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miércoles, 24 de septiembre de 2014

La princesa de la lluvia



En casa de Elisenda se habían juntado hoy nueve niños en total: ella y sus tres hermanos y dos vecinas y los hijos de dos parejas de amigos de sus padres. Unos tenían una hija y los otros, un niño y una niña.
Se habían reunido porque tenían pensado ¡r a buscar setas, pero el mal tiempo les había fastidiado el plan.

Al principio se disgustaron y estaban desanimados, pero uno de los amigos de los padres de Elisenda dijo de pronto:
-¡Ya sé qué haremos! ¡Como somos muchos, podemos hacer una obra de teatro!
-¿Una obra de teatro? -preguntó el grupo extrañado. 
-¡Nosotras no somos actrices! -dijo una de las vecinas que se llamaba Anita. 
-¡Y no tenemos papeles, no sabremos qué tenemos que decir! -Se quejó otra. 
-¡Veamos! -les interrumpió el amigo de los padres que tuvo la idea.
Vosotras queréis ser estrellas de teatro, ¿sí o no?
-¡Sííí! -gritaron entusiasmadas casi todas.
-¡Entonces eso está hecho! -Vamos a ver quién puede ser cada una... 
-Yo quiero ser la princesa de la obra -se adelantó Anita.
 -¡No! Soy yo la princesa -dijo su hermana.
-¿Y por qué yo no? ¡Yo también quiero ser princesa! -reclamó Elisenda.

Y así una por una, las cinco niñas que había en total, dijeron que querían ser la princesa del cuento. 
-¿Ah sí? ¿Todas queréis ser princesas? Entonces de acuerdo, ¡todas lo seréis! ¡Haremos una historia con cinco princesas!
 Las niñas se miraron entre ellas, porque ahora sí que no entendían nada. ¿Cómo podría ser que en una misma obra hubiera cinco princesas?
Antes de que empezaran a pedir explicaciones, el director dijo: 

-La historia transcurrirá en un pueblo donde hay cinco princesas que seréis vosotras. Pero no todas podréis hacer de princesas cada día y lo haréis por turnos, según el tiempo... 

Una será la princesa de los días soleados, otra la de los días nublados, otra la de los días con niebla, otra la de los días que nieva y otra la de los días de lluvia como hoy. ¿Qué os parece?


Las niñas se miraron, arrugaron la nariz y dijeron casi al mismo tiempo:

-¡Yo quiero ser la princesa de la lluvia!

Los niños rieron a carcajadas. 
-¡Así no acabaremos nunca! -dijo el hermano mayor de Elisenda. 
-¡Entonces la princesa de la lluvia se lo tendrá que ganar! -Decidió entonces director de la compañía de teatro.

-Haremos un concurso donde cada una de vosotras tendrá que demostrarnos que ella es la princesa de la lluvia. Los cuatro niños y yo seremos el jurado y votaremos a quien se lo merezca.


¡Tenéis cinco minutos para pensaros cómo lo haréis!
Las cinco niñas se quedaron dudando sin saber qué decir ni qué hacer, y al cabo de un momento empezaron a quejarse porque aquello les parecía muy difícil y no sabían cómo se podría demostrar eso de ser la princesa de la lluvia...

Todas se quejaban menos Elisenda que en lugar de protestar decidió ir a preguntarle a la lluvia que podía hacer.


Bajo el porche de su casa contempló la lluvia durante unos minutos. De pronto entró corriendo, toda emocionada y dijo:

-¡Ya sé cómo es la princesa de la lluvia! ¿Puedo empezar yo? Como las otras seguían quejándose, Elisenda cogió una sábana y se subió a una especie de escenario que había hecho el director con unos baúles grandes de madera que había encontrado en la habitación.


Elisenda se arrodilló, se sentó sobre sus pies, se echó hacia delante como si fuera una piedra y se cubrió con la sábana.

Entonces, desde abajo, empezó a hacer el sonido de la lluvia... Primero caía poquita: Elisenda picaba con un dedo de la mano sobre la palma de la otra. Después un poco más fuerte: Elisenda picaba ya con dos dedos y parecía que llovía más. Ahora un poco más: ya eran tres dedos...y así hasta llegar a picar con los cinco dedos a la vez, ¡que sonaba casi como el chaparrón que estaba cayendo en esos momentos!


Entonces se levantó y se envolvió la sábana sobre la cabeza como si fuera un larguísimo velo. Al ver que todos se habían quedado embobados, saludó como si fuera una gran actriz de teatro.
¡Y así consiguió que todos aplaudieran a la nueva princesa de la lluvia que se había inventado!


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