domingo, 31 de julio de 2022

La Novia (4ta parte)

 


Dolores defendía a su hijo porque sabía de sus adicciones pero no hacía nada por contenerlo y orientarlo. Prefirió no insistir con la pelea y lo dejó solo. Salvador se apartó y tomó asiento frente a la mesa vacía, como siempre, mientras su mirada se perdía por el ventanal. Lo único que le resultaba familiar era la tristeza. Permaneció un rato completamente inmóvil para hundirse luego en una de sus somnolencias momentáneas. De pronto, volvió a abrir los ojos y, con acto reflejo, consultó el reloj.
     “Qué mal padre debo ser para merecer esto”, pensó.
     Era agotador para él sentir que todo se le iba de las manos y que había formado una familia con la mujer equivocada, que no se ocupaba de la educación de sus hijos: un ser sin principios, sin moral ni ética. Ya era tarde para arrepentimientos porque no tenía ganas de nada; se hallaba totalmente abatido y sin fuerzas, aunque cuando se cruzaba con ella sentía que su pecho iba a estallar de furia y que una guerra interna lo empujaba deliberadamente fuera de control. Necesitaba una utopía para vivir esa realidad horrible que le tocaba en suerte pues no quería transformarse en un inquisidor.
     -¿Papá, tienes dinero?-le preguntó Mía con voz dulce.
Él no perdió tiempo en charlas, sacó la billetera y le dio a su niña de ojos color canela, a quien adoraba, algo de dinero. Apagó las luces y, sumido en una densa oscuridad, lloró de impotencia.
     “Hay gente que se preocupa más por el dinero que los pobres: son los ricos”.                                                                       Oscar Wilde

     Al otro día llegaron Eduardo y Jorge, sus amigos desde hacía muchos años, con quienes había compartido salidas, partidos de tenis, charlas y algunas mujeres. Eran otros tiempos. Ellos eran testigos de las precarias condiciones en que se encontraba aquel amigo avergonzado por los gravísimos defectos de su familia.
    Ambos lo notaron triste, como deprimido. Pensaron que era normal, pues no le hicieron preguntas porque sabían de los conflictos que estaba viviendo Salvador y de lo vulnerable que podría llegar a ser frente a sus “enemigos” diarios.
   -Lo que más odio es que toquen mis cosas-dijo Salvador cuando vio salir a Dolores sonriendo en su auto con la mano levantada.
     -No te lo tomes así-dijo Jorge -En el matrimonio todo se comparte.
   Salvador sacudió la cabeza como negando sus palabras.
     -Mira que te deja y se va con otro-dijo Eduardo.
     -Ojalá…-contestó Salvador como iniciando un duelo de cara a la tierra.
  Los dos amigos se miraron perplejos; estaban desconcertados. No quisieron ahondar en la cuestión ya que no entendían bien lo que quiso decir.

Suele suceder que frente a personas depresivas nadie sabe cómo actuar y se desvinculan del tema, con aparente indiferencia. Ignoran las voces interiores, la intuición, justifican el dolor… tal vez, no sienten empatía.
Lo cierto era que Eduardo y Jorge se marcharon sin preámbulos y sin advertir que el amigo los necesitaba. Salvador era de esos hombres que no sabían o no podían pedir ayuda y que preferían, en soledad,  correr todos los  riesgos.
Después de cerrar el negocio, Salvador se fue para la casa y se encontró con Susan que lo miró de  extraña manera. Ella era una mujer simple, con el cabello rizado, la cara redonda y grandes ojos, que no sabía nada del caos del mundo y que se conformaba con poco.
-Encontré esto-le dijo y sacó el revólver de su delantal. Temblaba como si estuviera afiebrada y dispersa.
-¿Dónde? ¿Cómo?-contestó Salvador desesperado.

sábado, 30 de julio de 2022

¡Actúa en vez de suplicar!


¿Quién no ha vivido o soñado con un gran amor en su vida?



Cerrando los ojos, ella, La Novia, deja que los viejos perfumes la abriguen en su recorrido. Imagina que es posible recrear esos tiempos en los que un cruce de miradas, un roce de manos, un deseo... era todo y alcanzaba...

