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viernes, 1 de septiembre de 2017

El abuelo Eduardo y su apatía





El abuelo Eduardo con los años se había vuelto muy apático.
A la tarde,
venía desde su casa por la callejuela,
cruzaba el terreno,
salía por el portón de rejas altas 
y llegaba a mi casa.

De lejos,
se escuchaba su murmullo de anciano disconforme
mientras se llevaba las herramientas del galpón:
un martillo, la pala y el rastrillo.


Mi papá sabía que cuando faltaba algún utensilio
era porque su papá se lo había sacado sin permiso
como si fueran de su propiedad.

A las seis de la tarde,
el abuelo Eduardo,
huraño y displicente como un eremita,
tomaba la sopa 
preparada con verduras, hierbas aromáticas y fideos
acompañada con pan y queso gruyere
que le cocinaba la abuela Juana
porque ya no le gustaba el guiso chacarero.
Si había alguien de visita los echaba con sutilezas
y si no lograba que se marcharan
cenaba sin levantar la vista del plato.
Juana le daba los gustos pero estaba triste;
lloraba y cerraba las puertas con doble candado.

Ella seguía teniendo temor 
y esperaba de manera inminente
un acontecimiento dramático, impreciso e inevitable.

Luján Fraix



"La angustia es una combinación de aprensiones,
incertidumbre y miedo,
manifestadas preferentemente de forma corporal;
puede ser neurótica o representar la respuesta
ante una situación real externa.
En ambos casos,
es una reacción del Yo o ego ante el peligro"


Sigmund Freud

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