la sequía, los gobiernos, la ignorancia, la facilidad para mentir, el menosprecio… La pampa parecía cubrirse con un tapete funerario que se extendía hacia el poniente sepultado por el hollín de los fogones.

Magdalena tenía varias hermanas que residían en un pueblo pequeño llamado San Jerónimo Sud. Ellas vivían en una casona con los padres Isabel San Piero y José Shalli, quienes habían venido de Italia con la finalidad de encontrar refugio y trabajo. En la Argentina habían logrado más de lo que esperaban: fortuna, un apellido ilustre, la manera de ocupar un lugar en una sociedad difícil con pocas oportunidades y muchos obstáculos. En esa casa vetusta destilaban el vino de la alegría turbados por la ambición, la opulencia y el sabor amargo de la abundancia.

José era un dictador, deux ex machina, de allí venía el genio de sus hijas; las facciones duras lo convertían en un caballero de temer, muy inteligente para los negocios pero demasiado soberbio con las personas del lugar. Con su esposa Isabel hablaban en italiano todo el tiempo, en especial cuando se enojaban entonces nadie entendía nada.
-¡Pietá!-gritaba Isabel cansada de los autoritarios modales de su esposo.

Ella tenía sesenta años pero parecía de noventa; su cara estaba delineada por surcos y contornos. Los vestidos largos con botones en la delantera le daban el aspecto de una anciana sin retorno, con las cenizas de los años sobre su cabeza, sin esperanzas ni metas. Como si todo lo que hubiera deseado en la vida lo hubiera logrado. Sólo comía y dormía como los animales que igual son felices, porque vivía a contramano tratando de hacer escalas entre los diminutos duendes que habitaban en sus espejos.



Rosaura cubierta de encajes traídos de Florencia, agitaba sus piernitas que quedaban suspendidas en el aire. Entre los marcos ovales de los retratos había un acuerdo modelado por algún alfarero alucinado. La habitación era humilde pintada con cal, el piso de madera y las ventanas con postigones que se abrían al exterior y dejaban traspasar pequeños fragmentos de sol. El tío Agustín tocaba el acordeón en el patio trasero con el traje viejo y el olor a humo de los motores de las cosechadoras.

Magdalena, la mamá, era arbitraria como su padre; siempre daba órdenes. En ocasiones y ante posibles enemigos que se acercaban a la granja, Magdalena salía a la intemperie con una escopeta y tiraba tiros al aire para que los ladrones huyeran del distrito. Era brava igual que sus hermanas porque sabía que en épocas de hostilidades había que defenderse sola y hacer justicia por mano propia.
-¡Ellos o nosotros!-solía decir cuando Juan, su marido, la miraba como quien ve a un insano que no sabe qué camino tomar y elige el menos indicado.
-¡Miedoso, hombre tenía que ser!
Juan Waner era una persona sumisa, un alemán de pocas palabras, que no intervenía en los asuntos cotidianos. Iba al campo en tiempos de cosechas y criaba la hacienda que era la suficiente como para vivir con dignidad. Sabía muy bien cómo retener las horas que se quedaban suspendidas cuando se sentaba en su silla a mirar el horizonte con un mortero de palo en las manos.  Nadie podía imaginar qué pensaba por esos años porque era muy introvertido; una persona resignada a una vida prestada, sin ambiciones ni egoísmos. Juan era bueno hasta la médula e incapaz de ofender o de preocupar a alguien de su familia, pero también era tan solitario que irritaba a Magdalena. Ella, en cambio, gritaba para ahuyentar la presencia desnuda de las penas que alborotaban los calderos, en las vertientes, frente al susurro germinal de las siestas.


-¡Es que si no te quejas parece que no te importa!
-Mujer, no rezongues por lo que no tiene solución. No llueve… Ya sabes la naturaleza manda, si el gobierno no ayuda a los campesinos nada se puede hacer…
-Te resignas tan fácil.
-Ésta es nuestra vida y hay que aceptarla porque te lleva sola.