La Novia piensa...¿es el fin de la vida o el principio?
¿Puede una mujer esperar un mañana que puede llegar a ser incierto?

Caminar calles empedradas, dibujar sombras en las paredes blancas, tratando de soñar cómo hubiera sido la vida si aquella boda se hubiera realizado.

Escribir el diario de un destino es poco.

Tal vez, el amor no es el producto de los encuentros, sino que los encuentros se producen porque el amor los va trazando con paso libre y suspendido.

Ella debía consolarse con el abrazo eterno.
No sabía de tiempos porque el fuego de la espera le había desordenado los relojes que, como retazos, se burlaban de su realidad sombría, pueril, inalterable.



¿En qué se transforma el abandono cuando la realidad se altera?

En perfume, en albor permanente, en futuro esperado y no vivido... o en ceniza que hay que ocultar.

El amor queda como una marca, un mapa, alguna felicidad que se esfuma por una ventana y besa el rostro, otro...

Las palabras escriben sus cartas amarillas que se leen solas frente al desasosiego del alma que no sabe cuál es el camino.



"En lo profundo del parque verde-lila, Clara se aferró a una cruz y caminó arrodillada a través de la oscuridad en busca de aquel hombre que, a última hora, dejó de latir".

La Novia.
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viernes, 29 de julio de 2022

La Novia (3ra parte)

 

Antonio Capel



De repente, escuchó un grito:
-¡Préstame el auto!-interrumpió Roberto con prepotencia y el rostro distorsionado como si fuera la propia muerte que se estuviera riendo de Salvador.
-¡El auto no se toca!-volvió a contestar Salvador con la paciencia al borde del colapso.
-Egoísta, mal padre-protestó Roberto con tono amenazante.

Se fue hacia el garaje, donde se hallaba el flamante coche de su padre, y con una navaja lo rayó de punta a punta; luego se marchó tranquilo por la calle desierta a agotar el poco dinero que tenía con mujeres o a beber en algún bar, sin ninguna intención de ocultar sus vicios.

El centro de la habitación la ocupaba una mesa redonda, de roble, rodeada de sillones de cuero colocados delante de la biblioteca. Directamente, encima de la mesa, pendiente del techo, había una lámpara de cristal.
-Te quiero, hijo-le dijo Úrsula-He estado algo enferma, te pido que no me abandones. La iglesia me está esperando, seguro perdonará mi infidelidad.

-Sí, mamá. No puedo venir tan seguido, piensa que tengo una familia. Ya no soy el niño que tú cuidabas tanto.
-Lo sé. Dime, ¿eres feliz?
-Bueno, tú entiendes… Dolores es tan especial.
-Una mujer perturbada. Eso ya lo sabías cuando decidiste casarte con ella. Tuviste muchas oportunidades: chicas educadas de buena familia y tú elegiste a Dolores que, vamos a ser sinceros, te había engañado más de una vez y se comentaba que te quería por tu dinero. Tengo que ser realista y perdona, pero a estas alturas… aunque tú todo eso ya lo sabes. Yo lo único que quiero es que no te maltrate.

-¡Madre, soy un hombre!
-¿Y eso? Hoy la violencia tanto física como psicológica puede darse de ambas partes.
Salvador hizo una pausa, sonrió débilmente a Úrsula a quien amaba, se apartó de la mesa y dirigió sus pasos al encristalado armero adosado a la pared que tenía sus cortinillas cerradas para que nadie viera los objetos reservados.
-Acá guardaba mi padre las armas en condiciones y cargadas ¿ no?
-Sí, pero deja eso que me da terror.
Cerró el armero y volvió a la mesa junto a su madre; con delicada lentitud se acercó a ella y le dio un beso. Ahora, después de haber visto las armas, se sentía más seguro aunque siempre existe una filosofía para la falta de valor.

