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jueves, 26 de abril de 2018

El nido, de Julio Villaverde





El campo se agrisaba en lejanía.
Ambar violáceo decoraba el cielo,
y eran sombras los montes tras un velo
de niebla sutilísima y tardía.

En el oscuro pino se mecía
el nido de calandrias. Un desvelo
vibraba en la pareja cuyo vuelo
calor de fiebre paternal tenía.

Doró la tarde su matiz más fino.
El nido susurraba débilmente
suspenso en palpitante balanceo.

Y la dicha de amar volvióse trino,
colores, luz divina en el torrente
maravilloso y claro del gorjeo.



Julio Villaverde.



Pinturas de Crista Forest