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martes, 10 de febrero de 2015

Pepe, el gran nadador



El lunes nadie trabajó en la laguna porque cuando Grillito iba a iniciar su canto, o Tomasita, la rana, sus saltos o Perrito Lanudo su vigilancia, oyeron que alguien cantaba con hermosísima voz:

-¡Arroz con dulce yo quiero comer con una cucharita y un alfiler!
-Nunca he oído cantar tan bien. Lorito Paparrica es maravilloso-aplaudió Pepe el patito.

El martes nadie trabajó en la laguna, porque cuando Prudencio Ternerito iba a limpiar su casa o Alfredita, la oveja, su cocina o Tina la gallina sus pollitos, vieron  a Luciano, el conejo, que paseaba orgullosamente.

-Debe ser estupendo actuar de ayudante de mago como Luciano, el conejo-dijo Pepe- ¡Y además, duerme todas las tardes la siesta en una galera!-suspiró el patito.

El miércoles nadie trabajó en la laguna, porque cuando Mariela, la perdiz, estaba dispuesta a fabricar su nidito o Eloy, el cerdo, a agrandar su pozo de agua o Federico, el ratoncito, a instalar una fábrica de queso, pasó Céfiro, el potrillito, chacachac, al galope.

-¡Qué suerte tiene Céfiro!¡Corre mejor que el viento!- lo admiró Pepe, el patito.

El jueves Pepe estaba muy triste, muy triste.
-No tengo ganas de ir al mercado de compras con mi canasta de mimbre-dijo.
-¿Qué te sucede, patito?-preguntó en ese instante Rubita, la muñeca rubia.
-Pues, yo no sé cantar como Paparrica, no ayudar a un mago como Luciano, no correr como Céfiro... No sé hacer nada-comenzó a explicar Pepe.

Pero Rubita, mientras hablaba su amigo, vio pasar a Dorotea, la mariposa. Dio un salto para alcanzarla, luego otro... y...
-¡Socorroooo!¡Me caí al aguaaaaaa!-gritó Rubita, desde la laguna.
-¡Socorroooo!¡Se cayó al aguaaaa!¡Sálvenla!-gritaron todos.

Pepe de una zambullida, llegó hasta Rubita que estaba verdaderamente asustada.
-Espera, yo te ayudaré... Tómate de esta canasta-explicó Pepe alcanzándosela.
Rubita ya había tragado bastante agua pero, animada por el patito, se trepó a la canasta. Un aplauso y un montón de ¡Vivas! premió la hazaña de Pepe que con gran facilidad pudo arrimarse hasta la orilla.

-¡Viva Pepe, el mejor nadador de la laguna!-exclamaron los animalitos.
Rubita se secó con una toalla, se hizo de nuevo los rulitos, dejó el miedo por ahí y regresó de inmediato.
-Pues acá tienes un gorrito para ti y un par de anteojos negros... y muchos besos-dijo la muñequita abrazando a su amigo.-¡Serás un pato importantísimo!.

Ahora Pepe era tan famoso como el más famoso de los habitantes del lugar.
A la mañana siguiente tampoco se trabajó... La verdad es que nunca se trabaja en la laguna porque todos tenían que cantar:

-¡Arroz con agua
ya puede llover,
tenemos un paraguas
y un cascabel!

¿Lo cantamos también?.

Cuento de Inés (1962)


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