martes, 26 de septiembre de 2017

Chabela se llamaba...





Siempre me gustó la moda. De niña, mi madre me cosía vestidos con volados y puntillas, blancos y de otros colores con telas que me regalaba mi madrina; las traía de viajes que realizaba siempre, no por placer sino por salud. Ellas me vestían como muñeca, me adornaban porque era "su niña". 

Recuerdo que mis amigas me venían a buscar para ir al cine y yo si tenía que salir con la misma ropa que el sábado anterior no iba, me encaprichaba, no quería que nadie fuera al cine. Aquella pollera escocesa con corbata haciendo juego, medias y zapatos de charol era hermosa pero no podía repetirla otra vez.

De adolescente, miraba revistas y desfiles en televisión y si no encontraba algún modelito que me gustaba me lo hacía. Aprendí a coser como mi mamá. Me gustaban, como ahora, los vestidos y tenía muchos...

El mundo de la moda me atrae demasiado y siempre me gusta estar arreglada, no para otros sino para mí misma; me hace bien, me levanta el ánimo.

Por eso tengo mi blog María Cielo que es una especie de revista de modas y manualidades como aquellas que compraba mi madre: Chabela se llamaba y traía también algún cuento que yo, por supuesto, devoraba...

Luján Fraix


Les dejo la dirección de mi revista (blog)

martes, 12 de septiembre de 2017

Tertulias de la abuela: postal de primavera




En el hemisferio sur 
ya falta poco para la primavera tan esperada...


Es por eso que quiero
recordar mis 21 de septiembre hermosos de aquellos años,
de libros, rosas y sueños.


Con mis compañeros de colegio
nos íbamos a un parque que se llama Sarmiento
a pasar el día...


escuchábamos música junto al río,
conocíamos amigos de otras ciudades.
Todo era alegría, descanso, esperanzas...
y deseos de hallar la felicidad
que se resumía en momentos simples.


Pasear en bici,
cantar una canción...
querer enamorarse para toda la vida.


Esa vida cincelada con manos maestras
era todo un desafío
porque nos invitaba a recorrer caminos,
a no preocuparnos por nada...
a dejarnos ser.


Inolvidables momentos que no volverán
y que quedarán por siempre grabados en la memoria
como parte de una historia,
la mía, la nuestra... la de todos
aquellos que tienen ideales que parecen inalcanzables
pero que no lo son tanto
porque  los senderos
conducen a buscar aquello que nos falta,
para completarnos...


***




POSTAL DE PRIMAVERA

Era muy feliz por aquellos días...
La esperanza invadía mi mundo en donde la música encontraba sus horarios, era perfeccionista y solitaria, espiritual...

Me abandonaba a las ideas intelectuales con una mirada pulcra de joven rebelde. No veía a la gente porque soñaba con una de mis grandes obras: encontrar un amor verdadero que llenara los huecos vacíos con la sabiduría del equilibrio.

Dibujaba poesías, pintaba cuentos... con un sentimiento único e irrepetible y con el íntimo deseo de permanecer a la vera de los días, razonablemente feliz.

Existía una historia demasiado adulta que me esperaba entre libros y patios, con un jardín de pétalos chinos y de golondrinas. Yo me sentía abrigada entre los recodos de mi casa colonial y en la periferia de un arca poblada de gatos me dormía para seguir soñando...



viernes, 1 de septiembre de 2017

El abuelo Eduardo y su apatía





El abuelo Eduardo con los años se había vuelto muy apático.
A la tarde,
venía desde su casa por la callejuela,
cruzaba el terreno,
salía por el portón de rejas altas 
y llegaba a mi casa.

De lejos,
se escuchaba su murmullo de anciano disconforme
mientras se llevaba las herramientas del galpón:
un martillo, la pala y el rastrillo.


Mi papá sabía que cuando faltaba algún utensilio
era porque su papá se lo había sacado sin permiso
como si fueran de su propiedad.

