domingo, 7 de agosto de 2022

Las huellas del silencio

 


Volver a ese juego infinito,

caminar las calles de arena,
tu oasis...
y sentir frío
como gota de mar en el alma.

Arrojar las huellas
en algún espejo roto
tras esconder mi sombra.

Llevar el misterio
                        como pretexto
para descorrer la inocencia,
sostenida por el asombro
de un verso que ilumina
cuando la vida calla...


Luján Fraix



La Novia---¿Ella regresó por el amor que sentía o por otra causa?

En su dulce y silencioso grito estaba el ayer como huella, una marca de los años que no la dejaba respirar... Atrás había dejado su esclava incomprensión cuando los duendes la rodeaban para releer la antología dibujada en su mente. Ella era novia todavía...


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sábado, 6 de agosto de 2022

“En ausencia se juzgan diferentes las cosas.” Diego Hurtado de Mendoza

 

La mujer del velo no quería cargar con la culpa de los mediocres y de los tibios, no podía ser cómplice ni testigo pero arrastraba, pesadamente, palabras dulces, ridículas, que evocaban antiguos veranos, risas y encuentros de amor.


Su casa estaba cerrada y allí se multiplicaban los patios, las sombras de negro, las voces de sus padres y los ecos. Los gatos la miraban como la madre que era para acariciar sus patas despeinadas en su regazo.  Eso era todo.

Ella pensaba que los días se habían llevado, muy lejos y sin dejar huella, los restos de su vida: una fiesta de boda que apenas había comenzado a celebrarse.



La Novia

¿Ella regresó por amor?


jueves, 4 de agosto de 2022

La trama del adiós (ex La Novia) 7ma parte

 


A Salvador se le heló la sangre. Su hijo no podía haber dijo eso. No sabía si aquello era pura maldad o lo estaba desafiando. En ese aislamiento en el que se hallaba inmerso llegó a comprender que, tal vez, esas insinuaciones se debían a que lo aborrecía. Ya no tenía comunicación con él, tampoco deseaba buscar el momento para un acercamiento porque Roberto resultaba ser un desconocido. Salvador tenía esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida para desmembrarlos o para sentirse más seguro. Las actitudes de su hijo lo desconcertaban por completo; sin embargo, pensaba que sus respuestas absurdas eran producto del consumo de ciertas drogas.

En ese momento, llegó Jorge y se fueron a hacer ejercicio físico como todos los días; a veces, jugaban al tenis en el club del pueblo. La caminata la hacían por el sendero izquierdo del cementerio. ¡Qué ironía! Salvador vio a su hijo que iba por la otra vereda demasiado rápido como quien tiene que llegar a un lugar definido y a una hora señalada. Podía haberlo conocido en medio de una multitud. Desgraciadamente, se sentía ajeno a la vida de Roberto. Era seguro que él iba en busca de droga. Salvador  tenía la certeza de ello y no podía hacer nada. La impotencia lo doblegaba.
-Mira a Roberto -le dijo Jorge.
-Sí, él está complicado. Es tan difícil poder intentar manejar la voluntad y menos la de un hijo que no escucha consejos de los adultos que tenemos experiencia y que queremos su bien.
Jorge lo miro extrañado; Salvador bajó la vista pues no quería contarle a nadie lo que estaba viviendo con su familia, aunque el pueblo lo sabía desde hacía mucho tiempo.
El camino al cementerio se hallaba desierto. Se escuchaban los sonidos del campo o eran sus demonios internos que lo hostigaban para reforzar su teoría diaria de soledad e incomprensión.