💫

Querida Rosaura
¿Cuánto dura el amor?
La eternidad

viernes, 9 de septiembre de 2022

Querida Rosaura (Cap I-1era parte)

  



I

 

Tal vez, no hubiera querido haber nacido. Nunca lo dijo, pero sufrió tanto en la vida que ese itinerario hacia un paraíso no deseado pudo haber sido un alud de turbulencias frente a un sórdido calvario.  Desde la niñez hasta su muerte, con la que peleó a brazo partido sin treguas, a la que le habló como una amiga y también como una enemiga, fue siempre pasional, emotiva, sentimental, conmovedora… Ella dejó un vacío insostenible, una presencia que mira con sus ojos verdes las almas que abandonó de este lado del camino, sin querer, obligada por un Dios al que tanto amaba.

 

Transcurría el año 1923 en Argentina con la presidencia de Marcelo T. de Alvear, quien continuó con la política de su predecesor Hipólito Irigoyen. Los chacareros formaban cooperativas agrícolas como una manera de enfrentar las posibles crisis económicas. La comunidad ferviente sentía pasión por el progreso porque sabían que podían contribuir a enriquecer el país.

Una mirada atenta sobre el campo argentino en el período de entreguerras advertía que los fenómenos sociales y económicos que lo afectaban o que en él se produjeron tuvieron una intensidad que lo distanciaba de la casi inalterada previsibilidad del medio siglo anterior. Sucesos tales como huelgas de arrendatarios o peones cosecheros, o procesos complejos como las caídas de los precios del cereal, la transformación tecnológica y laboral o la reducción notable de los puestos de trabajo producto de crisis de empleo, suscitaron la atención de todos. Sin embargo, esta dinámica conflictiva del mundo rural estaba ausente de las imágenes que el Estado y buena parte de la sociedad reproducía entre quienes no tenían una participación directa en tales fenómenos.

En ese crisol, los chacareros parecían artífices de un futuro lóbrego; sus caras negras por el polvo de todos los caminos se encendían… Se veían  lustrosas frente al sol que delineaba sus contornos de tinta. Estaban atrincherados frente a un vacío que les complicaba las ideas con sus razones incendiarias. Todos los llamaban gringos, casi de manera despectiva.


La casa era modesta de ladrillos rojos y tenía una galería sostenida por columnas de hierro con varas de lienzo tejidas. Se veía desde el llano sobre el albardón. El cielo se emparentaba con el horizonte curvilíneo: una pampa atestada por la hierba reseca a causa de las sequías. Había una extensión de tierra que parecía un parque en donde se veían macetas, malvones, un naranjo, patos, gansos, caballos y un burro, además de las vacas que comían el pasto… El fanal sesgado ante las rejas mostraba su voluta azulada. La higuera patriarcal desdibujaba el contorno del telar con sus husos y pedales y mostraba la identidad de su dueña, su destreza. El molino musitaba su dialecto anodino y dejaba los años grabados en esos murmullos de mula por la montaña mientras las gallinas picoteaban las margaritas y marcaban huellas en las siestas de verano cuando el loro Pedrito hablaba sin parar. En esa armonía de colores, la piel emergía de su estatismo para incubar sueños en cada espiga, semillas en el corazón mismo de la penumbra, piélagos en la luna…

En ese hogar no había espacio para el recreo porque había que trabajar para ganarse un lugar con el dilatado coraje que daba la avidez de las promesas. Sus moradores dejaban en el alma de quienes los conocían marcas indelebles de virtud y de moral tomadas de la dignidad de sus ancestros que con  perseverancia y resignación pudieron hacer frente a los cambios.

Rosaura vivía allí con sus padres Magdalena Shalli, Juan Waner y su hermano Juan José. La niña había nacido a los siete meses, pero gozaba de buena salud a pesar de que la medicina aún no contaba con los recursos necesarios para atender los imprevistos o situaciones que escapaban de lo común. Rosaura, rubia de ojos transparentes, en la cuna de madera con ruedas de carrito medieval, parecía pilotear una nave en medio de un mar bravío. Era una beba inquieta con un carácter extraño mezcla de rebeldía y sumisión. Todavía no sabía del abolengo y de la pobreza, de la salud y de la enfermedad, pero se rebelaba con sus gritos y sus uñitas de gato que arañaban los barrotes de su cuna alba. Era una criatura que llegaba para servir… ¿A quiénes?

