miércoles, 14 de septiembre de 2016

Amor de gato










Las pinturas de Emile Munier de niñas con gatos
me recuerdan a mí
cuando era pequeña.
Siempre me paseaba con un gato en brazos.
Mi papá decía:

-Le va arañar la cara...

Jamás me hicieron nada,
me amaban tanto como yo a ellos.

Luján Fraix



martes, 13 de septiembre de 2016

Para santificar los nombres



Antes de que yo naciera mi mamá ya tenía elegido el nombre.
Me iba a llamar Hildegard
como una santa alemana decía ella...
que era muy devota y religiosa.



En el registro civil no permitieron ese nombre
y como no tenía elegido otro
(gran error de su parte)
me pusieron Nydia, como ella,
y Luján como la virgen Patrona de la República Argentina.


Me alegro que no me hayan puesto Hildegard
pues no me convence demasiado.



***

Santa Hildegard de Bingen fue abadesa, líder monacal,
mística, profetisa y médica,
compositora y escritora alemana.
Es conocida como Sibila del Rin
y como profetisa teutónica.
(1098-1179)



Hildegard

quiere decir
"Jardín de sabiduría"

miércoles, 24 de agosto de 2016

Gracias abuelo!!!




Hoy 24 de agosto se cumplen 
39 años de la muerte de mi abuelo Eduardo.

La niña que fui,
 la que llevo dentro
y la mujer que soy ahora...
te dedican este recuerdo.

Fuiste un hombre
austero, un gaucho de las pampas argentinas,
que, de grande,
eras todo un personaje.
Cuidabas tus rosales y escuchabas la radio
debajo del jazmín del país.

Siempre con los pantalones
a medio camino...

Un abrazo abuelo.
Me enseñaste tantas cosas!!!

Luján Fraix


viernes, 12 de agosto de 2016

"El príncipe y la flor"




"EL PRÍNCIPE Y LA FLOR"

 fue el inicio
                                                     de los sueños...




La historia era el resultado de otras tantas
que yo había leído en mis primeros años.



Una hermosa flor guardaba una princesa
que tenía que ser sorprendida...




Invité a sus amigas.
Todas se sentaron en el piso del living de mi casa.
Yo,
en el sofá.
Una de sus compañeritas, en un momento,
se quiso ir porque, obviamente, se aburría...
Con un pequeño sacudón la coloqué en su lugar.
Cómo iban a perderse la lectura de mi cuento magistral.
Lo estaba presentando en sociedad
y me hallaba muy orgullosa.
Qué tortura
para los oyentes!!!




Mi primer cuento lo escribí a los 8 años.
Se llamaba "El príncipe y la flor"
Recuerdo que le hice dos tapitas de cartulina
y uní las hojas con un moño blanco.
Después me senté a esperar...
Mi obra de arte estaba terninada
y publicada!!!
Fue el inicio de un camino,
de saber que mis fantasías tenían "ángel" (para mí)
y que no era en vano
crear historias diferentes para volar
a otro paraíso
que no era el mío.

Luján Fraix



Un recuerdo entrañable para mis amigas de la infancia
Carlota, Stella, Silviana, María Elisa, María Teresa,
Laura y  Marcela.


miércoles, 20 de julio de 2016

Mi amigo fiel...




A mis amigas de la infancia:
Laura, M.Teresa, Stella, Carlota, M.Elisa,
Marcela, Silviana, Graciela y Alicia.

Feliz día!!!

***



miércoles, 13 de julio de 2016

El príncipe enamorado



Warwick Goble



"Justamente ahora, al final,
cuando ya estoy terminado,
sé que debería comenzar de nuevo".

E.Husserl-Ms 1. 4 Ctt, por Brand,
"Welt, Ich und Zeit"
(Nÿhoff, La Haya, 1955), p XlIII



Una vieja historia española, con toda seguridad apócrifa pero no carente de imaginación, narra la triste vida de un joven príncipe enamorado. El personaje es una especie de Sísifo ibérico.

En español actual, la historia es más o menos así. Una joven aldeana estaba locamente enamorada de un príncipe llamado Pedro. Éste que era un joven my romántico; se enteró y quiso conocer a la muchacha aldeana y encontrándola muy hermosa le declaró su amor.

Como su condición no le permitía desposar a la joven debió convencer a su padre y éste accedió a condición de que renunciara a todos los privilegios de la nobleza.

El príncipe se presentó a la joven con traje de aldeano y juró por la Virgen de su devoción no separarse jamás de ella, ni en la vida ni en la muerte. La joven la comunicó que se sentía confundida pero que estaba segura de que ya no lo amaba, que acaso como príncipe volvería a amarlo.

Él corrió entonces hasta las ruinas de un viejo templo y desde la columna más alta se arrojó al vacío. Al verlo moribundo la joven volvió a sentir que lo amaba y lo besó apasionadamente. El príncipe se recuperó en el acto y ella sintió nuevamente que perdía su amor y lo rechazó.

La leyenda termina así:


"Y todos los días,
desde hace muchos años,
el príncipe rompe su cabeza contra las piedras
para recuperar el amor de su aldeana".



Andrés Cáceres