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sábado, 15 de marzo de 2014

Una torre en el cielo






Llegué. Estoy en la torre, es casi increíble. Estoy en el cielo.
Este lugar es bello, tranquilo y en él se respira un aire confiable de paz.
Llegar hasta aquí me costó enormes esfuerzos de imaginación. Comencé a construir la torre cuando era muy pequeño y fui creciendo con ella hasta llegar a ubicarla en el cielo.

Desde luego, como supondrán ustedes, no fue tarea fácil. El mundo de la imaginación es muy complejo y a veces accedemos fácilmente a aquello que queremos y otras nos cuesta gran trabajo conquistar lo deseado, es como en este caso: la construcción de una torre para llevarla al cielo y plantarla allí.

No puede decirse que mi torre sea la mejor de las torres, pero bastante confortable, tiene grandes ventanas y fuertes escaleras. Además, lo verdaderamente atractivo de ella es lucir como única torre construida con la imaginación y alojada en el cielo. Probablemente ahora tenga yo que dar innumerables explicaciones a quienes no entiendan absolutamente nada cuando vean a mi torre flotar en el cielo.

Seguramente buscarán responsables, comenzarán las investigaciones y pronto darán conmigo. Por ello he obrado con previsión. Dejé en la puerta de mi casa una nota diciendo así:

"Yo he sido quien ha construido la torre. La razón por la que lo hice es sencilla: me cansé de ver siempre lo mismo al mirar hacia arriba y pensé que sería bueno agregar algo al paisaje. Les digo a aquellos que quieran juzgarme para mal que no me arrepiento. Y para aquellos que quieran disfrutar de mi torre imaginaria, las puertas están abiertas, vengan ahora mismo. Los espero aquí.

Cuento de Gerardo Theyler