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sábado, 29 de agosto de 2015

Albert Einstein




Tus padres, tu familia,
te dan la verdadera educación...
la escuela te brinda todo el conocimiento.

***



jueves, 27 de agosto de 2015

El día lunes




La tarde había pasado para el rey Fahid de Bagdad en aquel caluroso día de verano. Estaba preocupado.
-Ven acá…- le dijo al esclavo.
Necesitaba aire y también la pipa de palo de rosa que había dejado sobre la mesa junto al incensario.

Los servidores eran fieles a sus gustos y caprichos pero había algo que no comprendían en su actitud. El rey se sentía defraudado por el jefe supremo: el que habitaba en el cielo bajo los mantos celestes, el mismo Alá.
Su cara arrugada mostraba la historia de un invencible carácter y de una voluntad para la lucha; sin embargo, parecía vencido a pesar de su estirpe real.
-No es extraño que hayas advertido mi temor- le dijo a su confidente Ossim.
El rey le contó a su compañero y hermano lo que sucedía… Debía reunir a todo el pueblo porque algo grave estaba ocurriendo, pero no le comunicó cuál era el problema.

Por las calles, los buhoneros llevaban cajas de terciopelo verde con polvos mágicos, utensilios de cocina, hierbas, pistolas y peines… Fahid los observaba desde su ojiva, detrás de una cortina con brillos de oro, y pensaba que el sol terminaría por quemar el poco pelo de aquellos hombres.
“Es raro que no lleven turbante”, pensó.
-Amigo mío.- le dijo a uno desde la ventana.-Necesito unas cenizas que tengan hechizos para…
-Esta caja de marfil fue traída desde “La Meca” en camello por el desierto, soportando el viento huracanado y el calor.- contestó el vendedor de barba y túnica rojo brillante.
Fahid se quedó con el cajoncito extraño y despidió al buhonero parlanchín. El rey pensó, después de observar detenidamente la caja, que debía llevarla a la mezquita y arrodillarse frente a ella como una víctima que pedía ayuda a cambio de todo.

El monarca llamó a los servidores y al sabio del palacio, Selujah, para que le dijera cómo y cuándo debía utilizarla a su favor. Sabía que ésa era la última posibilidad para que sus deseos, tan fervientes y necesarios, fueran concedidos.
-Si no se cumple mi petición le quitaré el pago.- le comunicó a Selujah.-¡Llamaré a los astrólogos!.
Fahid fumó la pipa de palo de rosa y, satisfecho, se sentó a esperar.
El hombre, temblando, tomó entre sus manos la caja y posó su nariz en el polvillo oscuro, luego frunció el ceño y se arrodilló sobre una alfombrita que trajo consigo; hizo cinco inclinaciones con las manos en forma de cruz sobre su pecho. Al rato, llamó al rey y le dijo unas palabras al oído.

Fahid se llevó el preciado objeto a sus aposentos.
-Gracias Alá por tu misericordia.- exclamó.
El monarca cumplió al pie de la letra con las indicaciones del maestro Selujah: paseó disfrazado por los lagos artificiales y por las calles de Bagdad , recorrió las mezquitas y regaló monedas, babuchas, turbantes y camellos… Se convirtió en vendedor de higos, en médico que curaba maleficios y en ciego que pedía limosnas en la plaza del mercado…
Pasaron los días y el santo deseo de Fahid no se cumplía, estaba desesperado. Llamó a Ossim, su confidente y amigo, y le dijo:
-Esto no puede continuar así… Busca al falso adivino para que sea ajusticiado. ¡Es un pobre loco!. ¡Moriremos!.

