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jueves, 20 de marzo de 2014

El libro tirado




Un día un hombre tiró un libro sobre la cama y se fue. Ante la tremenda sacudida  las letras se cayeron al suelo, al cubrecamas y a la almohada también. Algunas de ellas se quebraron, otras se partieron por la mitad, y otras sufrieron grandes desgarros de tinta y fracturas de formas.

Un "i" minúscula buscó desesperada por mucho tiempo el puntito que se le había perdido en ese enorme golpe. 

La "q" por ejemplo, al perder la patita que definía la consonante que era, tuvo que empezar a comunicarse diciendo "o" porque después de la caída se pareció más a una "o" que a una "q". Los acentos andaban por todas partes saltando como locos buscando subirse a las letras, pero tenían la gran confusión puesto que por más que se subieran a ellas no servirían sino en las palabras completas. Uno se equivocó tanto que se subió a una "h" y la "h" que nunca hablaba se enojó de tal manera que dijo:

-"¡h!,¡h!"- y lo echó.


Mientras tanto los punto y seguido miraban desconcertados porque nada seguía, estaba todo muy separado después de una gran caída y los punto y aparte quedaron tan pero tan apartados que hasta algunos se murieron de soledad...

Poco a poco las letras que quedaban, como cada una por su parte no podía hacer nada, decidieron ir reuniéndose. Había que armar otras palabras para que los chicos pudieran ver en un libro juegos nuevos, para decirles qué pasa cuando un libro se tira, para contarles que un hombre al tirar un libro mata un montón de letras y otro montón quedan lastimadas, y que si se hace eso las letras no pueden formar palabras que nos cuenten cosas y nos hagan jugar en una hermosa mañana de sol.

Cuento de Rubén Di Biaggio


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