A las seis de la tarde,
el abuelo Eduardo,
huraño y displicente como un eremita,
tomaba la sopa 
preparada con verduras, hierbas aromáticas y fideos
acompañada con pan y queso gruyere
que le cocinaba la abuela Juana
porque ya no le gustaba el guiso chacarero.
Si había alguien de visita los echaba con sutilezas
y si no lograba que se marcharan
cenaba sin levantar la vista del plato.
Juana le daba los gustos pero estaba triste;
lloraba y cerraba las puertas con doble candado.

Ella seguía teniendo temor 
y esperaba de manera inminente
un acontecimiento dramático, impreciso e inevitable.

Luján Fraix



"La angustia es una combinación de aprensiones,
incertidumbre y miedo,
manifestadas preferentemente de forma corporal;
puede ser neurótica o representar la respuesta
ante una situación real externa.
En ambos casos,
es una reacción del Yo o ego ante el peligro"


Sigmund Freud

miércoles, 30 de agosto de 2017

Jardín Kawachi Fuji en Japón





Podría tratarse de una obra de Monet, pero no: son postales del JARDIN KAWACHI FUJI en Japón, uno de los sitios más bellos para visitar en el país oriental.

Su cuidado diseño paisajístico y las miles de variedades de flores que atesora lo hacen muy particular y regalan rincones que parecen sacados de un cuadro.

El más famoso es el TÚNEL DE WISTERIA, un pasadizo por el que cuelgan glicinas de distintas tonalidades, pasando por el morado, el lila, el rosa pálido y el blanco.


Para ser testigo de este perfecto arcoiris de flores colgantes,
los mejores meses son abril y mayo.




martes, 29 de agosto de 2017

Noruega: iglesias de madera





Las iglesias de madera son típicas de todo el territorio noruego.
Levantadas durante la edad media,
se las llama STAVEKIRKE.


Allí, la construcción en ese material es usual desde la época en la que los vikingos hacían sus embarcaciones con troncos y tablones. La madera no cumple solamente una función de sostén, sino también decorativa.

Las puertas y las paredes del interior de estas construcciones tienen figuras talladas a mano, vinculadas tanto al cristianismo como a rituales vikingos. 


Una de las más famosas y visitadas
es la de HEDDAL STAVE CHURCH, en TELEMARK.



miércoles, 16 de agosto de 2017

El hada que no podía volar


Rebecca Dautremer


Había una vez, un lugar especial donde habitaban todos los seres mágicos del mundo. Desde horribles ogros hasta elfos de oreja puntiaguda. Por supuesto, las hadas también vivían en aquel lugar, donde reinaba la paz y la armonía.
Entre las hadas, existía una muy pequeña y de blancos cabellos que, a diferencia de sus hermanas, no podía volar, pues había nacido sin alas. Inés, como se llamaba la pequeña, había crecido con mucha tristeza al ver como el resto de las hadas se alzaban hasta el cielo y reían de placer volando entre las ramas de los árboles y empinándose hasta las nubes.
Sin embargo, como sólo podía caminar, poco a poco se hizo de grandes amigos que no habitan en las alturas, como las ranas y los conejos, y estos le enseñaron todos los escondrijos y pasadizos secretos de aquella tierra mágica.
Un buen día, mientras transcurría una hermosa mañana llena de tranquilidad, los humanos irrumpieron de la nada con espadas y con odio, y sembraron el caos entre todos los habitantes mágicos del lugar. Las hadas, desesperadas, corrieron para salvar sus vidas, pero los hombres más altos lograban capturarlas y encerrarlas en sus jaulas.
En ese momento, la pequeña Inés corrió al encuentro de sus hermanas y les indicó la entrada a un túnel secreto por donde podrían escapar de los humanos. Sin embargo, el túnel era tan pequeño, que las hadas no podían entrar con sus alas enormes. Algunas se negaron rotundamente, pero la mayoría quebraron sus alas y escaparon junto a Inés para ponerse a salvo. Luego agradecieron a la valerosa Inés por haberlas salvado y jamás volvieron a menospreciarla.

Anónimo