Ossim ordenó su cortejo y recorrieron la ciudad pero no hallaron a aquel hombre misterioso que, quizá, había huido a Nicea o se ocultaba bajo las telas de aprendiz. Cuando Ossim llegó al palacio encontró al rey llorando en medio de un séquito de colaboradores que lo abanicaban todo el tiempo. El intenso calor era agobiante.
-Debes convocar al pueblo ya…, que vengan aquí los que están de viaje, los penitentes de “La Meca” y de las antiguas tiendas, los cuidadores de camellos, los soldados y músicos y los sastres de los sultanes… ¡Todos!.- gritó afiebrado.
Ossim reunió a la gente bajo el sol abrasador; nadie sabía lo que pasaba y qué quería Fahid para llamarlos de esa forma. Se quedaron mudos de asombro al ver al monarca flaco y avejentado cuando se asomó en lo alto de la torre.
-¡Deténgase en ese lugar, no deben moverse, es orden de la autoridad. Deben esperar, como yo, el milagro!

La multitud reunida, atónita y descompuesta por el calor y la falta de alimentos, pasó el día en su sitio cumpliendo el reglamento estricto. Era sábado y faltaban dos jornadas más.
Por la noche, una tormenta se desató sobre la ciudad de Bagdad e inundó los rincones del reino, las calles estrechas y los comercios, mientras las personas continuaban en pie. Estaban con el agua a la cintura, las piernas rígidas, mojados hasta los huesos y desmayados por el hambre.
El rey salió al balcón de la cúpula y les dijo:
-Deben continuar presentes, amigos míos, fieles custodios. ¡Alabado sea el profeta!. El lunes, día de oraciones, se reza en Bagdad, hay que esperar hasta mañana.

Los habitantes, que ya no aguantaban más, fueron traídos hasta el palacio para orar por la lluvia, pero aquella cajita mágica con el polvillo maloliente se adelantó premiando a todo el reino.
Fahid estaba feliz pero no dejaba que aquellos hombres y mujeres de Bagdad regresaran a sus casas.



Sobre una cama, colgado de una pared de piedra y junto con las telas de seda de sus vestiduras de ceremonias, había un pensamiento que decía:

“Cuando haya necesidad de lluvia en el país, y conforme a la tradición del profeta Mahoma, los ciudadanos deberán rezar, el día lunes, e implorar que la tormenta se presente para bendecir los cuerpos y las almas.”

Cuento de Luján Fraix

martes, 25 de agosto de 2015

Mi banquito de madera





Qué terrible y angustiante era para mí
olvidarme mi antiguo
banquito de madera blanco,
que me había hecho mi padre,
 a la intemperie.

Me levantaba a las 12 de la noche o más...
para entrarlo a la casa.
Siempre tuve mucho apego
por las cosas,
una especie de amor
por ellas
como si esos objetos tuvieran vida.

Todavía conservo aquel banquito pequeño,
ahora descansa
de mis atropellos en un rincón 
con una funda crochet color rosa y un pompón.


Luján Fraix



sábado, 22 de agosto de 2015

Catalina Estrada








SI...



Si los elefantes luchan, sufre la hierba.
Si estás mirando las estrellas, no te olvides de sentir
el suelo que te sostiene.
Si los frutos son bien dulces,
el árbol es el más viejo.
Si se abre la boca sin pensar,
nada más hermoso que el silencio.
Si una canción es muy exquisita,
poca gente puede participar en el coro.
Si no se entiende una mirada,
tampoco se entiende una explicación.
Si se escucha a ambas partes,
el problema se aclara.
Si estás subido a un tigre furioso,
será difícil bajar.
Si el que manda es justo,
todos obedecen contentos.

Si alguien es feliz,
ni el brillo de un rubí emana tanta belleza.

Anónimo



lunes, 17 de agosto de 2015

Comparte tu vida




"El camino puede ser siempre el mismo,
lo que lo hace especial
es como lo transitas
y con quien lo compartes."

***

domingo, 16 de agosto de 2015

¿Qué es un niño?





