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martes, 30 de septiembre de 2014

Posdata




¿Descubriré el sonido
de la luz
si arropo bien mis manos
y los pies
con un manojito de violetas?

Ketty Lis



miércoles, 24 de septiembre de 2014

La princesa de la lluvia



En casa de Elisenda se habían juntado hoy nueve niños en total: ella y sus tres hermanos y dos vecinas y los hijos de dos parejas de amigos de sus padres. Unos tenían una hija y los otros, un niño y una niña.
Se habían reunido porque tenían pensado ¡r a buscar setas, pero el mal tiempo les había fastidiado el plan.

Al principio se disgustaron y estaban desanimados, pero uno de los amigos de los padres de Elisenda dijo de pronto:
-¡Ya sé qué haremos! ¡Como somos muchos, podemos hacer una obra de teatro!
-¿Una obra de teatro? -preguntó el grupo extrañado. 
-¡Nosotras no somos actrices! -dijo una de las vecinas que se llamaba Anita. 
-¡Y no tenemos papeles, no sabremos qué tenemos que decir! -Se quejó otra. 
-¡Veamos! -les interrumpió el amigo de los padres que tuvo la idea.
Vosotras queréis ser estrellas de teatro, ¿sí o no?
-¡Sííí! -gritaron entusiasmadas casi todas.
-¡Entonces eso está hecho! -Vamos a ver quién puede ser cada una... 
-Yo quiero ser la princesa de la obra -se adelantó Anita.
 -¡No! Soy yo la princesa -dijo su hermana.
-¿Y por qué yo no? ¡Yo también quiero ser princesa! -reclamó Elisenda.

Y así una por una, las cinco niñas que había en total, dijeron que querían ser la princesa del cuento. 
-¿Ah sí? ¿Todas queréis ser princesas? Entonces de acuerdo, ¡todas lo seréis! ¡Haremos una historia con cinco princesas!
 Las niñas se miraron entre ellas, porque ahora sí que no entendían nada. ¿Cómo podría ser que en una misma obra hubiera cinco princesas?
Antes de que empezaran a pedir explicaciones, el director dijo: 

-La historia transcurrirá en un pueblo donde hay cinco princesas que seréis vosotras. Pero no todas podréis hacer de princesas cada día y lo haréis por turnos, según el tiempo... 

Una será la princesa de los días soleados, otra la de los días nublados, otra la de los días con niebla, otra la de los días que nieva y otra la de los días de lluvia como hoy. ¿Qué os parece?


Las niñas se miraron, arrugaron la nariz y dijeron casi al mismo tiempo:

-¡Yo quiero ser la princesa de la lluvia!

Los niños rieron a carcajadas. 
-¡Así no acabaremos nunca! -dijo el hermano mayor de Elisenda. 
-¡Entonces la princesa de la lluvia se lo tendrá que ganar! -Decidió entonces director de la compañía de teatro.

-Haremos un concurso donde cada una de vosotras tendrá que demostrarnos que ella es la princesa de la lluvia. Los cuatro niños y yo seremos el jurado y votaremos a quien se lo merezca.


¡Tenéis cinco minutos para pensaros cómo lo haréis!
Las cinco niñas se quedaron dudando sin saber qué decir ni qué hacer, y al cabo de un momento empezaron a quejarse porque aquello les parecía muy difícil y no sabían cómo se podría demostrar eso de ser la princesa de la lluvia...

Todas se quejaban menos Elisenda que en lugar de protestar decidió ir a preguntarle a la lluvia que podía hacer.


Bajo el porche de su casa contempló la lluvia durante unos minutos. De pronto entró corriendo, toda emocionada y dijo:

-¡Ya sé cómo es la princesa de la lluvia! ¿Puedo empezar yo? Como las otras seguían quejándose, Elisenda cogió una sábana y se subió a una especie de escenario que había hecho el director con unos baúles grandes de madera que había encontrado en la habitación.


Elisenda se arrodilló, se sentó sobre sus pies, se echó hacia delante como si fuera una piedra y se cubrió con la sábana.

Entonces, desde abajo, empezó a hacer el sonido de la lluvia... Primero caía poquita: Elisenda picaba con un dedo de la mano sobre la palma de la otra. Después un poco más fuerte: Elisenda picaba ya con dos dedos y parecía que llovía más. Ahora un poco más: ya eran tres dedos...y así hasta llegar a picar con los cinco dedos a la vez, ¡que sonaba casi como el chaparrón que estaba cayendo en esos momentos!


Entonces se levantó y se envolvió la sábana sobre la cabeza como si fuera un larguísimo velo. Al ver que todos se habían quedado embobados, saludó como si fuera una gran actriz de teatro.
¡Y así consiguió que todos aplaudieran a la nueva princesa de la lluvia que se había inventado!


domingo, 21 de septiembre de 2014

De Pablo Neruda...



Feliz primavera y Feliz Otoño queridos amigos!!!
Muchos besos.
Los quiero

Luján 2014


viernes, 19 de septiembre de 2014

Fórmulas de amor




En Turquía tienen una inclinación muy grande por los "lenguajes simbólicos". A una gran variedad de objetos los turcos le dan una significación especial relacionada con el amor:

PERLA
A la más bella de las jóvenes.

