jueves, 6 de julio de 2017

Mi primer libro





Las rosas de los sueños de princesas en hojas amarillas;
aquellos duendes dispersos
jugaban a ser dueños de las horas compartidas...



El primer libro me lo regaló mi mamá,
sin pensar que sería el inicio de una vocación tan profunda.



La tía Catalina llegaba de la ciudad grande
para las Fiestas o para el Día de los Santos...


Yo me subía sobre sus rodillas
para que me leyera aquel cuento.
Otra vez, otra vez, otra vez...


El librito, el verdadero, el de aquella década del 60, se llamaba...
"EL GALLITO CRESTITA"




La tía Catalina solía leerme el cuento en sus ratos libres.
Ella tenía los ojos color del cielo,
yo con mis tres años 
 la escuchaba...
De a ratos, maravillada por el relato,
sólo miraba sus ojos.
Sus palabras se desdibujaban en mi mente.
Sabía de memoria
el misterio de los alfabetos.

Luján Fraix


sábado, 1 de julio de 2017

"Donde el corazón te lleve", de Susanna Tamaro





"Y cuando frente a ti se abran muchos caminos y no sepas cuál tomar, no elijas uno al azar, siéntate y espera. Respira con la profundidad confiada con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin dejarte distraer por nada, espera y vuelve a esperar. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Cuando te hable, levántate y marcha hacia donde él te lleve."

Fragmento del libro "Donde el corazón te lleve" de Susanna Tamaro.


miércoles, 28 de junio de 2017

Tertulias de la abuela: la espera




"Soy una mujer que espera".



Es que todos aguardamos en esta vida que nos toca
un estímulo, una señal...


Algo que nos modifique el camino
si es que no tomamos la iniciativa y salimos a la calle
a buscar destinos.


De repente,
nos sentamos a leer historias,
testigos de milagros,
fuente de desvelos...
mientras esperamos respuestas,


a amores silenciados,
palabras que no llegan...
Queremos ser felices
y perseguimos  la Gran Dicha
que quizá
 dejamos pasar sin advertir,
porque no nos damos cuenta
de que la felicidad 
son sólo momentos.


Es buena... la espera.



Nos ayuda a crecer,
a distinguir entre lo bueno y lo malo,
a ir con pausa.



En esas metas que anhelamos,
en esos sueños por cumplir,
en el regreso de un ser querido,
en el mañana,
en cada hora...
nos sentimos expectantes
y eso mantiene nuestro ser activo,
el alma ilusionada
con cada latido
de un corazón que siente
que todo...
absolutamente todo puede ser posible.

La vida es una...
mientras esperas
camina despacio por tu propio laberinto
de emociones.


***




lunes, 19 de junio de 2017

Perdida entre los libros






En el Cuadro de Honor
estaba la lista de todos los niños 
que se destacaban por sus excelentes calificaciones.

Mi primera maestra se llamaba Delia.
Mi relación con ella era buena
aunque yo era algo retraída y solitaria.


Por mis buenas notas en el colegio tenía que llevar la bandera 
en los actos públicos.
No pude hacerlo,
creo que fue porque no podía cargarla; era pesada.

Mi primer libro de lectura se llamaba "Pimpollo".
Mi madre me ayudaba a leer
y se ponía nerviosa cuando no me salían las palabras.





En primer grado formé parte
de lo que se llamaba Cuadro de Honor
por mis buenas calificaciones.
Sabía las letras y los números...
Me aburría mucho esperando que los otros compañeritos
terminaran las tareas.
Estaba perdida entre esas palomitas
que lloraban y no comprendían...
Luego tuve que empezar a leer,
ya no fue tan fácil.
Esos libros dibujaban estambres
con las sílabas
que se desgastaban con mi voz.

Luján Fraix


viernes, 9 de junio de 2017

¿Por qué lloras abuela?







En una capotita parecida a ésta
partía mi abuela Juana, sola,
para el pueblo en momentos en que se sentía angustiada.

Tenía necesidad de ver a sus hermanas y primas
para sanar heridas,
para hablar tal vez con alguien.

También iba a misa
y se refugiaba en Dios
aunque quizá todo eso no le alcanzaba...

Ella lloró toda su vida
y nunca nadie supo el porqué;
se fue a contar estrellas
con el secreto
entre sus alas.

Luján Fraix

martes, 6 de junio de 2017

Tu alma en una estrella




Catrin Welz-Stein




Mi madre me contaba siempre que cuando ella era pequeña
salía a la noche a andar en triciclo
bajo las estrellas
y pensaba que cada una de ellas
era el alma de alguien que había partido.

Como tenía un hermanito que había fallecido
a los 8 meses de muerte súbita,
ella le había puesto el nombre Santiago a una estrella.

Yo ahora, de grande,
también miro el cielo y la veo a ella
que me mira desde lo alto,
que me cuida como lo hizo siempre,
que espera...
verme feliz.

Luján Fraix