La gente creía que eran una familia con problemas pero feliz, aunque conocían, de antemano, las manías de Dolores, las adicciones de Roberto y el carácter de Salvador: formal, trabajador, poco sociable.
Cuando llegó a la casa, después de la caminada acostumbrada, fue al escritorio porque la obsesión por el revólver lo dejaba casi sin raciocinio. Llegó y comprobó, ante el estupor, que la caja seguridad se encontraba abierta y que el arma había desaparecido otra vez.
-¡Susan!-gritó desesperado.
-Sí, Señor.
-Qué es esto, la caja de seguridad abierta cuando yo solamente sé la combinación. El arma, que usted vio el otro día, no está allí.
-¿Está seguro que la guardó en ese lugar?
-Sí. ¿Quieres hacerme pasar por loco? ¡Sí, seguro!
Sentía que la mujer le contestaba con desgano y eso lo sublevaba.
“Nada tan grotesco que pedir a gritos explicaciones a una mucama.”, pensó.
-Perdone, señor… perdone mi estupidez. Estoy asustada.
-¡No le creo! Me siento muy mal. Supongo que no hay razón para tener miedo, pero lo tengo. ¡Comprende!

La novia (6ta parte)

 


Salvador seguía furioso y desconcertado. Lo primero que se le ocurrió fue que había sido víctima de una broma que no le causaba gracia, pero, sin embargo, el tema del revólver no era algo que pudiera tomarse con liviandad. No tenía que hablarlo con nadie, pero se sentía acorralado por una sensación rara de opresión.
-¿Te han robado algo?-le preguntó Dolores.
-¿Por qué?-contestó Salvador sobresaltado por aquella irónica pregunta.
-Digo… por la cara que llevas.
-Estoy cansado.

El viento comenzó a azotar las ventanas y la lluvia terminó por dar un marco a la inhóspita escena. Dos personas que supuestamente se habían amado tanto parecían dos extraños que ni se miraban a los ojos.
-¿Dónde está Mía y Roberto?
-No sé, tú entiendes. Ellos son adolescentes, salen y no dicen dónde van. Así son. Hay que comprender a la juventud, no ponerse en contra de ellos porque terminas quedándote solo.
-No es así, a la juventud hay que ponerle límites; hay demasiado peligro en las calles. No se los puede retener pero tienes que hacer algo. ¡Mujer! ¡Por favor!, no te comportes con indiferencia. A mí ya no me obedecen.
-Deja que sean felices y no pongas obstáculos en sus vidas. Necesitan crecer a fuerza de golpes y experiencia.

Era inútil hablar con Dolores porque su frivolidad no le permitía ver la consecuencia de sus actos. No había madurado, seguía siendo la misma que hacía treinta años. Lo lamentable era que él siempre lo supo y que, conociéndola bien, se casó con ella.


A la mañana siguiente, Salvador comenzó a ordenar papeles en su negocio. Le dijo al empleado que atendiera a los clientes. Tenía la certidumbre de que llegaría a descubrir el misterio de la llave; sin embargo, algo le decía que ese episodio estaba cargado de violencia, de razones ocultas y de alguna confabulación en su contra. Tal vez, necesitaban que él desapareciera del entorno para ser libres y ocupar su lugar.

Salvador se estaba volviendo paranoico; ocultó papeles de compras de propiedades en lugares que ni él mismo podía recordar si intentaba buscarlos en algún momento. Es que pensaba que querían robarle a sus espaldas. Había perdido la confianza en su familia y de eso no se vuelve.
“El crimen perfecto no existe”, pensó.
En ese momento, entró Roberto con cierto desparpajo al negocio.

-Quiero ocuparme de los negocios-gritó.
-Te he dicho una y mil veces que no, tú debes estudiar; prepara el ingreso a la facultad, si no te gusta economía sigue otra carrera. ¡El negocio lo manejo yo! ¿Está aclarado?
-¿Es broma no?-contestó Roberto con risa irónica.
-¡No!
-Si voy a heredar todo esto.
-¡Para eso tengo que estar muerto!-respondió Salvador con furia y luego se arrepintió de aquella inesperada reacción producto del enojo, del estrés y de todos sus problemas.
-En unos días, ¿no?- dijo Roberto y se marchó.
-¡Qué!