CLAVEL
Te amo desde hace largo tiempo.

PERA
Dame alguna esperanza.

PAPEL
Estoy a punto de desvanecerme por amor.

ROSA
Que tus tristezas sean las mías.

CANELA
Mis riquezas son tuyas.

PIMIENTA
Envíame una respuesta.

NARCISO
Ten piedad de mi amor.



martes, 16 de septiembre de 2014

Mañana...




y pasarán los años y los años,
habrá poesía porque existirá la primavera,
el pino irá creciendo...
Se pelearán los hombres y cantará el agua del río.
La brisa golpeará alguna roja mejilla
y perezosa la tortuga se quedará retraída...
Un amigo volverá desde lejos
mientras el heroico soldado
sentirá la Patria
en lo más hondo de su pecho.
Cultivaremos la tierra con denuedo
y la justicia ecuánime
mirará la muerte intempestiva.
Habrá destierro para los insanos
y llorará el arrabal ante el ajetreo
de la ciudad enhiesta.
El enigmático silencio
cabalgará entre las sombras buscando víctimas
y se lamentará el payaso cansado de reír.
Tendremos que enmendar errores
ante la vorágine de los vicios
que aprisionarán las ideas,
pero siempre habrá sonrisas de colores
y lisonjas callejeras.
La magia con almíbar endulzará la angustia
en el claustro de nuestras manías,
y aparecerá ese chiquilín
abrigado con el sol de la inocencia.
Habrá poetas y coplas,
testigos y milagros,
lazos de amor... y melodías.

Luján Fraix



Poema Publicado en la antología
"Alfonsina en Bustinza 1994"
y en "Septiembre" 
de mi autoría.


sábado, 13 de septiembre de 2014

"¿A qué jugabas, abuela?"



Ésta es una pregunta frecuente de todos los niños.
Por eso,
el libro del montevideano Ignacio Martínez,
referente a la literatura infantil y juvenil,
comienza con una escena familiar,
un día de lluvia,
donde la abuela cariñosa accede a contar a sus nietos
las fantásticas historias
que vivió cuando era chica.

Así se van sucediendo cuentos increíbles
que invitan a participar a cualquiera
que los escuche o los lea,
haciendo de cada página un momento
de ensoñación y regocijo.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

El amanecer




El amanecer
es un animalito
que entra sin hacer ruido.
Es tan pequeño
que pasa por debajo de la puerta.

Ak`Abal

domingo, 7 de septiembre de 2014

Las zapatillas rojas


Hace mucho, mucho tiempo, vivía una hermosa niña que se llamaba Karen. Su familia era muy pobre, así que no podía comprarle aquello que ella deseaba por encima de 
zapatillas-rojas31todas las cosas: unas zapatillas de baile de color rojo. Porque lo que más le gustaba a Karen era bailar, cosa que hacía continuamente. A menudo se imaginaba a sí misma como una estrella del baile, recibiendo felicitaciones y admiración de todo el mundo.
Al morir su madre, una atesorada señora acogió a la niña y la cuidó como si fuera hija suya. Cuando llegó el momento de su puesta de largo, la llamó a su presencia:
- Ve y cómprate calzado adecuado para la ocasión – Le dijo su benefactora alargándole el dinero.
Pero Karen, desobedeciendo, y aprovechando que la vieja dama no veía muy bien, encargó a la zapatera un par de zapatos rojos de baile.
El día de la celebración, todo el mundo miraba los zapatos rojos de Karen. Incluso alguien hizo notar a la anciana mujer que no estaba bien visto que una muchachita empleara ese tono en el calzado. La mujer, enfadada con Karen por haber desobedecido, la reprendió allí mismo:
- Eso es coquetería y vanidad, Karen, y ninguna de esas cualidades te ayudará nunca.
Sin embargo, la niña aprovechaba cualquier ocasión para lucirlos.
La pobre señora murió al poco tiempo y se organizó el funeral. Como había sido una persona muy buena, llegó gente de todas partes para celebrar el funeral. Cuando Karen se vestía para acudir, vio los zapatos rojos con su charol brillando en la oscuridad. Sabía que no debía hacerlo, pero, sin pensárselo dos veces, cogió las zapatillas encantadas.the-red-shoes
-¡Estaré mucho más elegante delante de todo el mundo!- se dijo.
Al entrar en la iglesia, un viejo horrible y barbudo se dirigió a ella:
-¡Qué bonitos zapatos rojos de baile! ¿Quieres que te los limpie?- le dijo.
Karen pensó que así los zapatos brillarían más y no hizo caso de lo que la señora siempre le había recomendado sobre el recato en el vestir. El hombre miró fijamente las zapatillas, y con un susurro y un golpe en las suelas les ordenó:
-¡Ajustaos bien cuando bailéis!
Al salir de la iglesia, ¡Cuál sería la sorpresa de Karen al sentir un cosquilleo en los pies! Las zapatillas rojas se pusieron a bailar como poseídas por su propia música. Las gentes del pueblo, extrañadas, vieron como Karen se alejaba bailando por las plazas, los prados y los pastos. Por más que lo intentara, no había forma de soltarse los zapatos: estaban soldados a sus pies, ¡y ya no había manera de saber qué era pie y qué era zapato!
Pasaron los días y Karen seguía bailando y bailando. ¡Estaba tan cansada…! y nunca se había sentido tan sola y triste. Lloraba y lloraba mientras bailaba, pensando en lo tonta y vanidosa que había sido, en lo ingrata que era su actitud hacia la buena señora y la gente del pueblo que la había ayudado tanto.
- ¡No puedo más!- gimió desesperada -¡Tengo que quitarme estos zapatos aunque para ello sea necesario que me corten los pies!
The_Red_Shoes_by_SquidPigKaren se dirigió bailando hacia un pueblo cercano donde vivía un verdugo muy famoso por su pericia con el hacha. Cuando llegó, sin dejar de bailar y con lágrimas en los ojos gritó desde la puerta:
-¡Sal! ¡Sal! No puedo entrar porque estoy bailando.
-¿Es que no sabes quién soy? ¡Yo corto cabezas!, y ahora siento cómo mi hacha se estremece.- dijo el verdugo.
-¡No me cortes la cabeza -dijo Karen-, porque entonces no podré arrepentirme de mi vanidad! Pero por favor, córtame los pies con los zapatos rojos para que pueda dejar de bailar. Pero cuando la puerta se abrió, la sorpresa de Karen fue mayúscula. El terrible verdugo no era otro que el mendigo limpiabotas que había encantado sus zapatillas rojas.
-¡Qué bonitos zapatos rojos de baile!- exclamó -¡Seguro que se ajustan muy bien al bailar!- dijo guiñando un ojo a la pobre Karen
-Déjame verlos más de cerca….
Pero nada más tocar el mendigo los zapatos con sus dedos esqueléticos, las zapatillas rojas se detuvieron y Karen dejó de bailar. Aprendió la lección, las guardó en una urna de cristal y no pasó un solo día en el que no agradeciera que ya no tuviera que seguir bailando dentro de sus zapatillas rojas.
Andersen