Los niños vienen en tamaños, pesos y colores surtidos. Se los encuentra dondequiera: encima, debajo, dentro, trepando, colgando, corriendo, saltando.
Las mamás los adoran; las niñas los odian y los hermanos mayores los toleran; los adultos los desconocen y el cielo los protege.

Un niño es la Verdad con la cara sucia; la Sabiduría con pelo desgreñado; la Esperanza del futuro con una rana en el bolsillo.

Un niño tiene el apetito de un caballo; la digestión de un tragaespadas; la energía de una bomba atómica; la curiosidad de un gato; los pulmones de un dictador; la imaginación de Julio Verne; la timidez de una violeta; la audacia de un trampa de acero y el entusiasmo de un triquitraque.

Le encantan los dulces, las navajas, las sierras, la Navidad, los libros con láminas, las lecciones de música, y las muchachas.

Un niño es una criatura mágica. Usted puede cerrarle con llave la puerta del cuarto donde guarda sus herramientas, pero no puede echarlo de su mente. Él es su carcelero, su jefe, su amo...



Alan Beck


viernes, 14 de agosto de 2015

Como reinas del Nilo




La bruja Maruja se paseaba por el torreón con hollín y humedad; no sabía si ardía o ya estaba quemado. Sus hermanas cosían un sombrero de alas anchas con un cordoncillo de seda vegetal y reían, como brujas que eran, en medio de la alegría propia de sus malos pensamientos. Algunas otras envolvían pañuelos con esencias de jazmines, violetas y leche para mantener la piel blanca.

Maruja estaba vieja y se la veía muy fea con su lunar de espinas en esa cara seca como piel de lija.
Afuera, entre los arbustos, laureles y habas, volaban los caballitos del diablo con sus alas transparentes en busca de dulces para saciar sus cuerpecitos delgados, mientras una lechuza de plumaje muy suave, pico corto y encorvado y ojos brillantes, observaba los movimientos sobre el tronco. Atrás, a unos pasos, unos veinte búhos más esperaban alguna presa porque era la hora del almuerzo.
Maruja miró por la ventanita y vio que los campesinos del lugar se habían llevado las vacas. Se puso furiosa y comenzó a gritar…; luego se fue hacia los establos de los vecinos y revolvió los colchones de paja donde el ganado solía dormir.

Más tarde, recorrió los campos en su escobilla con una cuerda en las manos que servía para cazar conejos y perdices, pero, en definitiva, nada le importaba porque su alimento preferido no estaba a su alcance. No había burras ni cabras ni vacas…
Las hermanas se peleaban por las pulseras de Turmalina negra que tenían guardadas en un jarro fenicio de la abuela Tripatina. Eran regalos que Maruja recibió el día de su nacimiento y que ahora su familia, cumplida una edad determinada, podía lucir en un acontecimiento significativo.


A Maruja no le importaba que se llevaran sus joyas pues para ella y seguramente para todas sus hermanas lo valioso era el alimento diario. Las ollas de la cocina estaban vacías y con olor a una mezcla rara de leche, miel y huevos crudos.
El espejo le devolvió a Maruja la imagen del dolor porque le mostró su acostumbrado rostro de pergamino con un mechón de pelo colgante como los que tienen las cabras en la mandíbula inferior.
-¡No… es el embrujo, la falta de líquido…!- gritó.
Corrió a buscar una cuchilla e iba a darse un tajo en medio de la mejilla cuando escuchó la voz de la abuela Tripatina:
-No manches tu fama, deja que el hechizo pase, pero debes ser rápida para encontrar el néctar sino llevarás esa barba por el resto de tu vida. Recuerda que el abuelo Hipócrito la bebía con hidromiel: bebida hecha a base de miel y agua de lluvia que dejaba fermentar.

Maruja tapó su cara con un velo; se colocó un casco de escamas córneas y se fue a comunicarle a sus hermanas le decisión que había tomado. Rápidamente, todas se olvidaron de la fiesta de duquesas y tomaron sus escobillas para ir detrás de la manada.
Desde las alturas, emitían voces tristes y prolongadas: eran sus aullidos de reinas. Aquellos ángeles arrojados al abismo las habían abandonado y ahora morirían de sed en algún prado desierto.