❤


martes, 2 de agosto de 2022

Personajes de novela: Clara



         
Ella lo miró con el mismo amor y tristeza que el día en que se alejaron para siempre. Parecía haber quedado detenida en las horas aquellas de su adolescencia, estaba igual o más bella; a Dolores, en cambio, el tiempo la había castigado en demasía. Salvador se olvidó un poco de Guillermo para mirar a Clara que no dejaba de observarlo con sus ojos oscuros; ese halo de soledad que siempre tuvo y que transmitía le llegó al corazón como una daga. Sintió arrepentimiento, culpa, vergüenza…


Ella se había quedado soltera esos largos treinta años, con la angustia de no saber el porqué del abandono. Se notaba que todavía sentía amor por él, pero también no podía negar que la situación resultaba absurda e irreal. Clara era una mujer demasiado espiritual, pero se hallaba herida. (fragmento)

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De--- La Novia.

lunes, 1 de agosto de 2022

La novia (5ta parte)

 



-Estaba en la habitación de Roberto-dijo Susan -Lo hallé debajo de la almohada cuando fui a cambiar las sábanas.
Salvador se lo pidió y ella se lo entregó sin hacer preguntas pero se notaba que estaba horrorizada.
-¡No me mire así, no soy un asesino!
-No, no, señor… perdón.

Salvador se fue hacia el escritorio a ocultar el revólver pero no pudo encontrar la llave, lo dejó en la caja de seguridad. Más tarde, se fue a descansar a su habitación; abrió el cajón de la mesa de noche para tomar una pastilla y vio allí la llave que tanto había buscado. Su mundo se reducía a túneles y pasillos, atajos y bifurcaciones, entre paisajes y oscuros rincones sin salida.
“¿Cómo llegó a ese lugar, yo mismo la coloqué allí, y el revólver en la habitación de Roberto?”, pensó ante tanto desconcierto. Se estaba volviendo loco. “Tal vez, Susan es cómplice. Pero de quién”.
Se durmió luego de haber tomado la pastilla; estaba agotado. Necesitaba cambiar de psiquiatra, buscar contención, pero no tenía fuerzas para hacerlo; no podía tomar decisiones. Se hallaba en un desierto de cuatro paredes ahogado por hilos de una telaraña que obviamente iba a acabar con él.

-Nada es igual después de que te casas. Si tu marido no te engaña, te ignora y eso es peor. No piensa en lo que necesitas como mujer: atención, que te escuche, salidas, algún viaje. Ellos solamente quieren hacer negocios y estar alejados de la casa. Nosotras tenemos que ocuparnos de los hijos: escuela, médico, amistades, cumpleaños…
- Eso ha sido siempre así. Mejor que trabaje, tienes dinero y lo puedes disfrutar - dijo la amiga de Dolores.
-Sí, con otro -contestó riéndose a carcajadas.
-Salvador es un hombre bueno, debes valorarlo más, te da todos los gustos y no te controla para nada. El mío me tiene presa, vigila todos mis pasos. A veces, me siento terriblemente ahogada.
-Pues eres tonta, mujer, escápate como hago yo.
-No porque lo amo.

Se escucharon unos pasos lentos en la escalera y, un momento después, apareció Salvador con aspecto solemne. En sus facciones estaba escrita la historia de su vida. Era aquel hombre una persona rutinaria, pero algo tenebroso había venido a perturbar su compostura natural marcando huellas en sus cabellos revueltos y en el rostro encendido por sus maneras inquietas.

-Buenas tardes -dijo cuando entró a la sala donde se hallaban conversando Dolores y su amiga Julia. Salvador no conocía a aquella mujer pero tampoco le importaba demasiado. Seguramente, era una mala influencia para Dolores o al revés.
-Buenas…-dijo la amiga y, al verlo en esas condiciones, se levantó para retirarse. Le parecía demasiado extraña su manera de mirar, tal vez sus ojos estaban nublados por algún pensamiento impropio.

Salvador no se inmutó; renunció a mantener una simulación de diálogo y permaneció de pie ensimismado. Algo más tarde, se asomó Guillermo que venía del patio con su perro en brazos.

La Novia
¿Ella regresó por amor?