El cisne orgulloso



En un precioso bosque, había un gran lago;dentro, y a su alrededor, vivían gran cantidad de animales de todo tipo. Entre todos ellos se destacaba un cisne blanco con unas plumas largas y brillantes, dotado de una belleza sin igual que era considerado como el cisne más bello del mundo. Era tan bonito que había ganado todos los concursos de belleza a los que se había presentado, y eso hacía que cada vez se paseara más y más orgulloso, despreciando a todos los demás animales e incluso se negaba a hablar con ellos pues no estaba dispuesto a que lo viesen con animales que para el eran tan feos y desagradables. Era tal el grado de vanidad que tenía que los animales estaban hartos de él y un día un pequeño puercoespín decidió a darle una buena lección.

Fue a ver al cisne y delante de todos le dijo que no era tan bello, que si ganaba todos los concursos era porque los jurados estaban influenciados por su fama y que todos sabían que él un pequeño puercoespín era más bello. Entonces el cisne se enfureció, y entre risas y desprecios le dijo “pero qué tonterías estas diciendo, yo a ti te gano un concurso con el jurado que quieras”. " Acepto, nos vemos el sábado", respondió el puercoespín, y dando media vuelta se alejó muy orgulloso, sin dar tiempo al cisne a decir nada más.

Ese sábado fue todo un acontecimiento en el bosque y todos fueron a ver el concurso, el cisne se bañó en el lago con cuidado y cuando se secó sus plumas  relucían como el mismísimo sol. El cisne marchaba confiado y terriblemente altivo, hasta que vio quiénes formaban el jurado: comadrejas, hamsters, ratones y un tejón. Rápidamente entendió que la belleza depende de quien la mira y que ese feo puercoespín para los animales que formaban el jurado era muy bello pues era parecido a ellos, y que él con toda su majestuosidad no les resultaba mínimamente atractivo, por lo que el puercoespín ganó el concurso claramente dejando al cisne lloroso y humillado pero aprendió una lección que no olvidaría, y a partir de ese momento fue amable con todos los animales, hablando con ellos y ayudándoles en lo que podía.

Con todo esto el cisne y el puercoespín se hicieron grandes amigos y era frecuente verlos pasear o riendo sentados en la orilla del lago.

 Un día los animales se reunieron y le dijeron al cine que había ganado un nuevo concurso, uno que le hizo más feliz y del que estuvo más orgulloso, que de todos los demás que había ganado antes:el premio a la humildad.


La humildad es una virtud que te llenará de amigos.
No hay que vanagloriarse
porque eso lleva a la soledad.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Alma naif



Obras de Dusanka Petrovich







"El mundo es un espejo 
y devuelve a cada uno el reflejo
de su propio rostro"

Paulo Coelho


martes, 2 de septiembre de 2014

La llave



 Erika Yamashiro


Dormido cerré la puerta.
Al despertar quise abrirla,
pero recordé que había olvidado la llave
en el sueño.

Gabriel Keilis


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