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jueves, 22 de junio de 2017

El campo como sepulcro de pájaros





De chica, no me gustaba el campo de mis antecesores porque decía que se parecía a un sepulcro por el sonido de los pájaros; es que muchos de mis familiares estaban muertos, pero se los seguía nombrando como si estuvieran presentes.

Un día, tuve que quedarme a dormir en la chacra de Betty (mi prima) porque había llovido y no podía volver. ¡Cómo sufrí!. El mugido de las vacas me torturaba y el silencio, luego, me irritaba tanto que no lograba descansar.


Esa planicie me recordaba al cementerio donde dormía el alma de mi abuela Rosa y la de sus hijos, la del abuelo de bigotes blancos..., acurrucados en ese asilo tan necesitado de afecto. Sin embargo, esos acontecimientos quedaron marcados en mi vida con la bondad y la transparencia de mi tío Rubén.

Recuerdo su sonrisa, su generosidad, su corazón niño... y aquella casita blanca en medio de la llanura con su molino, sus malvones, el burro, los perritos y ese viento que acariciaba la cara.

Luján Fraix



Pinturas de Robert Duncan




Hoy publico otra vez esta entrada
en homenaje a mi padre
que falleció hace tres años,
que amaba el campo y que vivió para él
añorando sus días de juventud.

Gracias papá,
te cuento que estoy cuidando tus cosas
como si tú estuvieras aquí
aunque no con el mismo amor porque tu sentimiento
era tan enorme, tan irremplazable...

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