De repente, Diatomea, una de las más jóvenes, avisó que entre los durazneros, detrás de la casa de Druppi el campesino más egoísta, estaban los durmientes…
Las ninfas de los bosques se preocuparon, pero no alcanzaron a avisar al dueño porque las brujitas descendieron como insectos zumbadores. La abeja machiega, hembra de los zánganos, les ordenó que se sirvieran su comida y de inmediato ella lo hizo para borrar las huellas del hechizo.



De nada le sirvieron a Druppi sus conjuros y amuletos.
Las brujas, como único requisito que debían cumplir, tomaron la leche directamente desde las vacas que estaban descansando.
Los animales no las vieron y jamás se dieron cuenta de…

Cuento de Luján Fraix


La inocencia






Las sombras
traen vestigios de almas
que buscan su mensaje:
es el tiempo
que llega en un caballo blanco
para desbaratar
engaños y misterios,
es la noche
que se vuelve día
con la inocencia.

Luján Fraix


domingo, 9 de agosto de 2015

"El libro de las mentiras", de Aníbal Litvin




Para Aníbal Litvin, periodista, guionista, productor y humorista, desde chicos nos cuentan muchas cosas que no son ciertas: son leyendas históricas, supuestos que se fueron transformando con el paso del tiempo y que están lejísimo de lo que ocurre en la realidad.

Algunos de los mitos que aquí destierra Litvin: el universo no es de color negro, la miga de pan no engorda más que su corteza...

Pero hay mucho más: ideal para divertirse en familia, descubriendo las verdades sobre las mentiras.

"Milo está?", de Milo Lockett





Este libro invita a los chicos a dibujar, pensar, pintar, descubrir y jugar con Milo Lockett. Basado en la obra del genial artista plástico, se pueden encontrar más de cien propuestas lúdicas que ayudan a construir un espacio creativo que impulsa y promueve a la imaginación a partir de un error, una consigna o una idea disparadora. 

Así el chaqueño (argentino)  invita a los niños a que se animen a afrontar diversas aventuras, como pintar con la mano que no utilizan, o hacerlo hasta con la boca y los pies.

jueves, 6 de agosto de 2015

El niño que no entendía...





En la escuela había un compañero
 que tenía la fea costumbre de insultar
 a los peatones.

Un día, al salir de clase, encontramos a un anciano que se apoyaba en dos palos, cuando Juan lo vio empezó a tirarle piedritas y a hacerle burla. El pobre hombre lo llamó y lo reprendió diciéndole:

-No debes reírte de los viejos, Dios te mira...

El insolente niño no hizo caso del aviso y al verse libre lo maltrató otra vez. Luego pasó un viajero, el extranjero lo retó y él salió corriendo para no ser castigado. Cuando escapaba tropezó con un ladrillo que había en la vereda, se cayó y se fracturó un brazo.

Juan pasó muchos días encerrado en su casa sin poder jugar y divertirse, eso lo ayudó a reflexionar. Había cometido una enorme falta: insultar a un anciano, una persona frágil que podría ser como su abuelo.

Desde aquel momento, Juan nunca más volvió a reírse de nadie.

Este breve cuento infantil lo escribió mi tío-abuelo José Fraix en el año 1907. Tendría 8 años aproximadamente.


lunes, 3 de agosto de 2015

Los niños son...






Los niños son...
pequeños soles
envueltos en papel plateado
con caras redondas
cubiertas de helado...
Tienen ojos de cielo,
grandes sonrisas,
e inventan juegos
en la suave brisa.

Los niños son magos
que guardan en el cajón
sus sueños hermosos
y hasta el gato dormilón.

Luján Fraix


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