En esa rara orquesta de violines, la noche suspendida le regalaba las estrellas a una espiga que renovaba las promesas.

Muchos ojos la miraban desde arriba como si esas personas vinieran desde un cielo bendito a despertar la vocación de grano y el sacrificio sin tregua.

Querida Rosaura
¿Cuánto dura el amor?
La eternidad.


jueves, 8 de septiembre de 2022

Querida Rosaura. ¿Cuánto dura el amor? La eternidad. (Introducción)

 


  
   Rosaura Waner fue una persona que no supo disfrutar ni entender la vida. Se entregó a los demás en un ir y venir de situaciones divididas. Amó a su madre Magdalena quien cercenó, desde niña, sus deseos más queridos; la obligó a ser una mujer y a llevar sobre sí las cargas de un adulto. No disfrutó de los momentos por hallarse inmersa en un pasado gris que le dejó secuelas hondas: la muerte temprana de Magdalena y la de su hermano Juan José de treinta y cinco años. Nunca pudo superar los avatares de un destino poco feliz y entonces se quedó detenida en el albor de las estrellas, en los recodos de su pobre chacra, en el tenebroso lugar de los sacrificios. Allí con Santiaguito frente a su ataúd blanco puso su andamio de claveles para postergar su futuro con el pretexto de los sueños inconclusos. Fue hermana-madre hasta su muerte. Cuando falleció Magdalena comenzó una vida prestada con un hombre bueno que la quería y una hija que fue un ángel tembloroso a quien transmitió todos sus miedos. Jamás olvidó el pasado; añoró las noches iluminadas y las espinas, la rara manera de amar, la vocación de servir por obligación o para poder ser querida… Parecía no reconocer el entorno de su nueva casa mientras los años se iban con la soledad de sus piadosas súplicas. Caminaba más rápido que el tiempo.




Rosaura vivió para el dolor, para llorar de la mañana a la noche a sus muertos, para velar por su hermano menor, Rubén, hasta el último día. A María, su hija, la cuidó como un tesoro que le costó mucho concebir. Sintió terror por su salud porque conocía de memoria el sabor de las ausencias; ahogó su juventud con reclamos absurdos y extendió la doctrina de su madre hasta el final de su historia.
Según sus propias palabras amó a un Dios que le arrebató la vida.

              ❤

Un breve repaso por mis historias...


Querida Rosaura
¿Cuánto dura el amor?
   La eternidad

miércoles, 7 de septiembre de 2022

El auténtico violín de "El Titanic"

 

 Es la pieza más rara e icónica del malogrado transatlántico.
Wallace Hartley lo ejecutaba
para calmar a los pasajeros durante el naufragio.


El violín que sonó durante el hundimiento de "ElTitanic" alcanzó la cifra récord de 900.000 libras (1,3 millón de dólares) en una subasta realizada en la casa de pujas Henry Aldridge & Son, en Wiltshire (suroeste de Inglaterra) especializada en objetos de coleccionistas.

Se trata del instrumento que Wallace Hartley, el director de la orquesta que amenizaba en el malogrado barco para tratar de tranquilizar a los aterrados pasajeros.
Wallace, el dueño del instrumento, falleció junto con otros 1.517 pasajeros cuando el barco se hundió en 1912. El violín fue encontrado en un estuche y atado a su propietario diez días después de la tragedia. La orquesta de "El Titanic" interpretó el himno "Nearer, My god, to Thee" en un intento por calmar a los pasajeros al tiempo que estos intentaban subir en los botes salvavidas.

En la parte posterior del violín, se ve una inscripción en la que se revela que se trató de un regalo a Hartley de quien fuera su prometida, María Robinson en 1910:

"Para Wally, por nuestro compromiso".

El instrumento que salvó un par de grietas ocasionadas por la humedad se encuentra en perfecto estado, se halló en 2006 de manera fortuita en un ático en el condado de Yorkshire en manos de un dueño anónimo después de que tras la muerte de María Robinson fuera a parar al Ejército de salvación.

La madera rosa de la que está construido conserva rastros de agua salada.


-1912-

Un naufragio
El baúl de perlas.

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