Cuando salió al patio, vio que los gatos trepaban el tejado para observar su presencia y se acordó de su niñez y juventud cuando los abrigaba en sus brazos llenándolos de lágrimas. Se sentía tan solo después de la muerte de su padre. No había podido sobreponerse, a pesar de los años transcurridos, a esa pérdida. Pensar en él lo hundía en el desgarro.
-Cuídate, mamá. Mañana vuelvo.
-Bendiciones para ti-dijo Úrsula. Toda su vida se había aferrado a él para protegerlo porque su amor era infinito. Lo cierto era que, de alguna manera, lo había aislado del mundo.

Salvador llegó a la casa con su coche sin advertir que se encontraba todo rayado, arruinado, por el capricho de su hijo Roberto. Cuando dio unos pasos, volvió la mirada y allí estaba… Su BMW parecía un automóvil viejo y deslucido.
-¡Dónde está Roberto!-le gritó a Dolores que se hallaba en el living pintándose las uñas.
-Déjalo que no hizo nada.

-¡No hizo nada!-gritó Salvador después de escuchar su repugnante respuesta.
-Tú siempre te ensañas con él porque es joven, porque sientes que compite contigo. Tú eres el padre, no el hermano.
-Porque soy el padre exijo respeto.
-Bah… No sabes ser padre ni marido, eres egocéntrico, piensas solamente en ti y en tu estúpido auto. Dinero y más dinero.
-¿Y tú? Necesitas de ese dinero, lo gastas a manos llenas, nada te importa, ¿verdad?

La Novia.

jueves, 28 de julio de 2022

Motivos para quererse más...

 


Les dejo esta opción más que bonita.

Mi libro con un anotador precioso, romántico y victoriano. Tiene rosas en las páginas, junto a un resaltador y un bolígrafo negro.

Una manera diferente de acercar la literatura, el amor por el arte, las palabras que nos sanan y nos unen...

Mercado Libre (Argentina) El precio podría haber sido menor, pero el envío es gratis. A veces, suele ser más caro el envío que el libro. Así es más fácil.

Besos a todos y gracias.

Enlace👇👇👇

---El silencioso GRITO de Manuela

La Novia---personajes

 


SALVADOR FERRER

Un hombre fiel a sus convicciones, educado, amable, de excelente familia que descubre, después de veinte años, que se ha casado con la persona equivocada y que ello le está ocasionando situaciones irrevocables.

DOLORES (esposa de Salvador)

Una mujer fría y calculadora, sin moral ni ética, que atormenta hasta el hartazgo a un marido que ya no tiene fuerzas ni para imponer el orden como jefe de familia.

ROBERTO FERRER (hijo mayor de ambos)
Un joven adicto que  no estudia ni trabaja. Su madre lo apoya y no permite que Salvador le ponga límites a su vertiginosa vida. Él se rebela contra todos tratando de subestimar la figura seria y formal de su progenitor.


MÍA FERRER (la hija mujer)
Una joven parecida a su madre, algo frívola y despreocupada que no sabe qué camino tomar.
La típica niña rica que todo lo tiene y que hace ostentación de su bienes materiales pensando en la codicia de los otros.

GUILLERMO FERRER (el hijo menor)
El niño es espejo de su padre: bondadoso, sensible, humano, noble. Tiene claras sus ideas a pesar de su corta edad. 
Más adelante, tomará una gran decisión para el descontento de muchos.

ÚRSULA LÓPEZ GIL DE FERRER (madre de Salvador)
Una mujer demasiado sobreprotectora que depositó, desde que quedó viuda, su confianza en el hijo mayor a quien amaba. Necesitaba de él para vivir pero, según ella, Dolores se lo arrebató. Odiaba a su nuera a quien consideraba una persona inescrupulosa y cruel.

PILAR FERRER (hermana de Salvador)
Una joven callada y sin ambiciones. Sufre el acoso de su madre que la quiere tener amarrada a ella por sus inseguridades. Pilar no tiene vida propia. Cuando intenta buscar su destino queda atrapada en él.

SUSAN ALINA AVELLANEDA (la mucama)
Una colaboradora humilde y servicial, humillada por Dolores y sus hijos, que trabaja en la casa desde joven. Ella parece ser fiel y compasiva pero un día se cansó...
Finalmente, se enfrenta a todos por los agravios recibidos y decide pensar en sí misma.
Deja una huella marcada para siempre.

