Entradas populares

miércoles, 28 de marzo de 2012

Una de Piratas



El pirata Sinbarba no duerme a la noche
por miedo a los fantasmas.
Y a la mañana,
está tan dormido que no sirve para nada.
Lo destierran por mal pirata
y encuentra la solución a su problema 
en una isla desierta,
donde un búho
que vela su sueño,
vigila la llegada de los fantasmas por la noche.

Esta obra,
por medio de este personaje tan humano
y poco convencional,
plantea a los más pequeños
algunas de sus preocupaciones y problemas.
El miedo y la soledad.

Del libro
"Sinbarba y los fantasmas"
de Ricardo Alcántara.

lunes, 26 de marzo de 2012

El niño en el mundo



El niño estuvo y estará siempre...
El niño estará en la choza, en el palacio,
en el iglú, en el rancho,
en el valle, en la montaña, en la calle, en la casa,
en la iglesia, en el orfanato... y hasta en el cielo.
El niño estará a pesar del aborto, de la pobreza,
de la desnutrición, de la droga,
de la violencia, de las guerras...
Si tú no quieres oírlo, él gritará más fuerte.
Si tú no lo aceptas, él te perseguirá con la mirada.
Si tú no lo criticas, él se rebelará.
Cuando penetres en su mundo, ya no podrás salir.
Él puede convertirse en tu amo, en tu juez, en tu maestro,
en tu rey, y hasta en tu Dios.
No lo subestimes nunca: él te escucha siempre,
aunque creas que no te presta atención.
Él imita tus gestos, tus palabras.
Él ama u odia como tú lo haces.
En un segundo puede transformarse de ángel a demonio.
Sí, es verdad, no es fácil manejarlo, entenderlo o corregirlo...
Pero tú no olvides que tienes un arma poderosa
en las manos, y es seguro que él sucumbirá ante ella
tu arma... es tu amor.

Ada García


Quisiera pintar una sonrisa en la cara de todos los niños del mundo,
para que desaparezca la violencia,
la desnutrición,
la pobreza,
y la eterna violación de los Derechos del Niño.

A.García.

viernes, 23 de marzo de 2012

Ruego del Libro


(fragmento)

He aquí, niña mía,
que me han hecho tu amigo;
he aquí que cada día
conversarás conmigo.

Ponme ropa oscura,
la ropa de labor;
trátame con dulzura
cual si fuera una flor.

No me eches manchas
sobre la nieve del semblante;
ni pienses que recobre
su lámina brillante.

Gozarás, cuando veas
qué hermoso me conservo.
Sufrirás, si me afeas,
del daño de tu siervo.

Mis hojitas nevadas
piden sólo un favor;
de tus manos rosadas
un poquito de amor.

Gabriela Mistral.



Recuerdo que mi primer libro
me lo regalaron a los tres años
y se llamó
"El gallito Crestita".

lunes, 19 de marzo de 2012

Del amor, a la vida



En el sueño, o tal vez en la vigilia, he visto o he creído ver al duende del amor. Cautelosamente vino hacia mí y con su inconfundible voz (alegre y melancólica a la vez) me habló así:

"Soy el amor. El amado amor.
Soy quien hiere, quien lacera el corazón.
Yo soy el que cautiva,
el que hechiza,
el que somete.
El que sin concesiones
de todo se apodera.
Yo soy la fuente,
desde mi fluye un caudaloso río
de incontenible fervor.
Cuando me hayas visto
y mi voz haya penetrado en tu entendimiento
y en tu corazón,
el mundo se hará para ti
súbitamente más bello
y oirás el canto de las aguas cristalinas,
verás los colores mágicos del cielo 
y percibirás maravillado
la increíble variedad de fantasía
que late escondida en los rincones,
en las huertas,
en una esquina cualquiera,
o en el preciado silencio de alguna tarde.
Cuando mis flechas lleguen a ti
mirarás atento como un centinela
y verás el amor."

Después de decirme esto se marchó velozmente.

Una tenue lluvia comenzó a caer sobre la tierra y antes de lo previsto mis ojos me avisaron que el amor estaba ahí, muy cerca, casi pegado al corazón de la humanidad.

Gerardo Theyler

viernes, 16 de marzo de 2012

El Zorzal



Con su pechera rosada
y su levita marrón;
con ese cuerpo robusto
y ese aire de gran señor,
nadie lo imaginaría
tan delicado cantor.
Muere el sol y junto al río,
da sus silbos el zorzal;
la tarde que se marchaba
se volvió para escuchar;
el agua que iba corriendo,
se detuvo hecha un crisal;
el aire quedó en suspenso;
la brisa, sin respirar;
abrió una boca tamaña
la luna sobre el sauzal,
y con lágrimas de estrellas
el cielo rompió a llorar...

Anochece... Junto al río,
sigue cantando el zorzal.

Juan Burghi 


sábado, 10 de marzo de 2012

Warwick Goble





Warwick Goble (1862-1943) fue un ilustrador Victoriano de libros para niños. Recibió educación y preparación en el Escuela de Londres y en la Escuela de arte de Westminster. Se especializó en cuentos de hadas, y escenas exóticas de Japón, India y Arabia. Ilustró La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, que fue una de sus primeras ilustraciones publicadas, pronto sería seguido por una serie para el Libro de Baal. También proveyó ilustraciones para revistas como Pearson's Magazine ilustrando uno de los primeros números historias ciencia ficción, incluyendo varios de Frederick Merrick White. Durante las primeras décadas del siglo XX, Goble adquirió considerable éxito con el trabajo encomendado, a color y monótono, para los libros ilustrados.







Estas ilustraciones son maravillosas
y nos llevan a un paraíso soñado
en el que todo es posible.


lunes, 5 de marzo de 2012

La abuela



Berthe Morisot


En los largos días en que la niña navegó en su cuna alba,
la abuela rezaba.
Su cara tenía el color de las fotos antiguas,
el gris opaco y el polvo del tiempo a sus pies.
En su andar recorría cajones, vitrinas, roperos,
destejía abrigos en la soledad
contando las horas de llanto y de sueño...
Sus ojos se empañaban, temía el adiós.

Su cara tenía el alma dibujada,
el gris opaco, el camino de los años,
un rosario de nácar
y muchas sombras vividas...

Luján 1997

jueves, 1 de marzo de 2012

La otra vida




La otra vida es de aquella niña,
que creció entre violetas y florecillas.
La otra vida es de aquella niña,
que caminó entre los cardos azulados
acariciando plumerillos de algodón.

La otra vida es de aquella niña,
que conversaba por las noches con la luna,
imaginando hombrecillos de misterio.
La otra vida es de aquella niña,
que jugaba entre los surcos dorados
acariciando los frutos de la tierra.

La otra vida es de aquella niña,
que nunca dejó el silencio del atardecer,
ni olvidó el perfume de las azucenas
en primavera.

La otra vida es de aquella mujer,
que viven en esa niña tierna
remontando barriletes en invierno,
y abrazando los frutos de los ciruelos
trepada de sus ramas en verano,
imaginando que desde allí
las estrellas estarán más cerca.

La otra vida es de aquella mujer,
de la otra,
de la vive en esa niña tierna,
de la que añora aquellos atardeceres
con aroma a florecitas de durazno,
iluminados con los destellos de su otra vida...

DE SU INFANCIA.

Gabriela Bozikovich



Translate

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Fondos para tu blog

Plumrose Lane