CLARA FRANCH (La Novia)
Una mujer bella y sensible que es abandonada por Salvador Ferrer a días de su casamiento.
Ella, después de aquel terrible y doloroso episodio del que no ha podido recuperarse, se queda en su casa cuidando a sus padres toda una vida. Cuando ellos mueren, siente que su existencia de soledad se transforma  en estéril y entonces resuelve volver para encontrarse con aquel hombre que le hizo tanto daño pero que sigue amando.

No sabe qué camino tomar pero conserva la firme convicción de que algo tiene que hacer para tratar de acallar sus demonios internos. Va en busca de Salvador dispuesta a todo.

"Amor sin fin,
nos vemos en el camino"


miércoles, 27 de julio de 2022

La Novia (2da parte)

 

-¡Qué buena salida! Salvador no te imaginas. Compré una campera divina ahora que se viene el invierno, botas y cartera y un perfume de Armani… Después fuimos a almorzar.

Salvador se levantó sin decir palabra y se fue a su escritorio a ordenar papeles pues tenía que salir de viaje. Antes de guardar los contratos y demás documentos miró un revólver que tenía en un cajón; luego lo volvió a colocar en el mismo sitio con doble llave. Los gritos de su mujer lo abrumaban demasiado, estaba harto de su frivolidad, de la falta de interés y de compromiso hacia su persona, de la risa y hasta de su cuerpo que tanto había deseado.

“El tiempo aniquila el amor y las ilusiones, desengaña la inocencia. Pero si al menos nos dejara la piedad antes de que nuestro cuerpo encerrado quede confundido con la tierra y las cenizas”.

-¡Ya te vas! -le dijo su hijo Roberto con los ojos entrecerrados por el alcohol y las drogas.
-Sí, tengo muchas cosas para hacer. Dile a tu madre que se ocupe del negocio y que atienda a los clientes mientras estoy ausente.
-Puedo hacerlo yo -dijo Roberto.
-¡No, tú no!


Sentía que su familia se desbarrancaba; hubiera querido huir de ellos para siempre, pero algo lo retenía: los sentimientos, su formalidad y algunos códigos de vida que todavía conservaba. Prefirió no discutir y permaneció el resto del tiempo sentado en la galería contemplando la campiña, los tejados de las casas vecinas, escuchando la sirena del tren en la estación y los pájaros que buscaban abrigarse entre los eucaliptos.

Mía volvió del colegio con amigas y transformaron la casa en una ensordecedora discoteca, mientras el tiempo consumía la paciencia de aquel hombre que solamente buscaba paz. Se sentía marginado en su propia casa, un extraño, en medio de una columna de humo, a la distancia.



Salvador llegó a media tarde, luego de una semana de negocios. Nadie advirtió su presencia salvo su hermana que se hallaba en la casa de visita informal. Pilar siempre había sido una buena persona pero su vida carecía de acontecimientos para recordar. No tenía hijos, ni estudios universitarios, ni ambiciones. Era alguien a quien le sucedían cosas rutinarias. 

-Hermanito querido, te adoro. Mamá quiere que vayas a verla. Dice que tiene presión alta y que necesita que estés cerca. ¿Deberíamos creer eso?
-Claro, esta tarde voy.


Cuando llegó al escritorio comprobó cierto desorden; al parecer Roberto o Dolores habían estado buscando algo. Sus carpetas estaban desordenadas, los libros sobre el sofá y el dinero que solía guardar en el cajón había desaparecido; tampoco encontraba la llave donde guardaba el revólver. Se sobresaltó, se angustió… pero decidió no contárselo a nadie. Solamente hizo algunas conjeturas sobre las razones de aquel episodio; temió que alguien hubiera tomado el arma. No existe nada peor que el desamor y la ingratitud.


Se fue a su habitación a descansar. Más tarde, se ocuparía del tema. En su triste estado de ánimo, trató de sacudirse de encima las sospechas que no discernían entre la razón y la fantasía.

❤

La Novia
¿Ella regresó por amor?